La jornada electoral inicia en

Se perdió la etiqueta en el vestir
HÍBRIDO

Como crítico de cine y música tiene más de 30 años en medios. Ha colaborado en Cine Premiere, Rolling Stone, Rock 101, Chilango, Time Out, Quién, Dónde Ir, El Heraldo de México, Reforma y Televisa. Titular del programa Lo Más por Imagen Radio. X: @carloscelis_

Se perdió la etiqueta en el vestir
Arte: La-Lista

Hace mucho calor, ¿verdad? Y con este clima sólo se antoja vestir cómodamente y con prendas frescas. La moda y los códigos de vestimenta se han convertido en daño colateral del cambio climático, y no podemos culpar a nadie por tratar de sobrevivir a fenómenos meteorológicos tan extremos como las olas de calor o las tormentas solares.

De acuerdo, se puede estar cómodo sin perder el estilo, aunque esperar un esfuerzo extra de la gente ya es demasiado pedir. No todos conocen las reglas de etiqueta, ni saben de moda, ni tienen buen gusto y, mucho menos, cuentan con un presupuesto para guardarropa. En pocas palabras, no todos tenemos esa gran virtud llamada estilo.

Apenas hace unos días se realizó la tradicional Met Gala en Nueva York, donde los outfits son cada vez más absurdos, pero ahí se trata precisamente de una pasarela para celebrar a la industria de la moda, donde todo se vale y donde se pone mayor énfasis en la alta costura. Dicho esto, de poco sirve que el evento sea tan popular en redes sociales porque no funciona como un referente para la moda del día a día.

Creo que para el ciudadano de a pie, el declive empezó con la aparición del Activewear. Ya saben a qué me refiero, a esa gente que parece que salió a correr por la mañana y ya no se quitó la ropa deportiva, o esas personas que por su aspecto poco saludable es evidente que no pagan una suscripción al gym, pero de todas formas usan lycra como si vivieran en un Smart Fit. Las cosas por su nombre, eso es ser fodongos.

Pero también es cierto que las “fachas” hace rato que se oficializaron como moda, con tendencias como el Athleisure y el Health Goth, y sobre todo tras el confinamiento por la pandemia, pues la gente se acostumbró a vivir en pants por tanto tiempo, que cuando empezamos a salir otra vez ya nada fue igual. Me parece que el último clavo en el ataúd del refinamiento lo puso esa tendencia conocida como Quiet Luxury, porque si ya ni los ricos se quieren ver como ricos, ¿quién dará el ejemplo?

Pensemos un momento en los políticos, ¿podríamos tomarlos como referentes de la moda? ¿De verdad hay alguien que se distinga por cómo viste durante esta campaña electoral en México? Yo no soy experto, pero en mi humilde opinión, tan solo en lo que se refiere a los debates me parece que los candidatos no quieren proyectar nada, aunque eso es intencional. Si acaso pretendieran expresarse a través de la ropa, sólo sería para mostrar “respetabilidad” o confianza, y eso es tremendamente aburrido, además de un absoluto desperdicio de comunicación.

Si nos vamos atrás en las opciones de guardarropa de los candidatos, empezaría por decir que a mí nunca me ha gustado el recurso de la mujer política que viste indumentaria tradicional mexicana. Desde Beatriz Paredes en su momento, pasando por Xóchitl Gálvez y aterrizando en Clara Brugada, lo encuentro poco sincero. Sabemos que antes de convertirse en presidenciable, Claudia Sheinbaum no ponía esfuerzo en su aspecto, pero hay que aceptar que sus encargados de styling ahora le echan muchas ganas cada día.

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Con los hombres debo empezar por decir que el único que proyecta esa tan deseada respetabilidad es Salomón Chertorivski, y me basta con ver los carteles que le diseñaron. A Santiago Taboada le está fallando algo con ese look de conquistador español. No entiendo el afán de dejarse el cabello largo -y relamido- o la barba de días, porque no se ve pulcro. Pero rasurarse ya no es una opción, pues se vería como un niño envejecido. En cuanto a Jorge Álvarez Máynez, no importa lo que haga, esa sonrisa distrae demasiado.

Entonces, ¿hacia dónde volteamos? Los extranjeros que se han asentado en México trajeron con ellos lo peor de la moda. Sus fachas ni siquiera son innovadoras, son el mismo Aesthetic que los mexicanos ya habían tomado de las redes sociales. La única diferencia es la percha, porque es un hecho que la diversidad genética entre los expatriados es amplia y varios de ellos no necesitan esforzarse para lucir bien con cualquier “garra”.

Pero los mexicanos tienden a adoptar las peores costumbres, como elevar las sandalias Birkenstock a artículo de lujo o copiarles a los descamisados que se broncean mientras practican running, o que van al Foro Lindbergh a tomar el sol como si fuera una playa. Sí, ya sabemos que las sandalias no solamente son para la playa, pero muchos primero tendrían que aprender sobre las bondades de una buena pedicura.

En lo personal, siempre he estado en un punto intermedio entre lo “pandroso” y lo estiloso. Me identifico con tendencias como el Normcore y lo considero mi estilo personal que, siendo honestos, de original y personal no tiene nada, pero así es como la gente ya me identifica y me siento más yo de esta forma que tratando de copiar un total look del aparador de Zara, o como a mí me gusta decirlo, “ajustarse a un disfraz”. Todos nos disfrazamos, pero hay gente que le pone demasiada enjundia al suyo.

¿Y las personalidades de los medios de comunicación? Cuando eres el titular de un noticiero o la conductora de un programa matutino, siempre habrá quien quiera patrocinar tu vestimenta, pero no importa tanto porque ellos ganan suficiente para comprarse la ropa que quieran. Lo raro es que, incluso en ese nivel, hay personalidades como Carlos Loret de Mola, que luce como si llevara un mes de juerga y ya se parece a los “caquitos” de Chespirito. Como bien dice el refrán, el hábito no hace al monje (aunque sea Armani).

Con los influencers pasa algo similar porque fuera de aquellos que se dedican específicamente al tema de la moda, lo que vamos a encontrar en sus videos de TikTok y YouTube es toda la gama del fast fashion. Sabemos que hay gente bien vestida en México, pero no tiene caso hablar de los verdaderos fashionistas porque son la excepción a la regla. Se supone que algo de la moda también debe filtrarse de las pasarelas a la persona común.

Hace años, cuando empecé a trabajar en la televisión, pronto me di cuenta que yo iba a tener que costear mi propio guardarropa o conseguir marcas patrocinadoras, por lo que decidí que si el sueldo no servía para comprar ropa decente mejor no hacía televisión. Incluso hoy, me da ansiedad ver a colegas de los medios echándole ganas al disfraz cuando sé que sus empleadores no absorben ese gasto.

Tal vez por eso muchas empresas ya están relajando sus códigos de vestimenta. Antes, se les hacía fácil exigirle a su personal que vistiera de cierta forma. ¡Pero por favor!, si no pueden pagar salarios dignos ¿cómo van a pedir que gastemos en moda? Hace un par de años, incluso a mí se atrevieron a criticarme en la redacción de un periódico, pero no puedo tomar en serio a quien no sabe distinguir entre Normcore, Quite Luxury o Coquette.

Aún así, y asumiéndome como un “pandroso”, yo mismo me asombro ante los niveles de descuido a los que los mexicanos podemos llegar, sobre todo en el espacio laboral. Tratemos -y me incluyo- de sobrellevar el calentamiento global (y la inflación) sin perder el estilo Y si vamos a tomar algo de los extranjeros, que por favor no sea lo más horrible. Como ya lo he tratado de explicar, la moda es un tema que siempre me ha interesado, pero cuando algo te interesa lo respetas y no te pones a jugar con fuego.

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BREVES

Latido, la nueva película con Marina de Tavira, estrena el 9 de mayo en la plataforma de Prime Video. Se trata de otra historia que roza con el tema de la gestación subrogada, pero lo hace de manera respetuosa y sensible.

El Festival Internacional de Cine y Comedia, 24 Risas x Segundo, continúa hasta el 12 de mayo en distintas sedes de la Ciudad de México. Checa su programación aquí.

*Para más información sobre las películas y series comentadas cada semana, visita mi perfil en Letterboxd.

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