Toda la sangre
Archipiélago Reportera cultural egresada de la ENEP Aragón. Colaboradora en Canal Once desde 2001, así como de Horizonte 107.9, revista Mujeres/Publimetro, México.com, Ibero 90.9 y Cinegarage, entre otros. Durante este tiempo se ha dedicado a contar esas historias que encuentra a su andar. Twitter: @campechita
Toda la sangre
Foto: Captura de pantalla

“La emoción más antigua y más fuerte de la humanidad es el miedo, y el miedo más antiguo y fuerte es el miedo a lo desconocido”, H. P. Lovecraft.

Se dice que el miedo y el hambre son alertas de sobrevivencia, sensaciones que el escritor mexicano Bernardo Esquinca ha explorado por igual y de ahí que haya afinado la pluma para que en sus libros cada página derrame un horror que se percibe cercano, real.

Así sucede con Belleza roja, publicado por el Fondo de Cultura Económica en 2005. Es un libro oscuro y retorcido que redefine los cánones de belleza a partir de un fotógrafo de nota roja y una clínica de belleza que se sale de los estándares. En 2008 publicó en Almadía Los niños de paja, relatos que abrazan lo inexplorado, el terror y a un espantapájaros que protege los secretos de unos niños que más vale no encontrarlos cuando una anda sola.

Hay otros títulos como Demonia, que en sus nueve relatos presenta seres que anticipan desgracias, personajes siniestros que torturan a niños con técnicas del siglo XV. Es de esos libros que no son para cualquier lector, ya que requieren estómago para mantener la lectura. De 2011 nos pasamos a 2014, año en el que se editó Mar negro, colección de cuentos que, a través de misterios y hazañas poco plausibles, nos sorprende con personajes como una muñeca maldita que esconde un secreto rojo debajo de su vestido, mutantes, zombies y asesinos que deambulan en el otrora DF. Son historias que nos revelan que el miedo a lo desconocido puede ser un recuerdo de otra vida que se grabó en el inconsciente o bien un aviso de eso que nos avergüenza siquiera pensarlo y que más vale que siga ahí.

Con otros títulos en su haber, el tapatío Bernardo Esquinca, nacido en 1972, se animó a entrar al género policiaco y dio forma a la saga Casasola. En ella, a diferencia de los personajes típicos, Esquinca no echa mano de un detective, sino de un periodista de la sección cultural que, por esas cosas de las redacciones, cambia de buenas a primeras de fuente y lo mandan a cubrir la nota roja.

La primera entrega es La octava plaga, en este libro la antagonista de Casasola es una asesina de moteles y entre el instinto periodístico y que tiene sueños reveladores, la trama se desenvuelve entre posesiones, fantasmas y la Ciudad de México. La segunda parte es Toda la sangre, historia que se vuelca sobre un asesino que emula rituales aztecas, por lo que involucra a arqueólogos, una policía y las cicatrices del Centro Histórico que cada tanto revela un nuevo capítulo de esas muchas vidas que le han tocado acoger entre sus calles. En este libro, Esquinca se adentra en un apartado de nuestra historia que incomoda por los sanguinario y siniestro.

El tercer libro de la saga es Carne de ataúd, un viaje al porfiriato, tiempo en el que nuestro país vive una trasformación y, a pesar del augurio de bonanza, también surgen personajes sin alma como el “Chalequero”, un asesino serial que tiene aterido al México de esa época, que bien podría ser de la nuestra, solo que con el traje de narcotraficante o feminicida.

Inframundo es el cuarto libro de la saga. Aquí volvemos a tener a Casasola al centro de la trama, solo que ya se nota cansado y más porque descubre que es portador de una maldición, la cual al parecer tiene que ver con quien fuera astrólogo de Hernán Cortés.

Se dice que hay un quinto libro, pero de ese no hay mayor referencia, lo que sí es que los cuatro libros llamaron la atención de Martí Fremantle y Zasha Robles, quienes después de devorarlos y aguantarse el miedo buscaron a Bernardo Esquinca para trasladar la saga a una película. Finalmente por la riqueza de los personajes se decidió que fuera una serie de 10 capítulos que ya pueden ver por episodios o de un jalón en Starzplay en Latinoamérica o bien en Pantaya en Estados Unidos.

La adaptación les llevó año y medio de desarrollo y realización en medio de la pandemia. Los roles principales recaen en los actores Aaron Díaz y Ana Brenda Contreras, en tanto la dirección fue un mano a mano entre Luis Prieto y Hari Sama. Son un conjunto de personas y factores que entre el suspenso, el terror, el género negro y los libros dan como resultado una producción redonda que abre la puerta a ese género que Rafael Bernal, Amparo Dávila o Francisco Tario nos legaron en la literatura, pero en el cine y ahora las series se suele quedar a medio camino o bien dan más risa que miedo.

Si son de los que quieren conocer la historia completa, busquen la saga Casasola en almadiaeditorial.com o en su librería de confianza.