#3AñosDeGobierno | México, ¡mucha pieza!
Breve, pero a fondo

Periodista por convicción y formación. Con una trayectoria de 30 años, desarrolló su carrera en distintos medios, entre estos, Worldwide Television News, United Press International y Notimex. Fue corresponsal en Centroamérica, Colombia y EU. Ha realizado coberturas en México y el mundo. Colaboró por 20 años en El Universal. Coautor del libro Haití, Isla Pánico. Twitter: @jlruiz10 

#3AñosDeGobierno | México, ¡mucha pieza!

Rápido, como un suspiro, transcurrieron los primeros tres años del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Difícil será hacer un balance objetivo de lo alcanzado en esta primera mitad de la Cuarta Transformación. Más allá de filias o fobias, se puede decir mucho a favor o en contra, todo dependerá de dónde estemos parados.

Aún así, solo bastará con levantar la mirada para buscar en el panorama político y social alguna acción contundente realizada en lo que va de este mandato presidencial, que arrancó el 1 de diciembre de 2018. Para muchos, ni en la cercanía ni en la lejanía se pueden constatar las bondades de este gobierno, pero para otros, para quienes simpatizan ciegamente con la actual administración, el cambio llegó y los beneficios sociales se derraman como miel en todos los rincones del país.

¿Tenemos un mejor país que hace tres años? Que sea el pueblo, los mexicanos, y sobre todo los hechos, los que respondan a esta pregunta, y hablen de la realidad del México de hoy. Ya lo dijo López Obrador: “México es mucha pieza

Sin duda, este ha sido un gobierno diferente, muy distante de los que encabezaron en su momento el PRI y el PAN. Del pasado, nada que retomar, así lo ve el actual presidente, quien con base en una férrea postura ideológica ha logrado desmantelar muchas de las estructuras heredadas de las administraciones antecesoras. “No nos comparen, no somos iguales”, afirma López Obrador, con tanta frecuencia como si fuera una respiración.

Y tiene razón, en mucho nada es igual. En principio, la visión de su política radica en beneficiar a los que menos tienen, relegando de alguna forma a los que más poseen. Perversa o no esta lógica, cuando menos en el plan ideológico tiene un impacto en la sociedad, porque sin ser del todo real genera una percepción de que este es un gobierno bueno, que apoya a los que menos tienen. De ahí esa frase que sí ha tenido arrastre popular: “Primero los pobres”. El propio Joseph Goebbels​, jefe de la propaganda nazi, envidiaría este concepto y su efectividad. En el gobierno de la Cuarta Transformación hay una legítima y lógica persecución del bien común y que el bienestar llegue a todos, aunque en realidad fallas de origen le impiden llegar a este objetivo.

Pero una cosa es permear una ideología y otra es aterrizar sus planes y proyectos en un ejercicio real de políticas públicas que lleven a México a su pleno desarrollo. Estar en América del Norte junto a la potencia mundial que es Estados Unidos y ser socio también de Canadá en el T-MEC no es cosa menor, de hecho, es algo que este gobierno debe aprovechar para consolidarnos como una nación económicamente desarrollada.

Hasta ahí creo que la filosofía, si se le puede decir así a la política de López Obrador, es la correcta, pensar en los que menos tienen para llevarlos a nuevos estadios sociales, pero hacer lo contrario, es decir, llevar a la clase media a niveles inferiores en la escala social también podría ser un contrasentido. De nada sirve que en México todos sean pobres, para que así en el país no haya desigualdades sociales.

Como en toda empresa, hay ganancias, pérdidas y pendientes, y todo esto hay que tomarlo en cuenta sin soslayar ninguno de ellos. Hablar de que el país es un derroche de metas cumplidas y de avances impolutos es una gran mentira. Pero otorguemos sin conceder. Ahora, entonces, sería bueno meterse de lleno en esta segunda mitad del gobierno a resolver los grandes problemas nacionales. En otras palabras, llegó el momento de corregir errores y de apuntalar los éxitos, de haberlos.

Por supuesto que el primer tema a resolver es el de la inseguridad. El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública reconoció que en lo que va de la presente administración se han registrado más de 100 mil homicidios dolosos, lo que supera en mucho a los registrados en los primeros trienios de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Y aunque duela la cifra, revela que este ha sido el gobierno más violento en la historia de México. Entonces, manos a la obra, este gobierno tiene que abocarse a resolver cuanto antes el tema de la inseguridad, que ahora es el talón de Aquiles de la 4T. Esto comienza no solo a ser su gran debilidad, sino que además pone en jaque a la democracia mexicana. Los 100 mil elementos de la Guardia Nacional en 207 cuarteles en todo el país en nada han frenado la violencia ni la inseguridad.

Las desapariciones forzadas siguen siendo un cáncer que corroe las entrañas de este México contemporáneo. El propio Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada informó que 95 mil personas estaban registradas oficialmente como desaparecidas, la cifra más alta en el mundo. 

Aunado a la violencia está el factor económico, porque ante la falta de crecimiento, no permite la generación de los empleos que el país requiere para su desarrollo sostenido. Hoy, nuestra economía muestra una clara caída, en mucho causada por la pandemia. Millones de mexicanos se tuvieron que refugiar en la informalidad o en empleos mal pagados. La inflación, también de alarma: ya superó el 7%. Esto solo perpetúa la pobreza, que hoy tiene sumergido en esa condición a casi 56 millones de mexicanos, cifra reconocida por el Coneval.

La fuerza de los hechos demuestra que hasta el momento ningún programa social ha tenido un impacto relevante para disminuir la pobreza, y que muchas de sus megaobras –el Tren Maya, el aeropuerto Felipe Ángeles o la refinería de Dos Bocas– no son viables y poco resolverán problemas torales en México.

Por ello, cobra relevancia la contribución de millones de mexicanos que viven en el  exterior. Cada mes envían remesas por alrededor de los 4 mil 500 millones de dólares a México, principalmente de Estados Unidos. No es un triunfo de López Obrador, lo es de esos mexicanos luchones que tuvieron que irse del país en busca de las oportunidades que aquí no encontraron.

México atraviesa por un momento único por el impacto de la pandemia, que ha cobrado la vida de casi 450 mil mexicanos. Viene ómicron y más nos vale estar preparados con una política pública eficaz para enfrentar esta nueva variante. 

Está el reto de fortalecer la transparencia, para que la gente de a pie conozca las acciones de este gobierno, sin tapujos ni obstáculos, porque la corrupción sigue igual y la austeridad republicana es prácticamente un mito. De ahí la importancia de revertir el decreto con el que se dio palo a toda una estructura levantada a lo largo de 25 años, para preservar esta garantía.

López Obrador llenó el Zócalo con sus seguidores o con ciudadanos que genuinamente fueron a escuchar de viva voz su balance de esta primera mitad de gobierno, pero los triunfalismos no valen de nada sobre todo cuando se está en medio del bravo afluente que es México. Son los hechos los que hablan por sí mismos. Por eso será necesario que en adelante se privilegie el diálogo con las fuerzas políticas de oposición, con las que nunca se ha reunido, y sacar ventaja de una retroalimentación que conlleve acciones que faciliten el tránsito hacia una democracia plena, en la que todos podamos decir al final de este sexenio que a México le fue bien.