México y ómicron
Diagnóstico Reservado

Médico Cirujano con más de 30 años en el medio y estudios en Farmacología Clínica, Mercadotecnia y Dirección de Empresas. Es experto en comunicación y analista en políticas de salud, consultor, conferencista, columnista y fuente de salud de diferentes medios en México y el mundo. Twitter: @StratCons

México y ómicron
Foto: Daniel Hernández / La Lista

Al momento de escribir esta columna se han dicho muchas cosas, aunque aún se saben bastante pocas, sobre la nueva variante ómicron del SARS-CoV-2.

En un resumen breve:

  • Se sabe que es una variante nueva, descubierta gracias a los modelos de secuenciación genética realizados en Sudáfrica, de ahí el mal apodo de cepa sudafricana.
  • Es una variante mucho más compleja genéticamente, lo que hace sospechar (hasta el momento son solo sospechas) que puede ser más contagiosa e infectante.
  • Hay temor de que en algún momento pudiera superar la inmunidad producida por las vacunas, pero de nuevo, esto es solo una especulación.
  • Hasta el momento no hay evidencia de que la enfermedad que produzca sea más grave o de una mayor mortalidad que el covid que conocemos.
  • Las medidas de seguridad siguen siendo las mismas: distanciamiento social, evitar aglomeraciones, evitar espacios cerrados y utilizar obsesivamente el cubrebocas.

Ahora bien, en una toma de decisiones violenta y aparentemente con mayor sesgo mediático y político que científico, algunos países han comenzado a cerrar sus fronteras a los viajeros de una selección de ocho países situados en el sur del continente africano. Muchos científicos y algunos analistas hemos reiterado nuestra inquietud de que estas medidas, además de ser francamente discriminatorias, no tienen un fundamento ni ayudan a interrumpir la transmisibilidad del virus. Esto ya quedó ampliamente demostrado en los pasados 19 meses que llevamos de esta pandemia.

Sin embargo, lo que no es admisible es hacer nada. Y es exactamente lo que está haciendo México hasta el momento en materia de contención: nada.

Si bien ya quedó establecido que el cierre de fronteras no es de mayor utilidad, lo que realmente puede ayudar es tener un programa de restricciones de acceso y detecciones específicas a los viajeros que lleguen a nuestro país. Existen en otros países y las reglas se aplican a los mexicanos.

Todos los viajeros que quieran ingresar a México deberían mostrar un documento que avale la vacunación completa y una prueba de detección de no más de 72 horas, exactamente como sucede para viajar a países europeos, Canadá y Estados Unidos.

Los viajeros que lleguen de zonas donde la transmisibilidad es mayor deberán realizarse pruebas de PCR a su llegada, y guardar cuarentena supervisada durante 10 días. Al momento de abandonar la cuarentena, se realizará otra prueba de PCR. Esto se hace ya en Gran Bretaña, Japón y muchos países asiáticos

En todos, absolutamente todos los casos, los visitantes a nuestro país deberían ingresar sus datos de estancia en una aplicación en sus teléfonos, con el fin de ser localizables para cualquier eventualidad epidemiológica.

A nivel interno, es hora ya de que las autoridades de salud despierten del prolongado letargo en el que se encuentran y realmente tomen las cosas en serio.

Es indispensable extender la vacunación a los adolescentes y los escolares de manera inmediata. Sabemos que la única vacuna aplicable para estos grupos de edad es la de Pfizer y que no existen las dosis suficientes (hay en existencia 18 millones y se requiere más de 36), por lo tanto, ya deberíamos estar negociando contratos, entregas y pagos para estas dosis.

La necesidad de la aplicación de refuerzos (terceras dosis) ya es casi un consenso internacional. Estados Unidos, los países de la Unión Europea y muchos países asiáticos ya están aplicando terceras dosis de manera normal no solo a los adultos mayores sino a toda la población mayor de 18 años. Aparentemente en México tenemos almacenadas 40 millones de dosis de vacunas varias (incluyendo los 18 millones de Pfizer que mencioné arriba), por lo que la revacunación no debería ser problema, si además continuamos comprando e importando vacunas.

Hasta aquí, los dos comentarios y recomendaciones. Analicemos mejor por qué no se está haciendo nada de esto.

Desde el inicio de la pandemia aprendimos que la política de las autoridades de salud, en particular de Hugo López-Gatell, es la de realizar el menor número de pruebas de detección posibles. El panorama fue cambiando durante los pasados dos años, y cada vez es más necesaria la realización de pruebas. Hoy más que nunca. Pero en todo ese tiempo, el gobierno federal no ha querido implementarlo. Cuesta dinero. Dinero que no está dispuesto a gastar en esta pandemia.

La vacunación con el menor esfuerzo posible y al menor precio posible ha sido la tónica desde un inicio. Los mayores absurdos en la toma de decisiones los hemos visto en las pasadas semanas, cuando pasamos de un secretario de Salud que negaba la posibilidad de vacunar a sus nietos, a una aparente apertura para vacunar a solamente una fracción del grupo de adolescentes, debido a que se carece de más dosis para hacerlo.

Una vez más, la evolución de la pandemia nos lleva la delantera. Una vez más, México se muestra dubitativo para la realización de acciones contundentes para la detección y la prevención de los contagios.

Como ya he mencionado en columnas y foros, el problema es que para el gobierno mexicano, la pandemia es un verdadero estorbo. Es algo de lo que no debe hablarse, es algo que hay que minimizar pero, sobretodo, es algo a lo que debe dedicarse el menor gasto posible.

Crear un cerco epidemiológico para viajeros con la implementación de pruebas de antígeno, pruebas de PCR, pago de hoteles y centros de confinamiento, y el desarrollo de una app implica una importante erogación económica que el gobierno mexicano no está dispuesto a hacer, independientemente de que potencialmente pudiera salvar la vida de muchos mexicanos.

No existe un plan para continuar la vacunación. No lo digo yo, lo dijo el presidente de la República hace más de un mes. El entender que toda la población mexicana requerirá ser vacunada y revacunada, seguramente durante varios años venideros, implicaría un cambio completo de visión, pero lo más importante: una agresiva asignación presupuestaria. El Ejecutivo simplemente no lo hará.

Falta mucho por aprender de esta nueva variante. Como dice el Dr. Carlos del Río, infectólogo de la Universidad de Emory, las siguientes semanas serán clave para entender las implicaciones clínicas de esta variante. Sin embargo, lo que no es admisible subestimar al nuevo adversario y no ser productivos en la prevención.

El reloj está contando.