Procrastinación
Regresando al amor

Psicoterapeuta familiar sistémica, escritora, meditadora y activista por la equidad de genero. Su práctica está encaminada al reconocimiento de la herida emocional infantil para el desarrollo integral del adulto consciente. Instagram @rominalcantar

Procrastinación
Foto: Pixabay

¿Te ha pasado que pospones o dejas actividades importantes para lo último? Esto tiene un nombre y se llama procrastinación: es la acción o el hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.   

La procrastinación es un problema de autorregulación y de organización del tiempo. Quien pospone o procrastina una decisión lo que está presentando, en el fondo, es una conducta evasiva.

Aparentemente es algo o una actividad muy sencilla. Si se supone sabemos lo que tenemos que hacer, si sabemos que es lo mejor para nosotros y podemos hacer lo que hay que hacer, ¿por qué no somos capaces de hacerlas y aplazamos a luego o mañana, o en otro momento? 

Si nos quedamos en la superficie, es cierto que normalmente no hacemos lo que sabemos que debemos hacer o lo retrasamos, ¿por qué será que preferimos hacer otra cosa más cómoda o más agradable? ¿Será porque somos flojos, cómodos, perezosos o desorganizados?

Esta explicación no hace más que castigarnos, si tenemos tendencia a la demora entonces resulta que soy flojo o desorganizado o incluso llegamos a decirnos frases como “no sirvo” , “no soy capaz”. Y así vamos construyendo la imagen de nosotros mismos, y vamos poniéndonos una serie cada vez más extensa de etiquetas que hacen que nuestra autoestima se dañe y la autocrítica se crezca.

Entonces aquello que creemos que “somos” no nos hace sentir satisfechos con nosotros mismos, al contrario, nos frustra y nos limita. 

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Esta creencia construida y mantenida en el tiempo en lugar de ayudarnos a crecer, hace que de una forma, más o menos inconsciente, la inercia se prolongue y se mantenga en el tiempo.

Sin embargo, si profundizamos un poco más, descubrimos que el verdadero determinante de nuestra conducta es la emoción que se encuentra debajo. Si no somos conscientes, la emoción decidirá sobre nuestro comportamiento y nuestro pensamiento construirá una explicación basado en todas aquellas etiquetas que fuimos construyendo durante tanto tiempo, algunas son heredadas de nuestros padres o maestros, frases y palabras que nos decían cuando éramos niños y que quedaron grabadas a fuego en nuestra mente. Otras, las fuimos construyendo en la adolescencia reforzadas por el resultado de nuestras conductas.

Habitualmente debajo de la procastinación se encuentra la emoción del miedo. Un miedo más o menos intenso, más o menos consciente. Normalmente detrás de este mecanismo de aplazar, vamos a encontrar algún tipo de inseguridad. Por lo tanto, este modo de funcionar, de alguna manera, está haciendo que, aunque parezca paradójico, nuestro cerebro se sienta más seguro. 

Esto nos lleva a observar y reconocer nuestras propias inseguridades, aquello que no nos permite actuar de una manera libre y eficaz.

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El miedo es una emoción básica y necesaria para nuestra supervivencia, por lo tanto, no es algo negativo, aunque sí incómodo y a veces limitante. 

Todos los mamíferos tenemos miedo, y éste, en su justa medida nos protege. Sin miedo seríamos un peligro para nosotros mismos y para los demás. El miedo ha permitido que estemos vivos. 

Tenemos la creencia de que aceptar determinadas emociones nos hace más débiles y vulnerables, pero la realidad es muy distinta. Cuando somos capaces de ver y aceptar lo que habita en nosotros, nos volvemos mucho más fuertes, de hecho, esa es nuestra verdadera fortaleza. Cuando no nos permitimos experimentar nuestras emociones, cuando las tapamos, la emoción viene y va, como una constante danza, en cambio si permitimos que aparezca, simplemente cumple su función y desaparece. 

El desbordamiento emocional no es más que la consecuencia de no permitirnos sentir las emociones por miedo o desconocimiento.

Podríamos decir, entonces, que aquello que dejamos siempre para último momento tiene un regalo para nosotros, si lo observamos detenidamente descubriremos cuales son los miedos e inseguridades que anidan en él. 

Mirarlo con amor y comprensión y darle la bienvenida a nuestra consciencia es el camino.

Por lo tanto, un maravilloso punto de partida sería observar como nos vinculamos con el miedo.