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RacismoMX

Es abogado por la Universidad Autónoma de Yucatán y maestro en psicopedagogía por la Universidad José Martí de Latinoamérica. Su pasión son los derechos humanos, el antirracismo, la educación y la cultura para la paz. Y, sobretodo, ama la mar. Actualmente es coordinador de Investigación en RacismoMX.

Twitter: @OteloDeLaCosta

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Foto: Clay Banks/Unsplash

This is very disgusting.

Donald Duck

Mira, la cosa es que nos siguen en todos lados, a todo momento y sin razón. Sentimos la mirada vigilante cuando entramos al Oxxo por un Boing de Guayaba. Notamos que nos siguen alertas cuando vamos a cualquier tienda departamental. Nos siguen incluso dentro de nuestras universidades. Perfectamente detectamos el miedo que tienen cuando estamos caminando por la calle y cruzan a la otra acera para no pasar a nuestro lado. Creen que nuestra piel oscura —nuestra marcaes sinónimo de peligro e inseguridad, pero también de indeseable, de fealdad, suciedad, de podredumbre e inmundicia. Y especialmente creen que nuestra piel es criminal y merece ser borrada; por eso nos perfilan racialmente. ¿Crees que soy un resentido? ¿Crees que exagero? Te recuerdo que hace unas semanas en Querétaro intentaron matar a un adolescente solo por ser indígena. ¿O tu privilegio ya hizo que lo olvides o siquiera supieras de la horrible noticia? El racismo existe en nuestro país. Aunque te incomode este hecho, no lo niegues, porque es una realidad. Y no te estoy culpando a ti, sino al sistema racista.

Te lo digo, el perfilamiento racial es una cruel realidad en México, como en otros países colonizados. Tienes que saber que el término fue usado por primera vez en el mundo el 19 de febrero de 1990 en un artículo del New York Times para describir la práctica sistemática de la policía de New Jersey en la detención de personas negras en el marco de una ley pobremente concebida como un esfuerzo para combatir el tráfico de drogas.

Pero además, la Declaración y Programa de Acción de Durban ha reconocido el problema del perfilamiento racial y le ha definido como “la práctica de agentes de policía y otros funcionarios (sic) encargados de hacer cumplir la ley de basarse en uno u otro grado, en la raza, el color, la ascendencia, o el origen nacional o étnico como motivo para someter a las personas a actividades de investigación”. Es decir, considerar sospechosas a las personas por quienes son, por el aspecto que tienen, el color de su piel, su origen étnico o nacional, su idioma o acento, y no por su comportamiento. 

Me podrás decir: “Oye, Otelo, la ley aplica igual para todas las personas”, pero la realidad es otra. El artículo 17 de la Ley de Migración, por ejemplo, faculta al Instituto Nacional de Migración (INM) para retener documentos de identidad cuando crean que son apócrifas. Así, sin más. Solo por presunciones subjetivas. Así opera el INM, a través del artículo 81 de la citada ley, al establecer los controles migratorios como la revisión de documentos e inspección de medios de transporte.

¿No sabías que la operatividad migratoria está plagada de estereotipos y prejuicios raciales? De hecho, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial en 2019 apuntó que en México hay uso generalizado de prácticas de perfilamiento racial por parte de las autoridades migratorias, las cuales han generado detenciones arbitrarias y devoluciones sistemáticas sin asesoría legal adecuada. 

Y adivina qué: esta afectación la viven no solo las personas migrantes, sino incluso quienes han nacido en México, como el caso AR 275-2019, en que personas mexicanas fueron detenidas por el INM bajo el argumento de “no parecer mexicanas”. ¡Hazme el favor! ¿Qué significa “parecer mexicana”? Por eso, la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró la inconstitucionalidad de las revisiones migratorias en carretera, además de considerar que las autoridades migratorias deben abstenerse de actuar con base en perfiles raciales.

Aún con todo esto, existe la audacia de gente antiderechos de negar —incluso en televisión pública— que exista el racismo en México. Por supuesto, lo niegan porque su privilegio les impide notarlo. Lo niegan porque cuando van al antro, el cadenero siempre es racializado, y la trabajadora del hogar que limpia su casa también. Y especialmente lo niegan porque su piel no es motivo de detención y sospecha.