El 2026 comienza con sabor a la segunda mitad del siglo XX.La Doctrina Monroe hoy vuelve a tener vigencia en nuestro continente, pues la intervención militar estadounidense en Venezuela nos hace recordar el expansionismo y al estado beligerante en el que nos encontramos en aquellos años.
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Sin embargo, algo ha cambiado de la Doctrina Monroe a la Doctrina Trump. En el siglo pasado nos encontrábamos en una lucha ideológica: capitalismo vs comunismo y expansión de la democracia; hoy la etiqueta es “la guerra vs el narcoterrorismo”. Lo que no cambia es que al final siempre es persecución del poder… y del dinero.
Aunque el debate actual sea si Trump actuó en contra de la ley o si lo hizo conforme a leyes estadounidenses e incluso del derecho internacional, lo que carece es de legitimidad. Si bien Maduro se dedicó a acabar con el Estado venezolano, sus instituciones, recursos y derechos humanos, lo imputado por Trump no ha sido probado.
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Esto sienta un precedente y abre una puerta muy peligrosa para todo el Orbe. Trump ha visto durante estos días que nadie, absolutamente nadie, ha declarado ilegal o ilegítimo su actuar. Los gobernantes, mandatarias y organismos internacionales han hecho mutis, ya sea por miedo, por parálisis, o por pensar que “es solo una situación entre dos naciones alejadas que nada tiene que ver con sus propios países”. Sería algo así como cuando a Polonia no le interesó el ascenso de Hitler.
Así, en nuestros días se juntan Monroe y Trump, con el expansionismo como doctrina y el mundo es un espectador más. Cuando siga Groenlandia, Cuba, México, Panamá, Oriente Medio o Ucrania, quizá la ONU emita otro comunicado y las y los presidentes del mundo se den cuenta que Trump -actuando con la ley- no era el libertador y democratizador que pensamos.
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