El terror hecho en México no da miedo
HÍBRIDO

Como crítico de cine y música tiene más de 25 años en medios. Ha colaborado en Cine Premiere, Rolling Stone, Rock 101, Chilango, Time Out, Quién, Dónde Ir, El Heraldo de México, Reforma y Televisa. Titular del programa Lo Más por Imagen Radio. Twitter: @carloscelis_

El terror hecho en México no da miedo
Foto: Película 'Presencias'. Videocine / ViX.

Por más que los cineastas mexicanos le echen ganas a sus películas, que los fans del cine de terror quieran contagiar al público con su entusiasmo y que los medios de comunicación intentemos apoyarlos con cobertura, entrevistas y hasta críticas benévolas, la realidad sigue siendo la misma: el cine de terror hecho en México no asusta y es un fracaso en taquilla.

Intentar explicar el por qué sucede esto podría ser muy sencillo, pero también muy simplista: no está bien hecho, le falta presupuesto, las historias son tontas y los realizadores son mediocres. En cambio, ofrezco una alternativa: el cine de terror hecho en México no da miedo porque la realidad mexicana es mucho más terrorífica.

Durante la temporada de Halloween y Día de Muertos, ya es tradición que lleguen a la cartelera películas de terror de otros países, principalmente de Estados Unidos, pero en 2022 también han estrenado varias producciones mexicanas como Presencias y Mal de ojo, que no han logrado convencer al público por sus historias fantasiosas que imitan a las producciones de terror extranjeras.

Y es que el terror dentro del cine mexicano es mucho más potente cuando va ligado a nuestro contexto social e histórico y está cargado de realismo, incluso si estas películas no se asumen como terror. Ahí tenemos a Canoa (y casi todo el cine de Felipe Cazals de los años 70), El castillo de la pureza (Arturo Ripstein), Rojo amanecer (Jorge Fons) y casos más recientes como Sanctorum (Joshua Gil) y Sin señas particulares (Fernanda Valadez), que hablan del narco como la mismísima manifestación del mal.

Los cuentos de terror siempre han tratado con metáforas y suelen ser mucho más efectivos cuando hay algo más de fondo que simples monstruos, sangre y sustos fáciles. Pero la cinematografía mexicana también cuenta con ejemplos de buen cine del género de terror en su forma más tradicional, desde brujas, fantasmas y zombis hasta posesiones diabólicas y asesinos seriales.

El autor de esta columna propone prestar mayor atención a títulos menos convencionales como La tía Alejandra (1980), Terror y encajes negros (1985), Las amantes del señor de la noche (1986), Halley (2012) y ese tesoro escondido que es Rito terminal (2000). Aunque en este mismo apartado también caben los clásicos del director Carlos Enrique Taboada: Hasta el viento tiene miedo (1968), El libro de piedra (1969), Más negro que la noche (1975) y Veneno para las hadas (1986).

El cine de Taboada, ampliamente reconocido en nuestro país como el más logrado de este género, también nos ayuda a entender por qué el cine mexicano que le ha seguido no consigue el efecto deseado. Y es que las películas de Taboada apelaban a miedos muy primarios, psicológicos, incluso infantiles, con historias que reflejaron la inocencia de la época y el despertar a una nueva era. En cambio, el cine de terror que vino después, desde los 80 y hasta los años 2000, se apoyaba demasiado en los efectos especiales, que siempre han sido el talón de Aquiles del cine mexicano por falta de presupuesto.

Por esta y otras razones, el mejor terror hecho en México se aleja de los efectos especiales y se sostiene con ideas poderosas, es decir, es un cine de concepto. Y así lo demostró Guillermo Del Toro en sus inicios con Cronos (1993), y después influido por la filmografía de Taboada con historias fantasmales sobre la pérdida de la inocencia, como en El espinazo del diablo (2001). Pero hay que admitir que el cine de Guillermo Del Toro tampoco asusta. Son grandes películas que no dan miedo, pero que se apoyan en conceptos muy elaborados.

Paradójicamente, las películas de Del Toro que sí dan un poco de miedo son las que se apegan a las convenciones del terror hecho en Estados Unidos (Mimic) y las que abordan algún contexto sociopolítico (El laberinto del fauno). Tratando de seguir sus pasos, nuevas generaciones de directores mexicanos del “género” (así le llaman ahora los fans), como Alejandro G. Alegre (Inicuo: La hermandad) o Isaac Ezban (El incidente), se benefician de un cine conceptual que no asusta pero inquieta, y que falla cuando trata de imitar al cine de fórmula (ParallelMal de ojo), otra vez por falta de presupuesto.

Hoy que vivimos una nueva época de cine de terror que se aparta de los grandes efectos especiales y se apoya fuertemente en metáforas y en temas sociales con un estilo que en el mundo se conoce como “horror elevado”, desconcierta que no haya más directores que se unan a esta tendencia en México. Como en el cine mexicano de los años 70, ya existen algunas películas como La zona (2007), Nuevo orden (2020) y El hoyo en la cerca (2021) que, sin ser de terror, abordan temas sociales que tocan fibras muy sensibles, despiertan pasiones y generan miedo o repulsión. “Terror whitexican”, si es que tal acepción es válida.

La película de Issa López, Vuelven (2017), que introdujo al crimen organizado como un elemento de terror y que fue aplaudida por personalidades como Stephen King, en realidad no da miedo. Presencias (2022), del experimentado director Luis Mandoki y que despertó el entusiasmo del público mexicano por la participación de Yalitza Aparicio, tocó temas como el privilegio blanco pero fue una absoluta decepción. Y tal vez La región salvaje (2016), de Amat Escalante, es una de las pocas películas mexicanas que logró introducir el terror en un contexto social distinto y lo hizo con maestría.

Fuera de estos pocos ejemplos, el terror hecho en México sigue dando tumbos con películas como El exorcismo de Carmen FaríasCuidado con lo que deseas, La posesión de AltairFeralBelzebuthMírame y próximamente La exorcista, donde el cine mexicano se empeña en alcanzar los estándares del cine de terror comercial hecho en Estados Unidos, pero con fórmulas probadas y efectos especiales de mala calidad. Lamentablemente, ninguno de estos títulos ha logrado su objetivo y en su paso por la cartelera van decepcionando al público que paga por su boleto.

BREVES

Hablando del cine de Taboada, ya pueden ir reservando sus boletos para la función de Veneno para las hadas en su versión 4K, como parte de los festejos por los primeros 10 años de este cineclub. Más información aquí.

Desde el 14 de octubre, la Cineteca Nacional exhibirá el documental Querida Nancy sobre la directora de teatro y poeta Nancy Cárdenas, pionera del activismo por la comunidad LGBTQ+ en México.

Continúa el Tour de cine francés en salas de cine de todo el país. Son siete títulos con lo más representativo del cine comercial hecho en Francia. Consulta la programación aquí.

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