El cine más allá del cine
Archipiélago Reportera cultural egresada de la ENEP Aragón. Colaboradora en Canal Once desde 2001, así como de Horizonte 107.9, revista Mujeres/Publimetro, México.com, Ibero 90.9 y Cinegarage, entre otros. Durante este tiempo se ha dedicado a contar esas historias que encuentra a su andar. Twitter: @campechita
El cine más allá del cine
Foto: Julian Bossert / Unsplash.

“El cine es una cinta de sueños”, Orson Welles

Hace años ir al cine era una aventura en vivo y a todo color, el primer paso era comprar la revista Tiempo libre (no había muchas opciones para enterarse de horarios y sitios) una vez que se localizaba la película de esa semana, no estaba de más checar si alguna de las funciones eran de permanencia voluntaria. Ya con esos datos, tocaba organizarse con la familia para distribuirse los sándwiches, tortas, refrescos y botana, llegado el día tomar la combi, irse en metro o en el mejor de los casos en vehículo propio.

Les hablo de ese tiempo en el que las salas de cine eran enormes, estaba el Palacio Chino, Real Cinema, Cine Maya, La Casa de Disney y el Linterna Mágica.

¡Ay!, los fines de semana las salas se convertían en parques de diversiones. Por una parte se llenaba de niñas y niños emocionados, muchos no contábamos con el peso necesario para permanecer en las butacas, digo esto porque eran muy pesadas y tenían un resorte súper potente, es más una vez, con apenas dos años, por ponerme a bailar al ritmo de “Fiebre de sábado por la noche”, el asiento me lanzó varias filas adelante y terminé con el labio inferior roto, eso era parte de la diversión. También estaban las rampas debajo de la pantalla, las cuales se transformaban en resbaladillas durante el intermedio.

Al salir del cine, los papás, tías y abuelos, eran bombardeados por los gritos de la chiquillada que exaltada corríamos con los vendedores de burbujas de jabón en su frasco de gerber, la varita mágica o el algodón de azúcar, pienso en mis padres que con cuatro hijas debieron estirar sus quincenas para comprarnos alguno de esos “souvenirs”, los cuales, la mayoría de las veces, no sobrevivían el camino de regreso a casa.

No te pierdas:El efecto del desamor

Todo esto vino a mi mente al asistir a la reinauguración del Cine Linterna Mágica en San Jerónimo, justo en la Unidad Independencia, recinto que prendió su proyector en 1960 durante la gestión del presidente Adolfo López Mateos, dicen que fue un evento de bombo y platillo al que, por cierto, asistió John F. Kennedy. 

Lugar icónico para las y los vecinos, que curiosos se acercaron a la reinauguración y me contaban sus propias experiencias. Hubo quien me dijo fue como guardería, ya que al salir de la escuela se dirigían al cine caminando y salían ya entrada la tarde o bien, cuando sus mamás los iban a buscar, una época antes de los grandes complejos cinematográficos en la que el Linterna Mágica fue la única opción para quienes vivían por la zona, además de que los precios eran accesibles para la gran mayoría.

Volviendo al presente, durante la ceremonia, el titular del Instituto Mexicano del Seguro Social, Zoé Robledo, mencionó que dicho cine era parte medular de la convivencia de la demarcación y tristemente por falta de interés se había dejado caer en desgracia, ahora, después del remozamiento, será más que un cine ya que cuenta con librería, cafetería y espacio para diversos talleres, además de sus dos salas de exhibición. 

En su primera tanda de funciones se exhibirán cintas que formaron parte de la Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, programas del Centro de Capacitación Cinematográfica, ciclos de Festivales. Quien ya levantó la mano, es Liset Cotera, directora de la Matatena y del Festival Internacional de Cine para niños y no tan niños, quien nada más de pensarlo se le iluminaron sus ojitos al visualizar a Linterna Mágica como sede alterna del encuentro fílmico hecho por y para las infancias. 

No te pierdas:Los OCVI del 2022

Que les puedo decir, las palomitas están en su punto, son de mantequilla con sal y los nachos llevan queso caliente, cuenta con un estacionamiento pequeño, hay rampas, aunque los espacios para personas en silla de ruedas están hasta enfrente. 

Ya les contaré si me animo a llevar mi bolsa de sándwiches o si mejor nos esperamos para ir por unos tacos a la vuelta.