Hipocresía del consumidor
HÍBRIDO

Como crítico de cine y música tiene más de 25 años en medios. Ha colaborado en Cine Premiere, Rolling Stone, Rock 101, Chilango, Time Out, Quién, Dónde Ir, El Heraldo de México, Reforma y Televisa. Titular del programa Lo Más por Imagen Radio. Twitter: @carloscelis_

Hipocresía del consumidor
Foto: Serie Dahmer / Netflix.

El público también puede equivocarse. En medios de comunicación existe una regla no escrita que dice que nunca hay que echarle la culpa al público, quizá por respeto al espectador o quizá por temor a perder audiencia. Pero es un error, porque también hay que hacer responsables a los consumidores cuando sus hábitos de consumo están afectando cualquier ecosistema, incluso el cultural.

Hay programas, películas, series y espectáculos que son grasa para el cerebro, diabetes para el arte. En ese sentido, Netflix es como el McDonald’s de la cultura: nos hace daño, pero también nos encanta. Ante esto, los críticos pueden llegar al extremo de insultar al público por lo que elige ver, tildándolos de ignorantes de una y mil maneras terriblemente condescendientes. Esto tampoco está bien.

Al público no hay que idealizarlo, pero tampoco satanizarlo. Los críticos de cine tienden a subestimar a quienes no están de acuerdo con sus opiniones y a sobreestimar a quienes les dan la razón en todo. Este tipo de comunicación no es sana para el ecosistema cultural y se ha vuelto aún peor con el apogeo de las redes sociales, donde no existe un árbitro y ya se perdió todo, desde el respeto hasta el sentido común.

Pero algo que sí vale la pena hacerle notar al “respetable” público sobre sus recientes hábitos de consumo es la doble moral, porque los productos culturales con más éxito de las últimas semanas tienen en común el sensacionalismo, la violencia, el morbo, y sí, los juicios morales disfrazados de falsa indignación.

De acuerdo con el testimonio de una persona que trabaja para Netflix en México y que pidió mantener el anonimato, la serie Dahmer, sobre el asesino en serie y caníbal Jeffrey Dahmer, está a punto de alcanzar los mismos niveles de audiencia que El juego del calamar, lo que la convertiría en otro de los mayores éxitos de esta plataforma en nuestro país. La empresa prefiere mantener esto en secreto para apaciguar las críticas que la serie ha recibido de ciertos sectores del público y de activistas a favor de los derechos humanos.

Pero la realidad es que el público, a pesar de hacerse el ofendido, la está viendo, y aunque esto ya no se comenta en redes sociales donde Dahmer ha dejado de ser la comidilla de la semana, en Google, que ha vuelto visibles sus trending topics, Jeffrey Dahmer no ha dejado de ser uno de los temas más buscados desde que la serie estrenó hace tres semanas. Netflix sabe el éxito que tiene entre sus manos y ha dejado que sea el propio público quien la recomiende de boca en boca.

Algo similar sucede con Blonde, la película sobre Marilyn Monroe basada en la novela de la escritora Joyce Carol Oates; un infierno pleno de abusos, violencia gráfica, tortura y humillación, que durante 2 horas y 46 minutos despedaza la imagen de la rubia de Hollywood a través de sucesos imaginados por la escritora, es decir, un trabajo de ficción que muchos han creído que está apegado a la realidad, quizá porque Netflix nunca se tomó la molestia de aclararlo.

La película llegó al número uno de lo más visto durante su fin de semana de estreno y ahí se quedó en los días posteriores, a pesar de los reclamos de diversas organizaciones, de aliados feministas y de mujeres en la crítica… algunas, porque no hay que olvidar que también hay mujeres machistas en la crítica, y mujeres conservadoras entre el público que ahora ven en Blonde la confirmación de que a Marilyn Monroe le fue mal en la vida por promiscua sexual y por abortar bebés. Incluso, Planned Parenthood, la organización que ofrece servicios de salud reproductiva en Estados Unidos, criticó fuertemente a esta película por contribuir a la propaganda antiaborto.

Blonde encontró a su público entre una mezcla muy bizarra de personas con doble moral y críticos con doble discurso. No se puede explicar de otra forma que las mismas personas que se escandalizan con las fake news, que dicen estar a favor de la interrupción del embarazo como un derecho de la mujer y que presumen de estar en contra de la violencia machista, puedan al mismo tiempo recomendar una película que explota el drama de una mujer a través de un recuento de sucesos falsos.

Acerca de este tipo de individuos que ostentan superioridad moral, el controvertido psicólogo clínico, Jordan Peterson, opinó recientemente en una entrevista con el también polémico Piers Morgan que “un matón fascista es mucho más franco que un compasivo narcisista”. El doctor derramó una lágrima cuando el comunicador le recordó que la directora de cine, Olivia Wilde, lo comparó con un villano y lo llamó un pseudointelectual de derechas que influye en otros hombres blancos para oponerse al feminismo.

Sin embargo, la película de esta directora, Don’t Worry Darling, es otra producción que se ha beneficiado con el morbo y que atrajo a los espectadores con chismes y escándalos sobre su actriz, llegando así al número uno de la taquilla internacional. De acuerdo con una encuesta realizada por la publicación Variety, hasta 29% del público en Estados Unidos admitió haber visto esta película porque los rumores aumentaron su curiosidad.

No queda claro cuál situación es peor, si la hipocresía del consumidor que dice tener altos estándares morales pero que está enganchado con la sordidez de ciertas producciones, o la hipocresía de los artistas y generadores de contenido que fingen indignación cuando se les señala por crear productos y conversaciones tóxicas.

Pongan ahí a la escritora Joyce Carol Oates y a los críticos que salen en su defensa, argumentando que su novela, Blonde, no es una biografía, mientras que ella defiende la película de Andrew Dominik como si se tratara de los mismísimos diarios de Marilyn Monroe. Tampoco es como si su novela estuviera escrita en piedra, ya que cuando se publicó fue criticada por las mismas razones que hoy se critica a la película.

Por su lado, Dahmer no es la única historia que trata sobre asesinos y caníbales en la actualidad. Discovery Plus lanzó House of Hammer, el documental sobre el actor Armie Hammer, acusado de abuso sexual y fetichismo caníbal; FX transmite la serie The Patient, sobre un asesino serial que quiere mejorar con psicoterapia; y el director Luca Guadagnino recorre los festivales más importantes del mundo con su nueva película, Bones and All, una visión romántica sobre un caníbal interpretado por Timothée Chalamet. 

Resulta sumamente incongruente que ahora este director reclame a la opinión pública que comparen su película con el caso de Armie Hammer, cuando fue precisamente él quien lo consagró como actor a pesar del historial de violencia y corrupción de su familia, y cuando la película donde lo hizo su protagonista, Call Me By Your Name, también romantizó el abuso sexual, con una historia “de amor” entre un hombre adulto y un niño… qué cosas tiene la vida.

BREVES

Inicia la temporada de Halloween y esto se refleja en las salas de cine, donde la Cartelera embrujada de Cinépolis estrenará películas como Muerte Muerte Muerte (6 de octubre) y Halloween: La noche final (13 de octubre), mientras que los Clásicos de terror de Cinemex traen de vuelta títulos como DráculaLa cosa y Poltergeist, desde el 6 de octubre.

A Netflix también ha llegado el ambiente de celebración y el 7 de octubre estrena la esperada serie The Midnight Club, del productor Mike Flanagan (The Haunting of Hill HouseMidnight Mass) y además lanza la película Mr. Harrigan’s Phone, basada en una historia de Stephen King, con las actuaciones de Jaden Martell (It) y Donald Sutherland.

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