El líder populista
Caleidoscopio

Es licenciada en Ciencias de la Educación, cuenta con la maestría en Terapia Integral Familiar, colabora en varios programas de radio en México y Estados Unidos, así como en el periódico El Imparcial. Da conferencias y cursos, es autora de los libros Atrévete a brillar y Levántate, sacúdete y vuela. Twitter: @deniseramosm

El líder populista
Foto: Especial

El líder populista cree que se le ha dado el poder absoluto y piensa que él puede y debe hacer lo necesario para cumplir con la voluntad del “pueblo”, incluso violar la ley si es necesario, porque la ley no aplica para él.

El líder populista quiere reunir el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial en una sola persona: él y esto lo hace desmantelando instituciones, cambiando la constitución y restringiendo libertades individuales y de comercio de los ciudadanos.

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Él dice una y otra vez que el pueblo manda y asegura ser el representante de todo lo que quiere y necesita el pueblo.

Los líderes populistas prometen un paraíso de bienestar, cero corrupción, sin nepotismo, crecimiento económico, acabar con la desigualdad, terminar con la inseguridad, pero no cumplen nada.

Los líderes populistas toman una parte de la población y la convierten en el enemigo. Entonces de un lado está el “pueblo bueno” y del otro lado están los enemigos del pueblo.

En cada discurso, el populista busca insertar odio en la sociedad y hacer que el pueblo bueno odie a los enemigos del pueblo.

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Los enemigos del pueblo en el caso de nuestro líder populista mexicano son los periodistas que no lo adulan, la clase media que no le rinde pleitesía, los médicos que no quieren que vengan médicos de otro país a quitarles su trabajo, los papás de los niños con cáncer que exigen medicamentos, las feministas que pedimos que no nos maten y que nos cuiden, los neoliberales, los conservadores y hasta los tuiteros que señalamos y cuestionamos.

En cambio, el pueblo bueno son los que lo elogian, los que van a sus mítines a aplaudirle, los que le agradecen por darles dádivas, los que están de su lado.

En cada discurso, el populista repite que es honrado, incorruptible, amoroso y que no dice mentiras.

El objetivo del populista es instalar en la consciencia colectiva de sus seguidores que lo que él hace es lo mejor para todos. Por medio de un adoctrinamiento masivo y constante él refuerza la creencia de que él es el bueno y que los que no están de su lado son los malos.

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De esta forma, el líder logra que sus seguidores, o mejor dicho sus fanáticos le perdonen todo: gasolinazos, inseguridad, estanflación e inflación, falta de medicamentos y acceso a la salud, perdonan todo porque el líder los hace creer que todo lo que está pasando es por culpa de los enemigos, esos enemigos que se inventó desde el principio, la clase media aspiracionista y ladina, los neoliberales, los conservadores, los fifís, etcétera.

Jamás se responsabiliza por los problemas del país, dice representar al pueblo de a pie, a los que menos tienen, pero él vive en un palacio, tiene sirvientes y cocineros que le preparan su comida, anda en Suburban blindada, tiene quien lo cuide y sus hijos viven en Houston. ¿Por qué seguimos creyendo en líderes populistas? Porque seguimos buscando un salvador, un iluminado, alguien que nos rescate, y no falta el estafador que se autodenomina el que viene a salvarnos y votamos por él.

Necesitamos involucrarnos en política, desmentir a los populistas, señalando y repitiendo una y otra vez que si las cosas no están mejorando en el país es porque el líder no está dando buenos resultados.