El testimonio de Coello Trejo
Memorial

Periodista que intenta entender desde la complejidad. Conduce el noticiero Tendencias ADN40 a las 17:30 horas en la señal digital de este canal. Ha publicado reportajes de investigación en El Universal, BuzzFeed News, Aristegui Noticias, Emeequis y Radio Centro. Twitter: @maumondeo

El testimonio de Coello Trejo
El abogado Javier Coello Trejo. Foto: Despacho Coello Trejo.

Aunque la muerte del expresidente Luis Echeverría Álvarez dio pie a numerosos comentarios sobre la impunidad en la que vivió hasta cumplir un siglo de vida, lo cierto es que este personaje no es el último de los testigos directos de los hechos que conocemos como la Guerra Sucia.

Llamo a este periodo por ese nombre porque aún no hay un consenso académico ni social claro sobre cómo debería llamársele, ya que no fue una guerra, ello implicaría que hubiera una declaratoria aprobada por un Estado y sus instancias legales, que hubiera dos fuerzas similares en conflicto y que incluso hubiera ciertas leyes de guerra suscritas en el Derecho Internacional Público que ambas partes estarían obligadas a cumplir, pero no fue así.

Las desapariciones forzadas, las torturas, las prisiones clandestinas y los “vuelos de la muerte” cometidos en la campaña de contrainsurgencia a lo largo de casi cuatro décadas contra opositores armados, desarmados, campesinos, familiares de guerrilleros y personas que nada tenían que ver con este asunto son un botón de muestra de la enorme desigualdad de fuerzas desplegadas por el Ejército, la Dirección Federal de Seguridad, las policías judiciales y municipales y –particularmente– la Brigada Blanca.

Y aunque la mayoría de los perpetradores de esta “guerra” han muerto, viven aún entre nosotros testigos de primerísima mano de aquellos hechos como el abogado Javier Coello Trejo, exministerio público federal y ahora litigante privado que ha sido defensor legal de personajes como Emilio Lozoya Austin, Alejandro Gertz Manero y de Mónica García Villegas, dueña del Colegio Enrique Rébsamen.

En su libro de memorias El fiscal de hierro, lleno de autobombo y violaciones a derechos humanos que intentan presentarse como una hazaña por la patria, Coello Trejo narra que vio a Luis Echeverría en al menos tres ocasiones, una de ellas: “como Ministerio Público federal, cuando tuve una pequeña participación en la llamada Brigada Blanca”.

El abogado continúa diciendo que en 1976 Echeverría conformó un grupo especial de la Brigada Blanca para que actuara en la Ciudad de México (puesto que ya estaban actuando en Guerrero, Sinaloa, Chihuahua, Nuevo León, Jalisco, Puebla y Morelos desde 1972, de acuerdo con el libro). Ese grupo fue conformado por policías judiciales y locales de la capital y el Estado de México, miembros del ejército, miembros de la Dirección Federal de Seguridad y “agentes del Ministerio Público con experiencia” como él.

El plan era que Coello Trejo integrara averiguaciones previas para que la Brigada Blanca fuera a buscar a los acusados. Una de esas detenciones, según su relato, fue hecha por él mismo en Chiapas, donde fue arrestado un integrante de la guerrilla de Los Lacandones. En su papel de agente de Ministerio Público, recibía las denuncias y a los detenidos y estaba bajo las órdenes de Rafael Anzures Gorozpe.

Fue en ese contexto que Coello Trejo asegura haber interrogado a varios jóvenes que acudieron a la Universidad Patricio Lumumba. Coello Trejo dice en su texto: “La Brigada Blanca cometió algunos excesos, pero para combatir a la guerrilla era necesario tener cabrones del mismo pelo”. Y aunque no ofrece demasiados detalles, asegura que trabajó largas jornadas en el Campo Militar número 1, donde estaba “concentrado el mando de la Brigada Blanca bajo las órdenes del general Quiroz Hermosillo”.

En esas mismas instalaciones militares fue vista por penúltima vez Alicia de los Ríos Merino, militante de la Liga Comunista 23 de septiembre, después de ser detenida en 1978, luego fue trasladada a una base naval en Acapulco y desde entonces se desconoce su paradero. Del Campo Militar número 1 salió vivo también Álvaro Mario Cartagena López, integrante del mismo movimiento, luego de sufrir torturas y vejaciones que causaron la amputación de una de sus piernas. Al salir declaró que en el campo vio a otros militantes de la Liga que se encontraban desaparecidos.

Coello Trejo dice en su libro que la actuación del Ministerio Público fue acorde con la procuración de justicia; no obstante, el testimonio de Horacio Espinosa Altamirano en su libro Campo Militar número 1 ofrece una estampa de cómo actuaba esa autoridad en las instalaciones castrenses: después de haber permanecido encapuchado y con los ojos vendados tras ser detenido ilegalmente por agentes de la DFS, fue interrogado por un agente del Ministerio Público al que no identifica por su nombre.

–¿De qué se me acusa?

–Eso lo sabrá después.

–Entonces declaro bajo protesta…

–¿Cuánto dinero recibe de Rusia? ¿Conoce usted a Lucio Cabañas y ha presenciado cuánto pagaba a la revista ¿Por qué? por la publicación de sus comunicados y manifiestos?

Y así continúan una serie de preguntas que se enmarcan en el contexto de la bipolaridad que caracterizó a la Guerra Fría: ¿Ha conocido a algún guerrillero? ¿Cuánto dinero le pagaban cuando era miembro del Partido Comunista? ¿Es testigo de que la dirección de la revista recibía consignas de La Habana? ¿Piensa que la autonomía fue violada cuando entró el Ejército a Ciudad Universitaria? 

Ese interrogatorio termina cuando Horacio Espinosa Altamirano le dice al agente y a su secretaria que es corrector de estilo en el periódico Ovaciones y que le pagan 130 pesos diarios. Pero aún hay más.

Una investigación publicada por La Jornada en 2002 da cuenta de la actuación de la Procuraduría General de la República en el combate a las guerrillas. Un informe confidencial de esa dependencia reconoce que José Pedro Estrada, militante del Movimiento Armado Revolucionario, tuvo “fracturas en el tabique nasal, una falange y una costilla, lo anterior producto de las torturas a que fue sometido, y que continuaron hasta que firmó la primera declaración”.

El informe salió en 1976 de la oficina de Rafael Anzures Gorozpe, responsable de la Mesa Especial número 1 de la Dirección General de Averiguaciones Previas. Ese mismo funcionario es el que Coello Trejo identifica en su libro como su superior cuando trabajó de cerca con la Brigada Blanca.

¿De cuántos de estos hechos pudo haber sido testigo Javier Coello Trejo? Si asegura en sus memorias que Alfonso Martínez Domínguez le contó que Luis Echeverría creó a Los Halcones, ¿por qué nadie ha tomado su testimonio en los años recientes para iniciar averiguaciones más profundas? ¿Cuánto podrían aportar sus memorias al esclarecimiento de la llamada Guerra Sucia?

Coello Trejo relata haber conocido bien a los militares Mario Arturo Acosta Chaparro y Francisco Quiroz Hermosillo, a quienes identifica como mandos de la Brigada Blanca. Ambos fueron señalados de cometer graves violaciones a derechos humanos en la Guerra Sucia y años después fueron acusados también de proteger al narcotráfico.

Tras el fracaso de la Fiscalía Especializada en Movimientos Sociales y Políticos del Pasado creada en el sexenio de Vicente Fox, el actual gobierno federal ha instalado la Comisión para el Acceso a la Verdad de la Guerra Sucia, encabezada por la Secretaría de Gobernación. ¿No debería esta instancia estar tomando el testimonio de testigos de los hechos como Javier Coello Trejo?

Esta columna envió un mensaje al despacho Coello Trejo y Asociados para tener una versión periodística, pero hasta el momento no se ha obtenido respuesta.