Morena: el fantasma de la división
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Periodista. Editor de Política en La-Lista.

Morena: el fantasma de la división

El fantasma de la división se instaló en Morena desde hace meses.

Un domingo John Ackerman realiza una “convención” morenista sin la dirigencia, a la que desconoce. Un lunes, Ricardo Monreal acusa “exclusión” como aspirante presidencial. Otro día, Ignacio Mier denuncia a Santiago Nieto. Y así más escenas que podrían titularse: Morena contra Morena.

El partido en el que hasta ahora todo ha sido celebración desde que en 2018 ganó la Presidencia y comenzó a ganar gubernaturas, tendencia que continuó en 2021, 2022, y que podría continuar unos años más, comienza a mostrar ciertas grietas.

Aunque por estatuto están prohibidas las corrientes, éstas afloran cada vez más, conforme se acerca la decisión que puede marcar una vuelta sin retorno para el partido del presidente: la selección de candidato (a) presidencial, el o la sucesora de Andrés Manuel López Obrador.

El factor de unidad sigue siendo AMLO, pero el retiro político de éste -que según ha dicho, comenzará cuando deje la Presidencia en 2024-, y la falta de otra figura que unifique a todo el movimiento, ha provocado que diversos actores se aglutinen en torno a alguno de los presidenciables o figuras con poder.

Es lo que hizo incluso el propio hermano de AMLO, José Ramiro, quien el fin de semana pasado, junto con un grupo vinculado a Javier May en Tabasco, anunció su apoyo a Claudia Sheinbaum.

La decisión le costó a su grupo político, pues seis eran funcionarios del gobierno de Tabasco, el mismo que dejó Adán Augusto López para ser secretario de Gobernación. Seis de ellos fueron despedidos luego del anuncio de que apoyarían a la Jefa de Gobierno y no a Adán.

Hasta ahora, ninguno de los presidenciables se ha atacado directamente, pero los seguidores de éstos sí han comenzado a escalar en el clima de confrontación. Lo que pasó en las elecciones internas del partido es un botón de muestra de hasta qué punto se han caldeado los ánimos.

Será tarea del candidato o candidata presidencial, y en su momento de una nueva dirigencia, de restañar las heridas y conservar la fuerza del partido, que si bien en buena parte se debe al presidente López Obrador, otra se debe a la cantidad de personas que militan con la causa.

El fantasma de la división podría irse hasta el siguiente año de Morena, ya con la definición de la candidatura presidencial, si logran que todos los que aspiraban a ella se queden dentro.

O también ese fantasma podría quedarse para siempre, hasta empujar a las personas cuya causa era que AMLO llegara al poder, a renunciar a un partido, sobre todo si éste comienza a parecerse a los de enfrente y replica las prácticas que antes juraron combatir.

Espejos rotos. En el PRI ya saben que sin alianza, la derrota en el Estado de México es casi segura. Ahora a ver qué le ofrecen al PAN para que baje a su cuasi candidato, Enrique Vargas, quien según encuestas no tiene posibilidad alguna.