Norma Piña hace historia en la Suprema Corte de Justicia
Libertad bajo palabra

Periodista y abogado con más de 33 años de trayectoria. Reportero, comentarista y consultor experto en temas jurídicos. Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo 2011. Especialista en el Poder Judicial de la Federación y analista político. Twitter: @jenroma27

Norma Piña hace historia en la Suprema Corte de Justicia
El pleno de la SCJN elige a Norma Lucía Piña como presidenta de la SCJN. Foto: SCJN.

El año comenzó bien en la Suprema Corte de Justicia, una carrera judicial de más de 30 años fue coronada con la decisión histórica de darle a una mujer la titularidad del Poder Judicial de la Federación. Con méritos propios la Ministra Norma Piña Hernández, originaria de la Ciudad de México y egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, se convirtió por elección de la mayoría de sus pares en Presidenta del Tribunal Constitucional y el Consejo de la Judicatura Federal.

La votación rompió barreras que parecían inalcanzables en una institución masculinizada en la que sólo 14 mujeres han logrado ser ministras y que con el tiempo ha logrado dar pasos contundentes en la equidad de género. Lo ocurrido en el pleno donde 7 de los 11 sitiales son ocupados por hombres, es un salto sin precedentes que reivindica a las mujeres juzgadoras y la carrera judicial tan desdeñada por algunos en los últimos 4 años. 

Tomé unos días de vacaciones durante la última quincena del año pasado y fue en ese lapso donde una turbulencia inédita sacudió el proceso de sucesión en la Corte, me han pedido que aborde el tema, pero me parece repetitivo hasta el hartazgo referirme al escándalo en que se ve envuelta la Ministra Yasmín Esquivel Mossa. La trama del presunto plagio de su tesis profesional de licenciatura debe leerse obligadamente en el contexto del proceso de sucesión del Ministro Arturo Zaldívar, porque en los temas que involucran al poder no existen las coincidencias. Respeto profundamente a Guillermo Sheridan como para poner en duda su honorabilidad que está fuera de toda discusión, su investigación y el resultado es incuestionable. El asunto dista mucho de estar concluido y además impacta a la Máxima Casa de Estudios, al grado que el Rector Enrique Graue tuvo que pronunciarse horas antes de la elección en la Suprema Corte para anticipar el sentido de la conclusión final del caso.

La defensa vehemente desde Palacio Nacional terminó siendo contraproducente para la togada que consideró necesario fijar postura antes de la votación, consciente de que la crisis había aniquilado sus posibilidades. 

Entrar a también al juego del ábaco para señalar los votos de los integrantes del pleno para exhibir sus apoyos me parece irrelevante a estas alturas, me quedo únicamente con la mención de la decisión de Esquivel Mossa que en la tercera y definitiva ronda de votación dio su apoyo a la ministra Piña para desempatar el 5-5 con Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, lo que mostró cierto ánimo de revancha hacia Zaldívar.

Todo este contexto no debe, ni puede ensombrecer una decisión luminosa del Máximo Tribunal para fortalecer su autonomía e independencia. A pesar de los intensos manoseos externos que suelen ser grotescos, a muchos se les olvida lo elemental, se trata de una elección entre 11 y la del lunes 2 de enero de 2023 se convirtió en una bocanada de oxígeno que sostiene la esperanza de preservar a un Poder equilibrador ante un presidencialismo asfixiante que desprecia la ley e insulta sin reserva a los juzgadores federales que salvaguardan la Constitución.

Norma Piña es con justicia reconocida por una carrera judicial intachable de más 34 años, además de abogada y doctora en derecho es educadora. Su estilo es discreto, no le agrada el protagonismo, conoce perfectamente la estructura, los vicios y virtudes de la institución que ahora encabeza. Fue electa ministra en el Senado de la República el 10 de diciembre de 2015 para ocupar la vacante de Olga Sánchez Cordero, con quien curiosamente trabajó en ponencia como una de sus secretarias de estudio y cuenta.

Sus equipos de trabajo como jueza de distrito, magistrada de circuito y ministra la reconocen por sus formas rigurosas para estudiar los asuntos y atender a las partes en conflicto. Sus decisiones no han sido cómodas para la llamada 4T, con argumentos jurídicos ha negado la razón a quienes con conocimiento de causa han pretendido soslayar la Carta Magna. 

Sus colegas en el pleno y en particular los más cercanos como Javier Laynez la reconocen como una jurista de una sola pieza que se distingue por su congruencia al presentar proyectos de resolución, defenderlos y votarlos.

La nueva presidenta de la Corte tomará en cuenta al pleno para las decisiones de gobierno interno, goza del reconocimiento y respeto de juzgadoras y juzgadores a nivel nacional. Su elección ha sido muy bien recibida en el sector especializado, en las barras y colegios de abogados más importantes del país y también en el sector académico.

Es importante destacar las emocionadas expresiones durante su primer pronunciamiento como presidenta del Máximo Tribunal.

“Transitamos de buscar ser elegidos a decidir a quién elegir; el panorama ha sido incierto hasta el último momento; la incertidumbre es un presupuesto de la libertad, dialogamos, discrepamos, construimos, finalmente, decidimos”.

Considera que la decisión que la favoreció arrincona la cultura patriarcal que ha prevalecido en el Poder Judicial de la Federación y en general en el país. 

“Les agradezco la congruencia a mis compañeras y compañeros, reconozco la importantísima determinación de la mayoría de este tribunal pleno, de romper lo que parecía, un inaccesible techo de cristal, me siento acompañada, respaldada, acuerpada por todas ellas, por todas nosotras”.

¿Cuáles son los principales retos que de inmediato tendrá que enfrentar Piña como cabeza del Poder Judicial con sus casi 50 mil empleados en todo el país?

No alcanzaría este espacio para responder. Se trata de una labor titánica que exige un equipo sólido, diagnóstico, desgaste, valentía y mucha energía para crear un gobierno judicial incluyente, experimentado y honesto que erradique el influyentismo y combine mano dura contra el abuso, además de sensibilidad para atender a quienes han sido perseguidos o desplazados por las pugnas internas de grupos enquistados en el privilegio de las decisiones. 

Se requiere más acción y menos discurso, comunicar sin exclusiones, ni trivialidades; recorrer los circuitos judiciales, escuchar e intercambiar, sacudir burocracias anacrónicas que persisten, consolidar medidas contra la corrupción y el nepotismo. 

Se deben potenciar las herramientas tecnológicas, atender mejor a los justiciables, reducir el rezago y acortar los tiempos de atención de los asuntos. Realmente hacer más con menos. La presidenta Norma Piña conoce bien la realidad de los juzgados y tribunales federales (en total 950 órganos jurisdiccionales) y la necesidad de cauterizar heridas profundas abiertas durante el cuatrienio inmediato anterior. Gobernar con rigor y eficacia en el Consejo de la Judicatura Federal. 

Hacia afuera, una relación de sana distancia con el Ejecutivo basada en el respeto, pero enérgica para corregir las omisiones ante las descalificaciones y la persecución. Andrés Manuel López Obrador pondrá a prueba la tolerancia de la Presidenta de la Corte, quien ha dicho desde el atril mañanero que por el momento no ve condiciones para una reforma judicial, pero en ocasiones el no en política es una advertencia inminente.

Nadie desea una era de confrontaciones, pero es necesario cambiar complacencia por reacción institucional cuando es imperativo marcar distancias contra el abuso que vulnera la división de poderes. Los juzgadores que han resuelto en justicia contra los intereses del régimen anhelan un golpe de timón para recibir respaldo y solidaridad. 

El Poder Judicial de la Federación será más fuerte con autocrítica y unidad para hacer prevalecer a la institución por encima del culto a la personalidad y el protagonismo hueco que no corresponde a la función jurisdiccional.

Enhorabuena por la Corte, hay esperanza para fortalecer al Poder del equilibrio en una era de excesos, ignorancia, populismo, demagogia y visiones autoritarias que tratan de imponer una sola forma de pensar.

México necesita una Corte sólida que haga respetar su autonomía e independencia a base de resoluciones transparentes para corregir el desdén por el imperio de nuestra Constitución.  

EDICTOS

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