Elvis: Música y exageración visual
Zinemátika

Escribió por una década la columna Las 10 Básicas en el periódico Reforma, fue crítico de cine en el diario Mural por cinco años y también colaboró en Reflector, la publicación oficial del Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Twitter: @zinematika

Elvis: Música y exageración visual
Elvis. Foto: Cortesía Festival de Cannes

Para bien o para mal, hay cineastas a los que se les conoce por ser monolíticos: cada una de sus películas es reconocible por ciertas características: las grandes explosiones de Roland Emmerich, los personajes neuróticos de Woody Allen, las reflexiones profundas de Ingmar Bergman…

En el caso de Baz Luhrman, director de Elvis, su signo es la espectacularidad y los foquitos. Desde Moulin Rouge hasta El gran Gatsby, sus decorados fastuosos, números musicales y los cortes vertiginosos, como si se pasara de una pista a otra en un gran circo, son toda una seña de identidad.

Cuando uno piensa en la imagen de Elvis Aaron Presley, sobre todo en los últimos años en los que, plenamente instalado en Las Vegas y el sobrepeso, le sumó lentejuelas a su traje cotidiano, todo parece combinar. Pero lamentablemente no es así.

La historia contada en la muy anticipada Elvis nos lleva a una travesía por tres décadas en las que los Estados Unidos cambiaron de forma radical, tanto en lo social como en lo cultural. El inicio, en la década de los 50, nos muestra el encuentro entre un jovencísimo Elvis con el coronel Parker, su impulsor y representante, y a quien se debe en un principio la carrera del rey del rock.

Los flirteos de Elvis con la escena musical negra de Memphis, representada por un jovencísimo B.B. King pero que no se explora a profundidad, los esfuerzos del coronel Parker por cuidar a su “mayor truco jamás vendido” y, en fin, la familia que siempre rodeó al cantante con diversos intereses, son presentados en una serie de estampas inconexas que no llegan a asentarse.

Eso sí, la música está siempre presente y, a veces, demasiado encima de los diálogos, que son escasos, y en los que se repite una y otra vez la misma historia: a la hora ya sabemos lo poco que se sabe de los orígenes de Parker, que Elvis no podía cantar si no se movía, que los conservadores lo veían mal…

Sé que es muy difícil contar la vida de un cantante y que, salvo muy honrosas excepciones como John y June: Pasión y locura, sobre la vida del virtuoso del country Johnny Cash; Bird, sobre el mítico jazzista Charlie Parker o Control, sobre el vocalista de Joy Division, Ian Curtis, siempre se corre el riesgo de convertirse en un videoclip lleno de clichés.

Ese es el pero con la obra de Baz Luhrman: en su afán de querer meter mucho en dos horas y media donde las canciones apagan los pocos diálogos y la aún menor cantidad de historia, la película se siente desbalanceada hacia los primeros años de Elvis y acabada con premura, sin sustancia, a pesar del gran esfuerzo de Austin Butler y Tom Hanks en los papeles protagónicos.

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