Benditos paisanos, benditas remesas
Breve, pero a fondo

Periodista por convicción y formación. Con una trayectoria de 30 años, desarrolló su carrera en distintos medios, entre estos, Worldwide Television News, United Press International y Notimex. Fue corresponsal en Centroamérica, Colombia y EU. Ha realizado coberturas en México y el mundo. Colaboró por 20 años en El Universal. Coautor del libro Haití, Isla Pánico. Twitter: @jlruiz10 

Benditos paisanos, benditas remesas
Los mexicanos en el exterior siguen impulsando la economía mexicana. Foto: EFE

Arrancamos el 2022, pero aún respiramos los humores que rondaron el ambiente en el 2021, marcado en muchos sentidos por el infortunio y la desesperanza. Sería ocioso hacer un nuevo recuento de las malas noticias que dominaron en México en el año que recién feneció. Aún así, no hay la menor duda que lo rescatable con todos los honores es la aportación de millones de mexicanos que residen en Estados Unidos a la golpeada economía nacional.

Ni más ni menos, estos mexicanos que tuvieron que dejar atrás comunidades, pueblos o ciudades para ganarse la vida en Estados Unidos merecen toda la gloria y todo el respeto, ya que, sin ellos, México no estaría en pie. Casi puedo asegurar que si se levantara un monumento en su honor, amanecería todos los días firme en su pedestal, con muestras de gratitud de un pueblo que hace lo que puede para sobrevivir en su propio país.

Los más de 50 mil millones de dólares que enviaron a México en el 2021 apuntalan de alguna forma nuestra alicaída economía, que aún enfrenta los embates de una pandemia que ha tenido su más alto costo en la muerte de más de medio millón de mexicanos.

Esta cifra histórica de remesas seguirá mitigando las grandes carencias que enfrentan millones de familias en nuestro país que, en muchos casos, no cuentan con más opción que esperar que estos recursos lleguen mes a mes.

Los empleos en México medianamente remunerados con prestaciones sociales son una especie en extinción, lo que ha llevado a millones de personas a refugiarse en la informalidad, con los riesgos que esto implica: enfrentar a mafias propietarias de calles y banquetas, a las que hay que pagar derecho de piso, cuotas por ventas o por “protección”, o extorsiones de las propias autoridades que deberían velar por la seguridad y bienestar de sus ciudadanos.

Sin exagerar, benditas remesas que son hoy la principal fuente de divisas que llegan al país, ya muy por arriba de lo que se obtiene por turismo. Los 50 mil 484 millones de dólares han contribuido a paliar la crisis económica que padecemos. Nadie, ningún político o gobernante, por alta que sea su investidura, debe atribuirse esta contribución como un éxito propio, porque ese simple hecho desvirtuaría el tremendo esfuerzo de nuestros paisanos en Estados Unidos, donde miles de ellos tienen que trabajar en las sombras por su estatus migratorio.

Se calcula que más de 11 millones de connacionales en el vecino país del norte no cuentan con los documentos migratorios para trabajar, y aún así, con un entorno adverso, colaboran sin tregua en la manutención de sus familias en México, muchas de ellas aterrorizadas por la inseguridad que se vive prácticamente en todo el territorio nacional.

Apenas el pasado lunes, el Banco de México liberó la información que revelaba esta cifra histórica de envíos, que superaba en más de mil millones de dólares al registrado en el mismo periodo del 2020, cuando la cifra fue de 49 mil 206 millones de dólares.

Esto quiere decir, en blanco y negro, que en dos años de pandemia –la que está lejos de terminar y que se reaviva ahora con la variante ómicron–, los migrantes mexicanos enviaron en recursos líquidos, en dinero en efectivo, producto de su trabajo arduo y creativo, nada menos que alrededor de los 100 mil millones de dólares.

Festivo, el presidente Andrés Manuel López Obrador habló del tema en su mañanera, aseguró que gracias a esta aportación “nuestra economía está en recuperación, está creciendo”.

Y no se equivoca, sin la contribución de nuestros paisanos en Estados Unidos las finanzas del país atravesarían uno de sus episodios más amargos de su historia, toda cuenta que muchos de los sectores productivos del país aún se muestran alicaídos por el brutal golpe de la pandemia. La cadena productiva de la industria automotriz, por ejemplo, se encuentra entrampada y, en muchos casos, paralizada.

Pero ya estamos en el 2022, y ahora dependerá en mucho a una asertiva política económica como se podrán revertir fallas que repercutieron no solo en el bolsillo de los mexicanos, sino en los diversos sectores de la economía nacional.

Sería un buen ejercicio entonces mejor concentrarnos en los retos que están por venir, muchos de ellos que prácticamente ya tenemos encima apenas transcurrida la primera semana del año: la inflación que ya golpea a los mexicanos más vulnerables quizás sea una de las prioridades y uno de los primeros desafíos que habrá de enfrentar la nueva gobernadora del Banco de México, Victoria Rodríguez Ceja.

La salud del país también dependerá en mucho de las pautas que se marquen en materia económica. El crecimiento de México estará supeditado a la recuperación de Estados Unidos, sin duda, pero también a la mejora de los mercados laborales, al incremento de la población vacunada y por ende a la reactivación de las actividades comerciales, que se vieron seriamente afectadas por el confinamiento obligado por la pandemia del Covid-19 y seguramente por espasmos de encierro derivado de la expansión en los contagios de la variante ómicron.

El Banco de México lo tiene claro, y hace bien, al estimar el crecimiento en el 3.2% en este año, mientras que la Secretaría de Hacienda, más optimista, la ubica en el 4.1%. Aún así, estas previsiones quedan muy cortas de los niveles necesarios para recuperar algo de lo perdido y llegar a los porcentajes alcanzados hasta el 2018.

Así las cosas, en medio de este entorno que sigue siendo alucinante para las economías del mundo, México tendrá el gran desafío de corresponder a los grandes esfuerzos que hacen nuestras diásporas en Estados Unidos por captar, con trabajo diario y muchas veces rudo, los recursos necesarios para que sus familias en México salgan adelante y puedan sortear con mayor solvencia los problemas del día a día.

El gobierno mexicano tiene ahora que caminar a la par de nuestros paisanos, acompañándolos en sus esfuerzos por levantar una economía que en mucho requiere de la participación del empresariado mexicano, para crear los empleos que se requieren sobre todo para las nuevas generaciones que ya están listas para entrar de lleno en nuestro sistema productivo.

Ahora más que nunca debemos de decir gracias a los connacionales que desde fuera de nuestras fronteras participan como nadie o como pocos en la hechura de una economía más fuerte para encarar el futuro que ya tenemos encima.