Vacunación a adolescentes, la pesadilla
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Médico Cirujano con más de 30 años en el medio y estudios en Farmacología Clínica, Mercadotecnia y Dirección de Empresas. Es experto en comunicación y analista en políticas de salud, consultor, conferencista, columnista y fuente de salud de diferentes medios en México y el mundo. Twitter: @StratCons

Vacunación a adolescentes, la pesadilla
Mil jóvenes de 12 a 17 años fueron vacunados con dosis donadas por el Condado de Maverick. Foto: Facebook / Miguel Riquelme.

Hace casi cinco meses que la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) otorgó a la vacuna de Pfizer la autorización para uso de emergencia en poblaciones de 12 a 15 años. Un mes después, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) hizo lo mismo en México. Sin embargo, hasta hace unas semanas, esto no significaba nada. No para los adolescentes mexicanos.

Mientras que en Estados Unidos y varios países de Europa se persiguió la autorización con el fin de comenzar a vacunar lo antes posible a este grupo de edad, en México, los jóvenes no estaban considerados. Si esta se concedió en nuestro país, es porque el laboratorio la buscó y, técnicamente hablando, no había una razón para negarla. 

Aparentemente la medida significaba buenas noticias para el programa de vacunación contra covid. Tanto que el mismo Hugo López Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, dio la primicia en sus redes sociales. Sin embargo, no sería tan sencillo. Después de varias semanas de mutismo, el mismo funcionario declaraba, en uno de los peores momentos de su carrera, que de llegar a vacunarse a los adolescentes se haría solamente a aquellos con factores de riesgo y bajo las condiciones que las autoridades estipularan.

Lo peor de todo: esas declaraciones fueron el resultado de una ola de amparos que padres de familia de menores de 18 años comenzaron a tramitar con el fin de que sus hijos fueran vacunados con un biológico que ya contaba con autorización en México. La gota que derramó el vaso fue la publicación del video de la niña Zulma González, paciente con diabetes tipo uno, que prácticamente le exigía a López Gatell el ser vacunada. Este, al sentirse exhibido y acorralado, optó por responder con una de las declaraciones más inhumanas que un funcionario de salud pudo haber emitido.

En México, uno de los países ejemplo en el mundo por sus políticas y cobertura de vacunación, algo tan simple como extender a un nuevo grupo de edad la vacuna más importante en lo que va del siglo se convirtió en el dolor de cabeza más grande para el sector salud y el gobierno de México.

La medida simplemente les tomó desprevenidos. Sin inventario, sin dosis asignadas, sin presupuesto. Sencillamente sin un plan.

En este contexto, la frustración de López Gatell y los involucrados en el plan de vacunación es entendible. Desde que se dio a conocer en diciembre de 2020, el plan ha sido el mismo, no obstante que la pandemia ha evolucionado en sus alcances, contagiosidad y que la agresiva variante Delta se ha convertido en la más importante.

El plan inicial, que contempla vacunar por grupos de edad, de manera descendente y, al contrario de otros países, no le da prioridad a los pacientes con comorbilidades o de alto riesgo, nunca contempló siquiera el vacunar a los adolescentes de 16 y 17 años que ya estaban cubiertos con la autorización original (de hecho, la información para prescribir de Comirnaty, la marca comercial de Pfizer de la vacuna contra Covid-19 ya con “autorización completa”, tiene una indicación a partir de los 16 años).

Así, el plan de vacunación contra covid contemplaba un número finito de dosis, para un número también finito de personas a partir de los 18 años cumplidos. Nada más. La falta de transparencia en los datos de vacunación no nos permite conocer cuáles son los planes de compra a futuro, qué marcas se piensa adquirir, en qué fechas o con qué presupuesto asignado. Vaya, los datos sobre las adquisiciones anteriores se encuentran resguardados, por lo que hoy no podemos saber cuántas vacunas se han pagado a qué fabricantes, cuántas se han recibido en donación o en préstamo… o fiadas. 

Tras dos semanas de dislates y de falta de claridad en la que los amparos continuaban aumentando y, con ello, las órdenes de los jueces para que los jóvenes de 12 a 17 años fueran vacunados, el gobierno tuvo que establecer a toda prisa un plan emergente para inmunizar, por lo menos, a los adolescentes que tuvieran alguna enfermedad de base que significará un factor de riesgo para padecer Covid-19.

En este plan se contempla vacunar entre 750 mil y 1 millón y medio de personas en este grupo de edad, las cuales –a decir de López Gatell– son las que presentarían algún padecimiento que incrementara su riesgo de contagio. Es aquí donde las cifras ya comienzan a salir mal. En México, más allá de algunas tendencias epidemiológicas hacia el sobrepeso y la obesidad, no se cuenta con registros o bases de datos de los pacientes con enfermedades inmunológicas, metabólicas, genéticas, neurológicas, endocrinológicas o cardiacas. Vaya, como se ha demostrado durante estos años, en México no contamos siquiera con un registro para los pacientes pediátricos oncológicos: los niños con cáncer. 

Lo que esto nos hace pensar es que la cifra de pacientes contemplada refleja exclusivamente el número de vacunas de Pfizer que se encuentran, mejor dicho, se encontrarán disponibles. No hay más y no sabremos cuantas más habrá ni cuando. En México existen 14 millones de personas entre los 12 y los 17 años, vacunarlos representaría invertir en 28 millones de dosis de la vacuna de Pfizer. México sencillamente no las tiene y hoy no sabemos si las tendrá.

La semana pasada, el presidente de la República dijo que no existían planes para continuar con la vacunación el año entrante y que las decisiones se tomarían posteriormente incluyendo, tal vez, la hipotética vacuna Patria.

Seamos claros: No contamos con las dosis, no se contaba con un plan y seguramente no existe el presupuesto para incluir a estos jóvenes. Tampoco hay un plan para que en un futuro inmediato (tan pronto como el mes de noviembre) se vacune a los niños de cinco a 11 años que ya deberán estar incluidos, al obtenerse en estas semana la autorización de uso de emergencia por la FDA para ese grupo de edad.

Finalmente, de una manera terriblemente forzada y casi violenta se estableció un plan que contemplaba el registro de los adolescentes mediante la plataforma mivacuna.salud.gob.mx y el pasado día 28 por la noche se dieron a conocer de manera apresurada los lineamientos para esta vacunación. Por lo que desde el 1º de octubre, estos jóvenes pueden registrarse si es que cumplen con el requisito de estar en alguno de los grupos de riesgo que fueron publicados.

Para la selección de las patologías y comorbilidades, se puso a trabajar a marchas forzadas a un grupo plural de expertos pediatras de las diferentes instituciones de salud, así como de la medicina privada. La lista de enfermedades consideradas es amplia y bastante completa, aunque aún perfectible. Algunos pediatras me han comentado la ausencia de enfermedades específicas que, aparentemente, deberán ser valoradas en su momento por los responsables de las unidades de vacunación.

Hasta aquí las buenas noticias. Al momento de escribir esta columna, se desconocen las fechas y la metodología de implementación de este proceso. Era de esperarse. Vacunar este grupo de edad nunca estuvo en los planes y ahora se debe crear una logística especial para ellos. El documento rector, publicado el día 28, habla de que “se sugiere, que en la medida de lo posible sean seleccionadas como sitios de vacunación las mismas unidades de atención clínica…”, es decir, en este momento no se sabe dónde, cuándo o cómo serán vacunados estos jóvenes.

Otro punto no contemplado es lo que sucederá con aquellos adolescentes que sean atendidos exclusivamente por médicos privados. El documento establece o, más bien recomienda, que exista un censo en cada institución de los pacientes que estas manejan. El viernes pasado, los jefes de servicio de varias unidades de pediatría se encontraban movilizando a su personal con el fin de realizar la selección de pacientes que se contemplarían ya que, como dije anteriormente, no existen bases de datos. Sin embargo, no se sabe cómo es que un paciente que solamente sea atendido por su médico privado acreditará merecer la vacuna. El documento es muy ambiguo al respecto.

Falta de visión, falta de planeación, falta de presupuesto y, seguramente, dosis insuficientes. Además del registro en línea, hasta el momento no se sabe nada más sobre esta vacunación para los adolescentes. Seguramente mañana martes, Hugo López Gatell tendrá muchas respuestas a muchas de estas dudas. De no ser así, seguirá pasando el tiempo y el volumen de mexicanos a vacunar se incrementará.

Mientras tanto, los adolescentes de 12 a 17 años continuarán tramitando amparos para obtener una vacuna que puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Están en todo su derecho de hacerlo.