Manual para hombres: cómo no ser un acosador
Foto: Tandem X Visuals

El acoso es un tipo de violencia de género que se manifiesta en forma de comentarios, gestos y acciones no deseadas, impuestas sin consentimiento y dirigidas hacia la víctima—usualmente mujer—por su sexo, género, expresión de género u orientación sexual.

No es accidental, ni esporádico. Como toda violencia de género, es una situación sistemática provocada una sociedad patriarcal que normaliza estos comportamientos. Los viejos se comportan así y por lo tanto los adultos se comportan así, entonces los jóvenes también lo hacen y los niños aprenden de esta máquina generacional. Son dinámicas tan incorporadas en nuestra cotidianidad, que la mayor parte del tiempo ni siquiera las vemos. No en vano uno crece pensando que besar a la princesa cuando está dormida es—no solo normal—sino romántico. Pero si nos detenemos a pensarlo un poco, ¿a quién se le ocurre besar a una desconocida dormida?

El acoso es una de las más comunes formas de una violencia sistémica que afecta a las mujeres y que, en su mayoría, es ejercida por hombres. Eso es una realidad innegable que cientos estudios y estadísticas demuestran. 

¿Cómo dejar de ejercer el acoso normalizado? Empieza por aquí:

  • No miradas fijas y lascivas

Todos hemos sentido esa horrible sensación cuando alguien te mira de forma invasiva. Esa es la misma incomodidad a la que sometes a una mujer cuando la miras lascivamente. Juzgando (para bien o para mal) su cuerpo.

  • No planear encuentros “casuales”

Tienen clases o trabajan juntos. Después a propósito vas a comer al mismo lugar o te sientas a su lado, la abordas cuando esta sentada tranquilamente trabajando, tomando un café o hablando con alguien más. Aunque no hayas sido invitado en ninguno de los casos.

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  • No comentar sobre su físico. No comentarios o gestos obscenos, y no chiflar.

Estás invadiendo su espacio personal. Estás interrumpiendo su vida cotidiana para decirle algo que a ti te paso por la cabeza sin ni siquiera preguntarte si ella quiere escucharlo o no. Además, ¿qué respuesta esperas? No es halagador, no es coqueteo y no es chistoso. un comportamiento así solo puede generar asco y miedo.

Importante: los piropos que incomodan no necesariamente son vulgares y agresivos, puede ser un poema del siglo XVIII y aún así ser incomodo.

  • No tocar. ¡NO TOCAR!

Nunca debes tocar a alguien sin su consentimiento. Ni a la hora pico en el metro, ni en un concierto atascado, ni en un bar lleno, ni porque todos están borrachos… Ni invitarle la cena, ni su escote, ni su minifalda, son razones para tocarla. ¿Cuándo fue la última vez que viste a un hombre agarrar la cintura de otro para poder pasar entre una multitud?

  • No utilizar información personal o privilegiada para abordarla

Si por tu trabajo—u otra situación—tienes acceso a sus datos personales (teléfono, dirección, etc.), no tienes derecho a llamarla o ir a buscarla si ella no te compartió esa información con una expresa intención e invitación para hacerlo. No vivimos en una comedia romántica, esto simplemente da terror. 

  • “No” es no.

En absolutamente todas las situaciones:
¿Te puedo invitar un trago? No.
¿Quieres ir a cenar? No.
¿Te puedo dar un beso? No.
¿Quieres venir a mi casa? No.
“No quiero”, “ahorita no”, “por favor no me toques”, “no estoy cómoda”.
Ninguna de las anteriores es una invitación para que los sigas intentando, seas más insistente o trates de hacerlo de otra manera. ¡NO!

  • No hacer o reaccionar ante comentarios morbosos

Un comentario machista o morboso en medio de una clase, una junta de trabajo, una reunión entre amigos… es extremadamente ofensivo—especialmente si hay mujeres presentes, y aún peor—si las presentes son el sujeto del cometario, broma o chiste. Lo mejor es reaccionar con apoyo o simplemente no reaccionar, para no dar bola a quien hizo el comentario. Y si fuiste tú, aprende del silencio de los demás: no das risa.

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  • No opinar o bromear sobre su orientación sexual

Las lesbianas no existen para tu entretenimiento, los homosexuales no son anormales y los trans no son “bichos raros”. Son personas. Y no tienes derecho a tomar su orientación sexual como una invitación para burlas y discursos de odio. Bienvenido al Siglo XXI.

  • No compartir contenido privado.

Se ha repetido hasta el cansancio, especialmente con los reciente avances de la Ley Olimpia: compartir cualquier tipo de contenido audiovisual de naturaleza privada sin el expreso consentimiento de quien aparece en él, no es normal. Es una invasión de la privacidad de esa persona, una falta de respeto y, además, delito penal.

El acoso sexual está directamente ligado al consentimiento. Al entender el significado y las implicaciones del consentimiento sexual, se puede evitar en gran medida ejercer acoso.

En un mundo en el que la sexualización de las mujeres está por todos lados y en donde abundan los juicios y cánones sociales sobre cómo se debe comportar una mujer, una movilización masculina para hacerle frente al problema siempre es bienvenida.