¿El sistema educativo en México es racista?
Poder prieto

Actriz, artista multidisciplinaria, defensora de derechos humanos, docente, orgullosa guerrerense. Licenciada en Arte Dramático por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y estudiante de neuroeducación. Con más de 16 años de trayectoria en teatro y cine, integrante de Proyecto 21, cofundadora de Mina/Taller colectivo de artistas plásticos y Poder Prieto. Amante del cine, el baile y los tacos.

¿El sistema educativo en México es racista?
Foto: Pixabay

El artículo 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos menciona a la educación como un derecho. Esta debe ser laica, gratuita por parte del Estado y, de acuerdo con la última reforma, se considera educación básica hasta nivel medio superior y debe ser obligatoria.

No obstante, en México, la educación formal genera un sistema clasificatorio, es decir, ordena o categoriza a sus estudiantes de acuerdo a sus atributos, en este caso con un modelo cuantitativo, donde una calificación determina si eres bueno, promedio o requieres atención como estudiante. Este es el primer filtro para determinar el resto de tu vida educativa, pues si quieres aspirar a una universidad pública, tendrás que demostrar que el número con el que te calificaron es suficiente para pertenecer al grado al que quieres entrar. Aquí hay que puntualizar que las universidades se quedan con los alumnos de mejor promedio porque es más fácil trabajar con los mejores.

Paradójicamente, este mismo sistema genera una homogeneidad educativa donde todos somos iguales y aprendemos de la misma forma, sin distinciones o requerimientos especiales. Lo anterior resulta en una gran red flag, o quizá más de tres, porque estas alertas comienzan con su modelo educativo. De primera instancia, las escuelas son castellanizadoras: sí, desde que nace la educación en México, todos tenemos que hablar español. Si perteneces a un pueblo originario hablante de una lengua y quieres estudiar, tienes que hablar español.

Esto último lo tomaremos como ejemplo para entender cómo se sectoriza la educación. En México aún existen 68 lenguas originarias y 364 variantes, según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas. En educación básica se considera el español como lengua materna y para incluir a los pueblos originarios se creó la educación indígena (bilingüe y bicultural). Aquí es donde las matemáticas que aprendí en escuela pública no me salen: para preescolar existe solo un libro en una lengua y en primaria hay libros en 11 lenguas con 14 variantes que solo llegan hasta segundo grado, de acuerdo con la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos. Con estas cifras, apenas se cubre el 22.5% del alumnado de educación indígena. Las matemáticas no cuadran, ¿cierto?

Este solo es un ejemplo de lo que le sucede a alguien que pertenece a una comunidad originaria, pero ¿qué pasa si los requerimientos, como estudiante, fueran otros como movilidad, discapacidad, neurodivergencias o neurodiversidad?

Aquí retomaremos nuestro cuestionamiento inicial. Primero, el sistema nos hace creer que todos aprendemos de la misma manera; segundo, miden nuestro desempeño con un número para clasificarnos como productos de alto rendimiento, rendimiento promedio o como rezago social, determinando si somos funcionales para esta sociedad. Esto evidencia un sistema que se encuentra precarizado, que es indolente, con falta de inclusión en su modelo y prácticas educativas, carente de interculturalidad y empatía.

Después de todo este camino recorrido seguiremos preguntándonos: ¿el sistema educativo en México es racista?