‘Lo que se ve no se pregunta’: Juan Gabriel revolucionó la diversidad sexual en el ranchero
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Reportero egresado de la UNAM, formó parte de los equipos de Forbes México y La-Lista. Con experiencia en cobertura de derechos humanos, cultura y perspectiva de género. Actualmente está al frente de la Revista Danzoneros. Twitter: @arturoordaz_

‘Lo que se ve no se pregunta’: Juan Gabriel revolucionó la diversidad sexual en el ranchero
Foto: Cortesía Universal Music / Robert Hacman

Este domingo se cumplirán seis años de que “El Divo de Juárez”, Juan Gabriel, se marchó a cantar “un poquito más lejos de mí”. Sin embargo, la herencia de Alberto Aguilera Valadez, nombre original del cantante, se puede medir de muchas maneras: musical, económica y también socialmente. Fue el mayor precursor de la diversidad sexual dentro del mundo de la música ranchera en el siglo XX.

¿Un mariachi vestido de color rosa mexicano? ¿Un hombre con sombrero agitando los hombros y la cadera? Juan Gabriel fue capaz de lucir un traje de charro mientras daba piruetas sensuales sobre el escenario, algo que creeríamos imposible con referentes como Pedro Infante o Jorge Negrete.

Valadez Aguilera experimentó oficialmente como artista con el género ranchero hasta 1974, cuando sacó un disco en compañía del Mariachi Vargas de Tecatitlán. La década de los 70 fue una época de americanización para México, donde estuvo incluida una nueva manera de entender la homosexualidad, según Rodrigo Laguarda en su artículo de investigación Vamos al Noa Noa: de homosexualidad, secretos a voces y ambivalencias de Juan Gabriel.

Además, en su texto académico, Laguarda citó al historiador Erick Hobsbawm sobre el cambio de paradigma en el espectro de la sexualidad de aquella época. “La nueva ampliación de los límites del comportamiento públicamente aceptable, incluida su vertiente sexual, aumentó seguramente la experimentación y frecuencia de conductas hasta entonces consideradas inaceptables o pervertidas, y las hizo más visibles”.

Bajo ese contexto, Juan Gabriel se convirtió en un pionero para el cambio de paradigma en la música popular mexicana, ya que el género ranchero solo fue uno de los tantos con los que experimentó. Mientras cantantes contemporáneos como José José y Vicente Fernández mantenían un perfil según los estereotipos masculinos de la época, Valadez Aguilera emprendió un camino a diversificar ese espectro.

¿Por qué la sociedad mexicana le permitió a un hombre “abiertamente amanerado” interpretar canciones regionales? ¿Cómo se ganó el respeto, aceptación e integración de un público machista? Mi hipótesis es a partir de tres elementos: sus composiciones, su destreza física en el escenario y su fortaleza ante su sexualidad.

Juan Gabriel compuso más de mil 800 canciones en toda su vida, la primera fue a los 11 años: “La muerte del palomo”. A partir de ahí escribió líricas sobre amor, desamor, muerte, felicidad y mucho más. Sin embargo, algunas de sus letras más exitosas las podría interpretar cualquier persona, sin importar su género, no era un hombre cantándole a una mujer, era un humano cantándole a otro.

Muestra de lo anterior es “Se me olvidó otra vez”, éxito que cantó en su concierto de Bellas Artes en 1990 y estuvo incluido en su primer disco con mariachi. “Probablemente ya de mí te has olvidado. Y mientras tanto yo te seguiré esperando. No me he querido ir para ver si algún día, que tú quieras volver me encuentres todavía”. Y así continúa la canción sin expresar algún género en específico.

El secreto de las canciones de Aguilera Valadez era que expresaban con palabras tan sencillas sentimientos tan complejos, algo que cualquier persona de a pie podía sentir pero no sabía cómo expresar. Tal fue el éxito de sus letras que decenas de cantantes interpretaron sus composiciones, hasta Vicente Fernández, quien en su momento expresó inconformidad por la sexualidad de “Juanga”.

La habilidad corporal de Valadez Aguilera en el escenario era el complemento perfecto para sus canciones, no había mejor persona para interpretar sus melodías que él. La energía que desbordaba del escenario era contagiosa, la cual inundaba cada rincón y a cada persona. En un concierto de 2012 fui testigo de la transformación de hombres enojados y frustrados, que habían sido llevados por sus esposas, a convertirse en asistentes que aplaudían y movían los brazos de un lado a otro.

Incluso he recabado testimonios de personas que han cambiado su perspectiva sobre Juan Gabriel tras verlo en vivo. Uno de ellos fue mi profesor de universidad Moisés Chávez, quien me relató que a finales de la década de los 90 se embarcó en una misión para destrozar la participación del cantante durante una presentación, su arma sería la crónica y la hermenéutica. Tras una hora de show, él y sus colegas estaban agitando las servilletas blancas en el aire al son del “Noa Noa”.

“Lo que se ve no se pregunta” fue la respuesta de Alberto Aguilera Valadez cuando le preguntaron sobre su sexualidad. Aunque no se expresó abiertamente sobre sus preferencias sexuales ni se convirtió en un activista sobre los derechos LGBT+, demostraba la idea de que la sexualidad es individual y no era algo de lo que los demás tenían opinar.

Al final del día se convirtió en un referente de que las personas pueden tener la libertad de expresarse tal y como lo sienten, sin tener la necesidad de cumplir con estereotipos o roles definidos. En medio de una época con libertades sexuales limitadas, convirtió su talento y carisma en una herramienta para conseguir ser auténtico sin la necesidad de cumplir con las normas sociales: un ejemplo de que sí se puede.

Cincuenta y dos años después de que Juan Gabriel inició su carrera formalmente, hoy intérpretes del género ranchero y de banda suben al escenario con el cabello y las uñas pintadas (Christian Nodal y Edwin Cázarez), incluso declarándose heterosexuales. El espectro sexual sigue evolucionando en el sector artístico. Gracias, Alberto, hasta donde quiera que estés.