Lula renacido
Perístasis

Director del Seminario de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la UNAM, socio de la firma Zeind & Zeind y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Twitter: @antoniozeind

Lula renacido
2 de octubre, 2022. Lula da Silva saluda con una sonrisa a sus partidarios. Foto: Ernesto Benavides / AFP

El pasado domingo se celebraron elecciones generales en Brasil y con ellas se buscaba elegir a las personas que ocuparán la titularidad de la presidencia y de la vicepresidencia, así como a aquellas que formarán parte del Congreso Nacional y algunos otros cargos importantes.

Con un balotaje o segunda vuelta previsto en sus procesos electorales, el poco más del 48% obtenido por Luiz Inácio Lula Da Silva no fue suficiente para que se le declarara vencedor de la elección. Para no tener que acudir a la segunda vuelta y ganar desde la primera, las leyes electorales ordenan en aquel país que el ganador debe reunir más del 50% de los votos.

Frente a Lula contendió Jair Bolsonaro, actual presidente de Brasil y que, de acuerdo con las encuestas, obtendría una votación por debajo del poco más del 43% que alcanzó, lo cual sumado a la previsión de que incluso no sería necesario acudir a la segunda vuelta debido a la que podría ser una victoria contundente de Lula, ha demostrado una vez más lo poco confiables que pueden ser las encuestas. A continuación, se tendrá que realizar otro proceso electoral el próximo 30 de octubre, mismo que una vez conocidos los resultados del pasado domingo, será de pronóstico reservado.

Actualmente, este país sudamericano es el más grande territorial y económicamente de Latinoamérica, lo cual hace que lo que suceda ahí sea relevante para todos los países de la región. Por otra parte, los problemas que hoy tiene Brasil pueden verse reflejados también en los demás países latinoamericanos, particularmente la profunda polarización que es derivada de una pronunciada desigualdad histórica. 

Es así como en esta lucha por acceder al poder se encuentran contrapuestos dos proyectos diametralmente opuestos: por un lado, el de derecha promovido por el actual presidente Bolsonaro y su Partido Liberal y, por el otro, el de izquierda auspiciado por Lula Da Silva y su Partido del Trabajo.

Llama la atención el caso de Lula Da Silva, quien cuenta con una larga carrera política iniciada desde el mundo sindical y que ha hecho que buena parte de su proyecto gire en torno al combate a la pobreza por medio de elevadas inversiones en gasto social. Programas sociales, como Bolsa Familia, le valieron desde la implementación en sus dos periodos de gobierno desde 2003 y hasta 2010 de un gran reconocimiento internacional, pues al tratarse de transferencias monetarias condicionadas (al cumplir con requisitos relacionados con la salud y educación, la familia respectiva podría acceder a los recursos entregados de manera directa por el gobierno), su eficacia fue real y la reducción de la pobreza fue tangible. 

También los precios alcanzados por las materias primas, de las cuales Brasil cuenta con importantes niveles, contribuyeron a que la estabilidad económica de aquel país durara un tiempo prolongado y a que naciera una nueva clase media que incrementó de manera importante el consumo interno.

A pesar de lo anterior, el proyecto de Lula comenzó su declive cuando durante el gobierno de su sucesora y candidata favorita Dilma Rousseff, con la Operación Lava Jato, salieron a la luz diversos hechos que revelaron una de las mayores tramas de corrupción jamás vistas, llegando incluso a la destitución de Rousseff. De igual manera, el costo para Lula Da Silva fue alto, pues ello lo llevó a ingresar a prisión durante 20 meses en un hecho que hizo declinar su popularidad e incrementar su desprestigio, significando esto en condiciones normales la muerte política de cualquier persona.

No obstante, luego de salir de la cárcel en 2019, Lula emprendió una nueva aventura con el objetivo de conquistar de nuevo el poder presidencial en un hecho inédito en el que su historia de lucha y el apoyo de un sector muy particular de la población lo han llevado a estar a solo unos pasos de hacerlo, ello a pesar de la serias dudas que subsisten sobre su probidad en lo personal, y sobre la viabilidad de un proyecto particularmente oneroso en una sociedad brasileña con diferentes características a la que encontró en 2003.

Es cierto que el renacimiento existe y Lula es prueba viva de ello.

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