Piel negra, filtros blanqueados
RacismoMX

Es abogado por la Universidad Autónoma de Yucatán y maestro en psicopedagogía por la Universidad José Martí de Latinoamérica. Su pasión son los derechos humanos, el antirracismo, la educación y la cultura para la paz. Y, sobretodo, ama la mar. Actualmente es coordinador de Investigación en RacismoMX.

Twitter: @OteloDeLaCosta

Piel negra, filtros blanqueados
Foto: Still de Luz de Luna (2016)

In moonlight, black boys look blue.

Moonlight: Barry Jenkins (2016)

No recuerdo desde a qué edad comencé a enfrentar los comentarios sobre el tono de mi piel y apariencia. Probablemente experimenté ese dolor desde que tengo conciencia de mi propio ser. En la primaria surgían los “estás negro porque no te bañas, mugriento”. En secundaria y prepa había más crueldad en sus palabras, eso sí lo recuerdo bien.

¿Cuántosmaldito negro” escuché para mí y para otras personas racializadas durante la adolescencia? No olvidaré nunca la mirada triste de una compañera a la que le dijeron que su color “no era fino”.

Y en la universidad, el racismo se disfrazaba de formas sutiles y muchas veces respaldada por el elitismo académico. Recuerdo a un abogado penalista decirle de forma despectiva y racisclasista a una compañera –basándose en su apariencia– que seguramente ella era del Colegio Nacional de Educación Profesional (Conalep) y que su lugar no era la “prestigiosa” Universidad de Yucatán.

Todas esas palabras, ideas y comentarios racistas provenían de gente blanca cegada por el privilegio, con apellidos no mayas –acaso europeos, acaso no hispanos– y también de gente que a su concepción era más blanca que unx, es decir, desde el blanqueamiento, la triste ficción del “moreno claro”.

¿Cuántas personas racializadas no se odian a sí mismas por no ajustarse al modelo de belleza impuesto por el racismo? ¿Cuántas no detestan su rostro y piel por no ser las de un Chris Hemsworth, una Ester Expósito, un Chris Evans o una Sydney Sweeney?

El racismo está tan enraizado en nuestro pensamiento que desde el jardín de niñas y niños nos enseñan que la única crayola que puede llamarse “color piel” es la rosada, no otras.

Ahora, en tiempos de los filtros de TikTok e Instagram, el blanqueamiento aparece en cada selfie, en cada historia. WEEKND, Honey, Claro y otros son los filtros por los cuales nos queremos blanquear. No juzgo a las personas que los usan, pues estuve ahí y el racismo duele.

Hace poco unxs adolescentes subieron un TikTok en que se ve la comparación entre las personas con el filtro SOFECITO y su corporalidad sin filtro, tal cual es. El video llegó a tener hasta 699 mil 600 likes, pero lo que tenemos que cuestionarnos es la narrativa social que se vierten en los comentarios del video, tales como “rayo desperuanizador”, “el desmexicanizador”, “Cambian hasta de escuela privada a publica” (sic) o “todos son de color humilde”.

¿Cómo se origina todo esto? No puedo evitar sentipensar en un poema de Patricia Arredondo1 que explica mejor este dolor:

La mirada de la madre de mi madre

decía que la mía era una presencia

a la que no deseaba acostumbrarse…

Mi condena fue tener el mismo apodo,

ser llamada por el color de su raza,

que me dijeran eres igualita a ella.

Desde chica desprecié su herencia.

Quise arrancarme o mudar de piel,

la mía me llenaba de vergüenza.

Ese deseo no se ha ido del todo,

ahora me blanqueo la piel en las fotos,

y el fantasma de la vieja viene a reírse:

¿Quién ejerce contra quién el odio?

1 Arredondo, P. (2021). Cancerófoba. Dharma Books, p. 52.