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De México a Canadá: 120 perros vuelan para ser adoptados por una familia

Rescatistas de la Ciudad de México se organizaron para rentar un avión y mandar perros abandonados a Montreal, donde 80 ya tienen familia esperándolos.

Foto: Alexa Herrera / La-Lista

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No tienen alas, pero el sábado 15 de mayo decenas de animales volaron a Canadá. Se trata de 120 perros de la Ciudad de México que llevaban años en adopción y, al ver que en el país no encontraban un hogar, se mudaron. De ellos, 80 aterrizaron con una familia que ya estaba esperándolos.

“Publiqué las fotos de dos cachorritos negros, hermanos, y recibí dos solicitudes de adopción de Montreal. Pensé que no se habían fijado que eran de México”, explica Elena Alos, la rescatista que organizó la adopción internacional. 

El día del vuelo empezó temprano. A las 4 de la mañana en la banqueta de la entrada de la Casa del Mestizo, el refugio desde donde salieron los perros. No se podía circular. 

Alos entraba y salía de la casa con un bloque de hojas con las fotografías de cada perro y el número de la jaula en la que viajaban. Vecinos en pijama salieron a curiosear. Rescatistas de diferentes organizaciones de la capital acudieron a dejar a los perros que ellos entregaban a Canadá, como Adopciones Greta o Adopta MX.

Un papá y una mamá acudieron con su hija de unos cinco años, resguardada del fresco de la madrugada con una chamarra y unos guantes para entregar otro perro. La pequeña se despedía de él con los cinco dedos extendidos, desde afuera de la jaula donde lo colocaron.

“Te encariñas con ellos”, comentaba Lucía Gallardo, residente del Estado de México, mientras con una mano se abanicaba la cara para frenar las lágrimas. Ella fue a entregar a Bobby, un mestizo que encontró fracturado, desnutrido y con parásitos. Llevaba siete meses con él porque no encontraba a nadie que lo adoptara. “Ya mandé una perrita antes y está super bien. Y Bobby ya está adoptado. Su familia tiene un lago afuera de casa, sé que va a estar bien”.

Vuelo México-Canadá para cuatro patas

Los viajes de perritos mexicanos a Canadá empezaron antes de la pandemia, en diciembre de 2019, con las solicitudes para adoptar a los dos cachorritos negros. Alos contactó a refugios de Canadá para informarse de los papeles y protocolos para volar animales y ahí fue cuando se dio cuenta de la gran demanda de adopciones que hay en ese país

Inicialmente buscaba viajeros para pedirles que les dejaran facturar con ellos un perrito. Una vez que llegaban y salían del aeropuerto, ya había gente esperándolos. Pero con el cierre de fronteras por la pandemia y la acumulación de animales rescatados, finalmente Alos se decidió a rentar un avión privado.

Rentar aviones es complicado. Y si eres mujer, más”, sentencia la rescatista, en el patio de la Casa del Mestizo. Esta joven de 32 años y pelo lacio hasta la cintura, asegura que el mundo del rescatismo de animales es de mujeres pero, en este caso, tuvieron que pedir el apoyo de un voluntario. “Me pasé dos meses pidiendo presupuestos a diferentes aerolíneas y me contestó apenas una”, explica, mientras sus compañeros ordenan los perritos viajeros en jaulas de tamaño chico, mediano o grande, en función de su estatura. “Me recomendaron que pusiera un hombre a tramitarlo y en dos días, lo tenía todo”.

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Costó 60,000 dólares solo la renta. Algo así como 1.2 millones de pesos. A ello se sumaron los costos por los tratamientos médicos, esterilización, desparasitación, alimento, certificados, chip que cada rescatista individual u organización asumieron por su cuenta. Para cofinanciar la renta del avión, Alos pidió la contribución de las familias adoptantes. Ella lo cubre con lo que gana de la venta en línea de accesorios para perros, en Elelomitos.

En el patio de la Casa del Mestizo apenas cabe un alfiler. Las jaulas están apiladas en la esquina izquierda del espacio. A medida que iban llegando los viajeros, Alos los ubicaba en una lista que había colgada en la parte trasera de la puerta de entrada, pegaban el folio con su identificación, y entre dos personas, la cargaban y se la llevaban al camión que los esperaba estacionado en la calle. 

Los 120 viajeros llegarán al Refugio Balto, un hotel y casa de acogida de perros abandonados. Los huéspedes tienen su cuarto, individual o compartido, con camas armadas con almohadas y cobijas, sillones, cómodas y retratos de perros en las paredes. Al principio, Alos pensaba que era un hotel para humanos. Para la mayoría de los que ya volaron a Canadá, las solicitudes de adopción llegaron a las 200, el límite, en entre 24 y 72 horas. 

“En Canadá hay mucha demanda porque no quieren perros de raza”, explica Alos. “Cuanto más mestizo se ve, más prestigio social da porque los requisitos de adopción son muy estrictos. Es otra forma de verlo”, añade. Y no puede evitar hacer comparaciones con las adopciones en México.

Foto: Refuge Balto / Facebook.

Antes de la pandemia, solo un 30% de perros y gatos en México tenía hogar y se estima que hay entre 25 y 28 millones de perros abandonados

Rescatistas que acudieron a La Casa del Mestizo el 15 de mayo coinciden en el color del perro influye. “Yo me especializo en perros negros”, dice Alos, sabiendo que es el factor que más frena a la hora de elegir un perro en México. “Inconscientemente se perciben como agresivos. Luego, también está el tema de la brujería. En octubre, no damos ni perros ni gatos en adopción”, añade. Alos dice que alrededor de Día de Muertos, se puede pagar entre 15,000 y 20,000 pesos por una mascota de color negro.

Junior es el perro que más tiempo llevaba esperando para ser adoptado. Ocho años buscando familia. Tiene entre 10 y 12 años. No lo saben de cierto porque lo encontraron en el basurero de Chimalhuacán. La edad, así como el tamaño del animal, son los otros dos factores determinantes a la hora de prever cuánto tiempo tendrá que esperar un perrito a que llegue un adoptante. Y luego, la cultura de considerarlos seres inferiores.

Reino Unido dio un paso adelante en este sentido el pasado 13 de mayo, cuando el parlamento empezó el trámite de una ley para reconocer a los animales vertebrados como seres sintientes. Es la primera vez que se reconoce algo así en el país y con ello, los legisladores quieren que todas las instancias del Estado tengan en cuenta este elemento a la hora de diseñar sus políticas. 

Pero tan problema es el exceso de perros abandonados, como la reticencia de algunos rescatistas a darlos a cualquiera, porque esto es perpetuar el problema. Alos, así como el Refugio Balto, hacen entrevistas a los interesados antes de entregarlos. “Lo mío es un casting”, dice, “reviso la casa, hago el seguimiento a lo largo de la vida del perro y pongo algunas condiciones por contrato”.

Porque para ella, dar un perro en adopción no es hacer un favor, es un tema de justicia. “Aquí hay gente que viene y quiere un perro así, así, así y así”, explica la rescatista. “Yo les digo: ‘yo quiero un adoptante así, así, así y así”.

Fotos: Facebook/ Refuge Balto

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