¿Dónde está el balance entre la vida y el trabajo?

Estudió Ciencia Política en el ITAM. Actualmente trabaja en el área de Sociedad Incluyente del Imco, donde investiga principalmente en temas de educación. Anteriormente trabajó en el Inai, donde diseñó proyectos sobre transparencia presupuestaria en pandemia y gobierno abierto. Twitter: @Martha_CCM

¿Dónde está el balance entre la vida y el trabajo?
Foto: Pixabay

Suena mi alarma a las 7 de la mañana, ya es hora de salir a correr. Pero anoche terminé muy tarde de trabajar, surgió una emergencia en la oficina que me mantuvo ocupada hasta la medianoche. Después tuve que preparar la comida que llevaré a la oficina y lavar los trastes sucios. Me acosté a dormir muy cansada cerca de las 2 de la mañana. ¡Por supuesto que no quiero ir a correr a las 7! Pronto serán las 9 y tendré que estar de vuelta en la oficina.

Esta es la rutina de las personas para quienes la vida gira alrededor del trabajo. Si lo pensamos, no es una locura que esto sea así, pues sin un ingreso ¿de qué manera se le puede hacer frente a todo lo demás? Pero también es cierto que las personas somos más que las tareas que desempeñamos y necesitamos tiempo para atender otras necesidades personales como la salud física y mental, la familia, los amigos, nuestros pasatiempos y el descanso. 

Hablar del balance entre el trabajo y otras actividades es un recordatorio de las carencias que persisten en los derechos de los trabajadores, de las desigualdades en la distribución del trabajo remunerado y no remunerado, así como los problemas de salud que genera esta falta de equilibrio. 

De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), México es de los países que trabaja más horas al año, pero también uno de los que presenta mediciones más bajas de productividad. Además, persiste una distribución desigual de las cargas de trabajo remunerado y no remunerado entre hombres y mujeres, lo que orilla a las mujeres a realizar doble o triple jornada laboral.

Los roles tradicionales de género asignan a las mujeres la labor del cuidado doméstico y a los hombres la responsabilidad de generar ingresos. Si consideramos el trabajo asalariado y el doméstico, cada semana las mujeres trabajan, en promedio, tres horas más que los hombres. Además, destinan el doble de tiempo a labores no remuneradas, incluso aquellas que cuentan con un empleo de tiempo completo. Esta distribución desigual del tiempo tiene múltiples consecuencias negativas para las mujeres: dependencia económica, y problemas de salud física y mental ocasionados por la fatiga laboral o burnout.

En el día nacional del balance trabajo-familia es necesario retomar la conversación y hacer un llamado al gobierno y a la iniciativa privada para cerrar las brechas y mejorar las condiciones laborales de las y los trabajadores. Por ejemplo, a través del cumplimiento de la Norma 035 para prevenir riesgos psicosociales en las y los trabajadores, así como la propuesta de la Comisión del Trabajo en el Senado para ampliar el periodo vacacional pagado de seis hasta 18 días al año y cumplir con el mínimo recomendado por la Organización Internacional del Trabajo.

Las políticas que promueven la integración vida-trabajo son una pieza clave para lograr mayor productividad y bienestar de las y los trabajadores, a la vez que fomentan la incorporación de más mujeres al mercado laboral.