Mis deseos digitales para el Año Nuevo
Entre nodos

Periodista especializado en Tecnología con especial interés en la privacidad, el espionaje, la ciberseguridad y los derechos en la esfera digital. Observador de realidades, a veces provocador y defensor de la igualdad, la inclusión y el libre albedrío.
Twitter: @yak3001

Mis deseos digitales para el Año Nuevo
Foto: ThisIsEngineering/Pexels

Cuando cubría tecnología para un diario, diciembre era la época de hacer los anuarios con las noticias más importantes del año y artículos sobre las tendencias y predicciones para el siguiente año. Francamente no era mi época favorita del año. Para romper con esta tradición informativa, en lugar de hacer recuentos y predicciones, prefiero dejarles La-Lista con los deseos de lo que me gustaría ver en nuestra vida digital del próximo año.

  1. Disminuir la brecha digital

En México, el 72% tiene acceso a internet en promedio, pero existe una disparidad entre las regiones: mientras que en entidades como Nuevo León, Ciudad de México o Baja California, más del 84% de la población son usuarias, en Chiapas, menos de la mitad de la población tiene acceso a la red, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2020.

Elevar el acceso a internet y las tecnologías digitales en todas las regiones del país, especialmente en las zonas que históricamente han sido marginadas, es fundamental para crear condiciones de igualdad en el ejercicio de derechos como la información y la libertad de expresión, así como en los económicos, político electorales y en la preservación cultural.

  1. Reducir la centralización de internet

Este año vivimos varios episodios como el apagón de Facebook o las fallas de Amazon Web Services, lo que provocó daños económicos, suspensiones en el acceso a servicios digitales. Nos dimos cuenta que la mayoría de nuestra vida digital y hasta los servicios públicos dependen de unas cuantas empresas. ¿Qué va a pasar cuando el gigante falle permanentemente? Quizás deberán venir nuevas regulaciones y controles normativos para que los mercados digitales no estén sobrecontrolados por unos cuantos.

O, mejor aún, podemos repensar el funcionamiento de internet incorporando el concepto Web3, habilitada por tecnologías como el blockchain y productos como las criptomonedas, los tokens no fungibles (NFT). Esto abrirá un nuevo paradigma en cómo nos relacionamos, consumimos y vivimos en los ambientes digitales, con la promesa de un empoderamiento de los usuarios y la ruptura del control que centralizan gigantes como Google, Meta o Amazon.

  1. Terminar, de una vez por todas, con la vigilancia digital abusiva

Las revelaciones y confirmaciones de los usos ilegales de programas de espionaje por parte del gobierno nos dieron mucho en qué pensar este año, sobre todo en términos de derechos humanos, de los abusos de gobernantes que atentan contra nuestra seguridad, de la facilidad con que podemos ser blancos de un régimen por pensar distinto y disentir sobre su actuar, así como de las vulnerabilidades en las tecnologías que generan impactos en nuestro entorno físico.

Sí, algunas acciones fueron emprendidas en la búsqueda de justicia, como la vinculación a proceso de personas proveedoras del software de vigilancia Pegasus, de NSO Group, y prohibiciones a nivel internacional en la compra-venta de tecnología de espionaje. Pero se requiere más: desde los marcos normativos y cooperación internacional para controlar estas herramientas, hasta el cese de la recopilación y centralización de nuestros datos sin garantías de seguridad en su resguardo y de que no serán usados en nuestra contra. Dicho en dos frase: No al Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (Panaut) y no a la apropiación de nuestros datos por parte de la Secretaría de Gobernación, bajo el pretexto de crear una cédula de identificación biométrica.

  1. Una estrategia nacional de ciberseguridad ya

Este año será recordado por la cantidad y magnitud de los incidentes de seguridad registrados a nivel mundial, pero con especial énfasis en las instituciones públicas y empresas dentro de México. No olvidemos que en lo que va del actual gobierno, varias entidades de gran calado para el país han sido hackeadas, incluyendo a Pemex, la Lotería Nacional o Bancomext, por mencionar algunos. Además, en 2021 se registraron ataques a entidades como el Inai, los cuales provocaron la suspensión de sus servicios, así como una decena de incidentes de seguridad informática en la banca mexicana, de acuerdo con lo reportado por Banxico hasta mediados de este año.

Por ello se necesita una política unificada para fortalecer la seguridad informática así como los protocolos de actuación ante un incidente (por ejemplo, ¿se vale pagar un rescate de los datos tras ser víctima de ransomware?). También se necesita establecer requisitos mínimos de seguridad en los sistemas informáticos, la generación de alianzas para la cooperación en cuanto a información e inteligencia, y lineamientos unificados de pedagogía, información y denuncia ciudadana. Hasta ahora, lo que tenemos son esfuerzos aislados sin pies ni cabeza pues cada quién ha agarrado el torno por los cuernos como ha podido.

  1. Mantener una internet libre

Es triste ver que a nivel internacional existe una tendencia creciente a que los gobiernos controlen el acceso a internet así como a los contenidos, fortaleciendo sus actividades de propaganda, desdeñando la disidencia. Esto no podemos permitirlo en México. Esto cobra relevancia con las intenciones de modernizar el Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCEUM), pues debemos estar vigilantes de que no se incluyan cláusulas que atenten contra la libertad de expresión y la información en aras de proteger los derechos de autor y la propiedad intelectual.

La lucha por la libertad en internet es permanente y hay que velar por mantenerla con los principios básicos como el de la neutralidad de la red, el no prohibir ni criminalizar la investigación (el hackeo ético) ni la producción creativa, garantizar en todo momento el acceso a las herramientas que permiten la navegación anónima en internet como la red Tor, y quitarle a las autoridades la posibilidad de bloquear arbitrariamente el  acceso a Internet y a sus contenidos, argumentando cuestiones de seguridad pública.

  1. Ejercer nuestro derecho a la desconexión

Para muchas personas, el home office y el teletrabajo ya está normalizado. Lo que no debemos normalizar es el burnout y la fatiga digital causada por las exigencias de estar conectados y disponibles las 24 horas del día. Lo que sí debemos normalizar es nuestro derecho a desconectarnos cuando hayamos cumplido nuestra jornada laboral, pues tampoco debemos menoscabar otros derechos como el del descanso y el ocio. Y me atrevo a ir más allá: deberíamos practicar más seguido los retiros digitales, desconectarnos por unos días de internet y los dispositivos electrónicos, y sacudirnos el hartazgo tecnológico antes de que sea imposible de hacerlo.