Economía de la discriminación
RacismoMX

Es sociólogo de la FCPyS - UNAM y desde hace más de seis años ha trabajado como estratega de comunicación en agencias de publicidad como Havas Creative, MRM-McCann y Leo Burnett México. Actualmente se desempeña como coordinador de Comunicación y Enlace con Empresas en RacismoMX.

TW: @ommi_martinez

La gente es como la basura, hay que separarla: Cadeneros de México”. Así se titula una columna del periodista Óscar Balderas en la que ya analizaba un fenómeno que hoy regresa a estar en centro de la conversación en el país: la discriminación racial en establecimientos de consumo.

En aquel artículo, Balderas hacía énfasis en cómo este fenómeno se experimenta en las entradas de centros nocturnos a través de los llamados “cadeneros”, personajes en los que se deposita el poder y habilidad de leer los cuerpos de quienes asisten al lugar y determinar quién tiene el perfil ad hoc al sitio en cuestión. Balderas llama a estos actores los “operadores de la discriminación” o personas cuya labor (incluso hasta remunerada) consiste en brindar o negar acceso a espacios y servicios a las personas en función de su apariencia física y fenotípica.

El 2 de agosto de 2022, a partir de una denuncia por parte de trabajadores de un restaurante mexicano al que denominaremos SG, recordamos esa situación de la que hablaba Balderas, y es que los “operadores de la discriminación” no solo están en la puerta de los lugares de consumo, también existen dentro de la misma operación de comercios y negocios, al tener criterios discriminatorios en sus procesos de selección y contratación. No solo se trata de los “operadores” sino de algo que está más arriba.

Se trata de lo que también Balderas llama “la economía de la discriminación”, ese pensamiento que parte de la idea de tener mayores ingresos o atracción de más clientes en la medida en que se discrimina a través de acciones como seleccionar y poner a los clientes más “exclusivos” al frente del establecimiento o usar personas que no representan a la mayoría de los consumidores en las campañas publicitarias con el pretexto de ser “aspiracionales” o de que “lo blanco vende más”.

Esta denuncia sobre el restaurante SG tuvo un gran auge y se viralizó en redes sociales, de acuerdo al Racistómetro (instrumento de medición sobre la conversación racial en redes sociales de RacismoMX), se incrementó el volumen de menciones que hablaban sobre racialidad y racismo en el país en un 82%. Algo curioso de este incremento fue que las publicaciones a favor de la inclusión étnica y racial y/o denuncias por haber vivido algo similar fueron más del triple que las publicaciones expresamente racistas, evidenciando la familiaridad y cercanía que tiene la sociedad mexicana con el tema.

Al final, esta economía de la discriminación es un engranaje más en el racismo estructural, reproduciendo y reafirmando prácticas racistas que como consumidores estamos acostumbrados a interiorizar por pensar que son “normales”. El caso de SG no solo expuso las malas prácticas de un grupo restaurantero, expuso el racismo que muchos de nosotros hemos vivido en diferentes contextos, que a lo mejor ya habíamos sentido y que pensábamos estar exagerando.