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Regresando al amor

El único sabio y sanador es tu corazón

Romina Alcantar

es mi responsabilidad como profesional y ante todo como ser humano, ayudar a despertar la consciencia sobre el abuso que falsos expertos ejercen sobre las masas que los siguen e idolatran.

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Fotografía: Cavan Images / Getty Images / Cavan Images RF

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Estoy realmente conmovida por la manera tan despiadada de que personas indiscriminadas que de una u otra manera han alcanzado fama, reconocimiento público y fortuna a través de las redes sociales han abusado de estos privilegios para manipular e influenciar negativamente a aquellos que los siguen con el deseo de alcanzar su propia felicidad

Hoy, que escribo por primera vez esta columna de opinión, me hubiera encantado poder hacerlo de una manera más amena y quizás tratando un tema menos controversial, pero la verdad siento que es mi responsabilidad como profesional y ante todo como ser humano, ayudar a despertar la consciencia sobre el abuso que falsos expertos ejercen sobre las masas que los siguen e idolatran

Ricardo Ponce, el autodenominado “creador de la autosanación” es el ejemplo fiel de ese personaje perverso que describo en líneas anteriores. Este señor cuenta a la fecha con 2.6 millones de seguidores en su cuenta de Instagram y miles más en otras redes sociales. Él mismo se define como un experto en “liberación emocional” y a través de sus seminarios presenciales, webinars, y cursos en línea, ofrece a sus seguidores la solución a sus dolencias. 

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Hace apenas unos días, varias mujeres que asistieron a seminarios de Ponce, hicieron públicos los múltiples abusos sexuales que recibieron por parte de este señor. Más y más mujeres se han estado pronunciando a través de las redes, dando a conocer pormenores de lo que acontecía en estos magno eventos, donde miles de personas llegaron a pagar hasta $70,000 pesos mexicanos ($3500 dólares aproximadamente) por asistir y ser parte de su selecto grupo de seguidores. Utilizando, según Ponce, métodos que desarrolló para adentrarse a la consciencia humana, manipuló y perpetró abusos inimaginables a sus víctimas. Utilizó el poder intrínseco que obtuvo a través de la falsa idealización de las redes para llevar a sus seguidoras a cumplir sus deseos sexuales y manipularlas a su antojo, siempre utilizando la falsa promesa de la sanación de su dolor

Debo confesar que desde hace muchos años sé del trabajo que Ponce realizaba en las redes sociales y como muchos, siempre me impactó la manera en cómo este señor amasaba seguidores y crecía atrayendo más y más personas que como la mayoría de nosotros, necesitaban una guía para sanar. Debo también decir que, en la superficie, cuando veía el trabajo que publicaba este señor, siempre vi una excelente producción audiovisual; un gran manejo de medios; mensajes atractivos para muchos y sobre todo, una capacidad magistral para enredar a la audiencia. Era realmente un artista en su escenario. 

Con cierta culpa quiero decir que no me sorprende lo que le sucedió a todas las mujeres que han contado su historia, pues la verdad, siempre vi en los mensajes de este señor incongruencia, falta de profundidad y falta de respaldo científico. Sus formas, su “método”, y la forma tan espectacular como conducía a su audiencia siempre me hicieron dudar de la veracidad y capacidad que comunicaba.   

Es precisamente de esa falta de congruencia que les quiero hablar, y cómo ésta nos afecta individual y colectivamente. La coherencia entre las acciones de una persona y lo que ésta predica son la esencia fundamental de la congruencia. Personas como este señor Ponce son el ejemplo claro de esta relación desbalanceada entre lo que alguien que le llega a tantas personas dice cuando “publica sus mensajes de cambio” y lo que realmente hace en su día a día, fuera del papel que personifica en su rol de salvador y redentor. 

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Todos los seres humanos tenemos en común el deseo de ser felices. Para ello, pasamos la vida entera buscando la fuente de la plenitud. Buscamos incansablemente experiencias que nos hagan felices. Y en esa carrera, por encontrarnos, la mayoría solo miramos afuera, sin darnos cuenta que la respuesta que tanto anhelamos está adentro de nosotros mismos. 

Es muy común que utilicemos la guía de supuestos expertos para alcanzar esa felicidad. Basamos nuestra búsqueda de tan escaso activo en expertos filósofos, coaches, gurús, sanadores, chamanes o cualquier persona que nos ofrezca una “fórmula infalible” para ello. Otros optamos por alterar nuestro estado normal de consciencia para así llegar a ese éxtasis que imaginamos que se logra cuando se es feliz, utilizando meditaciones milenarias, respiraciones especiales, procesos de hipnosis y en muchos casos, sustancias alucinógenas que nos ayuden a acortar el camino.  

Pero lo cierto es que el verdadero y único sabio y sanador está en nuestro propio corazón. Este corazón con el que todos contamos es el órgano que produce el campo magnético más grande del cuerpo, el cual puede ser hasta 5000 veces mayor que el campo que produce el cerebro. Nuestro corazón palpita sin parar y genera una onda energética (presión sanguínea) que recorre cada parte de nuestro cuerpo. Si tan solo escucháramos esa voz de sabiduría interior que se genera cada vez que “presentimos algo”, entenderíamos que es en realidad el corazón el que nos está hablando. Sabríamos entonces ver mas allá de las falsas promesas, de las palabras vacías y de los actos incongruentes, y con esa misma claridad recuperaríamos el control de nuestras vidas y la responsabilidad que ello conlleva. 

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La sanación es un camino personal, es un camino de amor propio donde encontraremos muchísimas experiencias y personajes que nos llevaran de regreso a casa. Muchos de ellos como acompañantes en nuestro proceso pero nunca como responsables de nuestra sanación. Saber identificar las señales, reconocer las intenciones, ver lo que en la superficie no se ve es el reto más grande que tenemos frente a nosotros. Debemos abrazar este proceso con mucho amor y comprender que siempre hacemos lo mejor que podemos en el estado de consciencia en el que estamos.

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