Universidad nacional, santuario del conocimiento y la razón
Libertad bajo palabra

Periodista y Abogado con más de 33 años de trayectoria profesional. Reportero, comentarista y consultor experto en temas jurídicos. Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo 2011. Especialista en el Poder Judicial de la Federación y analista político. Twitter @jenroma27

Universidad nacional, santuario del conocimiento y la razón
Torre de Rectoría de la UNAM. Foto: UNAM Global

Platiqué hace unos días con mi esposa sobre los errores y aciertos en el saldo histórico de Porfirio Díaz, para ella uno de los mejores presidentes de México, en lo cual difiero. Sin embargo, hay un aspecto esencial que lo destaca como un gran visionario de la educación de calidad y factor determinante para el desarrollo de la nación. 

A ocho semanas del estallido de la Revolución mexicana, justo en septiembre de 1910, el presidente Díaz Mori inauguró la Universidad Nacional de México a través de un decreto que fortaleció a una institución que nació Real y Pontificia en 1553 a través de la cédula del emperador Carlos V, antecedente colonial de la Máxima Casa de Estudios, que alcanzaría su autonomía en 1929, para convertirse en la Universidad Nacional Autónoma de México, una de las más importantes de América Latina.      

Con 367 mil alumnos, 41 mil académicos, 133 carreras profesionales, 15 facultades, 35 institutos, nueve escuelas nacionales, nueve preparatorias, cinco colegios de Ciencias y Humanidades; presencia en las 32 entidades del país y nueve países, la UNAM es hoy un santuario indiscutible del conocimiento y la razón

En sus aulas se han formado tres premios Nobel: Alfonso García Robles, Octavio Paz y Mario Molina, así como una pléyade de grandes figuras entre las que podemos mencionar a Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Carlos Monsivais, José Vasconcelos, Ignacio Chávez, Antonio Carrillo Flores, Héctor Fix Zamudio, Sergio Pitol, René Drucker, Rosario Castellanos, Esperanza Martínez Romero, Julieta Fierro, Ana María Colomé, Silvia Torres Peimbert, Daniel Cossío Villegas, Miguel León Portilla, Arcadio Poveda, Luis Villoro Toranzo, Julia Carabias, Rubén Bonifaz Nuño, Concepción Company, Javier Barros Sierra, Guillermo Soberón, Julio Frenk, Eduardo García Máynez, Susana López Charretón, entre un larguísimo etcétera.  

El campus de Ciudad Universitaria fue declarado en 2007 Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco y, en 2009, la Máxima casa de estudios fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.   

La grandeza de la UNAM radica en su espíritu incluyente y auténticamente universal, es una institución autónoma que ofrece preparación de alto nivel desde la pluralidad e igualdad. En sus escuelas y facultades se genera una legítima competencia intelectual, sin importar clases sociales o poderío económico, representa lo mejor que ha logrado nuestro país en el impulso a la educación de excelencia. Entre sus alumnos, exalumnos y académicos se pulsan los sentimientos de la nación con un afán constructivo que se inspira en la gloria de sus más distinguidas mujeres y hombres.  

Por eso, la celebración de los primeros 111 años como universidad nacional no puede pasar desapercibida en la agenda del país, justo cuando se cuestiona lo aspiracional, esencia de su naturaleza histórica. 

La satisfacción es justa, sin embargo, las condiciones del país nos obligan a fortalecerla y cerrar filas para engrandecerla. Cuidar la libertad de cátedra, promover el diálogo, privilegiar las ideas, divulgar el conocimiento para buscar nuestras coincidencias, son premisas básicas que hacen de la razón el detonador del verdadero bienestar que merecen las generaciones del presente y las que vendrán.  

La UNAM es el bastión de la investigación científica, plataforma de desarrollo que ha permitido educación de calidad a millones de personas, entre las que me incluyo siempre agradecido.

Origen es destino. El ejemplo humanista de Justo Sierra Gabino Barreda, el arrojo de José Vasconcelos, el impulso de Antonio Caso, la visión de Gustavo Baz, la inteligencia de Mario de la Cueva y la gallardía de Javier Barros Sierra son emblemas de una historia rica que nos llena de orgullo para guiar la búsqueda de un mejor porvenir. 

¡Más educación y menos populismo, más ciencia y menos mañaneras!

Edictos

Vivimos tiempos insólitos en los que hay científicos señalados como presuntos delincuentes organizados por lavado de dinero, así de ridícula y descabellada es la intencionalidad de la Fiscalía General de la República que comete el más costoso error de su historia.

Resulta que entre los presuntos criminales que el fiscal delira por ver tras las rejas, se encuentra el Dr. Enrique Cabrero Mendoza, autor de más de 25 libros, exdirector del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y también del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), flamante integrante de la Junta de Gobierno de la UNAM desde el 8 de septiembre. 

De ahí la valerosa intervención del rector Enrique Graue para manifestar con gran autoridad moral su indignación por la escandalosa persecución que carece de lógica jurídica según la Suprema Corte, que ya ha revisado el asunto en vía de amparo, y de la propia Auditoría Superior de la Federación, que no encontró irregularidad alguna en el uso de recursos públicos destinados a la actividad científica. 

La pregunta es: ¿quién o quiénes revisan las arbitrariedades de la FGR?  El costo político para Andrés Manuel López Obrador también comienza a ser muy elevado, aunque la soberbia se imponga para sostener un atropello inaudito que se ha puesto de moda al perseguir académicos y tomar universidades privadas para intentar apropiarselas, como ocurre con Miguel Barbosa en el caso de la Universidad de las Américas Puebla que lleva tres meses secuestrada.

Y hablando de abusos, bien haría la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de MéxicoMyrna Araceli García Morón, en asomarse a ver qué sucede en el Colegio de Notarios mexiquense, donde los empleados de esa institución se quejan de acoso laboral y humillaciones sistemáticas por parte de la presidenta, la notaria Rosa María Montiel Bastida. Siendo abogada se pasa por el arco del triunfo los derechos de sus subalternos que ya no saben cómo lograr ser escuchados allá en Toluca. Desplegados y plantones no han sido suficientes para atender los reclamos de quienes son maltratados con lujo de impunidad.