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Archipiélago

Zapatito blanco, zapatito azul, dime cuántos años tienes tú…

Saraí Campech

María Hanneman y Alexander Vivero Pulido son dos ejemplos de niños virtuosos mexicanos. Grandes niños, grandes músicos. Grandes, grandes.

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María Hanneman

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“Mamá, hay algo en esta vida que se llama responsabilidad”…
-Melissa  Martínez Campech

La infancia es uno de los momentos de la vida que en gran medida definen nuestro futuro, no creo tanto en aquella frase de “Infancia es destino”, ya que he conocido, leído, escuchado de muchas niñas y niños con historias verdaderamente demoledoras que han brillado con luz propia, lo que si he constatado es que el camino se torna más sencillo cuando durante esos años mozos las enseñanzas, experiencias y lecciones de vida nos son brindadas con amor, atención y cuidado.

Es el simple hecho de sembrar hábitos, generar vínculos con la responsabilidad hacía unx mismx y a partir de ahí con los demás. A nosotras siempre nos dijeron nuestros padres que nos querían de acuerdo a nuestra personalidad, en ese ánimo fuimos niñas libres, íbamos a la escuela, jugábamos, nos dejaban hacer el desayuno, jajajaja, básicamente eran torres y torres de pasteles de mi “Hornito mágico” y se los comían con singular alegría, también nos dejaron hacer desde gimnasia, karate, natación, clases de baile, cocina, espeleología, escalada, teatro y montañismo, en pocas palabras fuimos niñas dichosas y felices que además contamos con herramientas, el impulso y amor familiar.

En nuestro turno de ser guías, hemos tratado de replicar el modelo con nuestrxs propixs hijxs, en mi caso puedo decir que mi hija ha sido un regalo de esos que jamás pensé recibir, ha sido, es y quiero pensar que será “mi cachorra” amorosa, pero también que fue una niña tan llena de verdades, proveedora de lecciones, pero bueno, esa es otra historia.

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Ahora sí, empiezo con nuestro asunto semanal, se trata de las andanzas de María Hanneman, quien recién cumplió 15 años, pero desde los 4 comenzó a tocar el piano y ha sido tal su fascinación que sus padres la han apoyado para que al tiempo que estudia su educación básica, cuente con lo necesario para continuar con las clases del Conservatorio Nacional de Música y sobre todo que ella sea feliz siguiendo las notas que le dicta su corazón.

Una niña que se acostumbró al escenario, ya sea como protagonista o como espectadora y que durante estos meses de confinamiento me contó que si algo extrañaba era ir a conciertos, ver el desenvolvimiento del solista, de ahí irse al cine con sus amigas, luego a casa de alguna de ellas y dependiendo que tanta tarea o ensayos tenía en su agenda, animarse a ir a una fiesta.

Una artista en pleno proceso que echando mano de su carácter de nativa digital no ha parado: lo mismo ofrece un concierto en alguna red social que participa en un concurso. Aquí hacemos un pausa para dar un recuento de los galardones que ha obtenido en el último año: primer lugar en la Grand Prize Virtuoso International Music de Londres, Inglaterra, segundo lugar en la categoría de “piano solo” en el Carmel Klavier Latinoamérica de Bogotá, Colombia, por mencionar solo un par, presentaciones grabadas en las que cuenta con el apoyo de su familia para arroparla y que en el caso de los videos para competencia logra estar lo más centrada y tranquila posible, dinámicas en las que influye también que María cuenta con una salud mental envidiable que le permite ocuparse sin preocuparse demasiado en lo que esta más allá de sus manos.

Con esa sonrisa fresca, la joven pianista, quien también ha tenido tiempo para romancear con otros compositores, me dijo que si bien su amor eterno es Mozart, durante este tiempo otros tres gallardos personajes se han sentado con ella al piano. El romántico Chopin, Rachmaninov con su energía desbordada y Beethoven, un verdadero loco, dice María. Interprete que, más allá de la perfección, pone toda su pasión para transmitir en quien la escucha un poco de eso que le genera a ella.

Con un largo camino, planes de estudiar en otras escuelas de música y en la medida de lo posible ser feliz, María Hanneman sigue su andar, extraña mucho salir, tocar en vivo, percibir eso que le toca experimentar a su edad, pero no pierde la esperanza se afianza a los suyos rumbo a un futuro, ese al que le tiene como regalo  su sonrisa y mirada

El otro personaje del que les quiero contar un poco es Alexander Vivero Pulido, músico originario de Guadalajara que a sus 12 años también ha conquistado varios premios internacionales gracias a la dedicación e impulso de su familia que lo escuchó y decidió aproximarle todas las herramientas para que desde su primera infancia pudiera comenzar a vibrar con la música, situación que mantiene un equilibrio entre su formación musical y sus primeros años de vida, ya que basta asomarse a su lugar de ensayo para notar en primer plano el piano, así como algunas guitarras, un acordeón, entre otros instrumentos ya que dice que de grande quiere ser director de Orquesta y por eso debe conocer todas las tesituras y posibilidades de cada instrumento, pero también sus peluches favoritos, el escudo del capitán América y otros juguetes que le permiten distraerse entre la tarea y los ensayos. En confinamiento, Alexander ganó el Grand Prize Virtuoso de Bonn, Alemania, así como el International Music Talent Competition de Nueva York y como cereza del pastel tiene una invitación para participar en la gala del Stern Auditorium del Carnegie Hall de la gran manzana. Alexander también goza de la locura de Beethoven y como él mismo dice: ¡Si puedes soñarlo, puedes lograrlo! 

Para cerrar, decir que es sumamente importante dotar de seguridad, aspiraciones y alternativas a las niñas y niños, para que, como en el caso de María y Alexander lograr perfilarse hacia ese anhelo de infancia, condiciones que sabemos no son el común para un alarmante número de infantes, ya sea por cuestiones económicas, por entornos de violencia o bien por simple dejadez, serie de focos rojos que año tras año se señalan y para mal de las niñas y niños, quizá sea tomado en cuenta en algún periodo electoral como parte de las promesas de campaña, supuesto interés que una vez resuelta la votación, vuelve al cajón de los eternos pendientes, mientras en los discursos se dice una y otra vez que la niñez es la esperanza de la humanidad… desde acá, sin afán de sonar a la tía regañona, hagamos el esfuerzo de prestar oídos y abrir el corazón a nuestras niñas y niños, para sobre todas las cosas vivan infancias libres y seguras. 

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