Una bofetada de civilidad para los malos perdedores
Libertad bajo palabra

Periodista y abogado con más de 33 años de trayectoria. Reportero, comentarista y consultor experto en temas jurídicos. Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo 2011. Especialista en el Poder Judicial de la Federación y analista político. Twitter: @jenroma27

Una bofetada de civilidad para los malos perdedores
Marcha del INE. Foto: Michael González/La-Lista.

Fue emocionante caminar junto a miles de personas, escucharlas conversar, gritar y aplaudir para percibir de forma directa su necesidad de expresión ante el riesgo fundado de regresar a ese México que no estamos dispuestos a tolerar, en el que el Ejecutivo Federal en turno tenía el control a placer de los órganos electorales.

Civilidad, respeto y unidad de propósito para enviar un mensaje muy contundente al autor intelectual del proyecto que irónicamente se ha beneficiado del arbitraje objetivo garantizado por el Instituto Nacional Electoral (INE antes IFE) en elecciones en que su partido alcanzó la presidencia de la República, mayorías en las dos cámaras del Congreso y gobiernos en 21 entidades.

Morena lleva en su código genético a Andrés Manuel López Obrador y eso nos hace deducir, con base en la consistencia de su comportamiento, que difícilmente aceptarán una derrota para entregar el gobierno, escenario lejano por los niveles de aceptación que rondan el 60%. Sin embargo, llegará el momento en que la natural alternancia que ha distinguido a nuestro sistema electoral desde hace 22 años tenga como consecuencia una derrota en el futuro, lo que sabemos no será reconocido jamás.

El 2024 tiene inquieto al partido de Estado, a pesar de su hegemonía la insistencia perversa de destruir al INE significaría en términos prácticos el desmantelamiento de la institución que cambió para bien la cara al sistema político mexicano, propiciando la sana incertidumbre que produce la pluralidad a través de elecciones que no arrojan ganadores por decreto, como era en el sistema anacrónico añorado por quienes llegaron al poder con la legitimidad que otorga un triunfo contabilizado con transparencia y revisado por un tribunal especializado que depende del poder Judicial de la Federación.

La controversia por las cifras de participantes en la marcha cívica del domingo 13 de noviembre es irrelevante, su éxito fue estruendoso. No hubo una pared pintarrajeada con aerosol, ni un vidrio roto sobre las calles en las que transitó el contingente, los restaurantes y comercios no cerraron. Sobre Paseo de la Reforma se generó una atmósfera de esperanza y unidad respecto a lo que un gran sector de la sociedad civil no está dispuesto a perder, porque entiende que la democracia más costosa es la que no se tiene. 

Los otros datos oficiales sobre el número de participantes, además del ridículo generó reflexiones sobre el futuro. El régimen no sabe contar lo que es adverso a sus propósitos. La ola blanca y rosa que invadió la avenida más bella del país mostró el músculo de ciudadanos conscientes, adultos mayores con bastón o en silla de ruedas llevados por sus hijos y acompañados por los suyos dieron el ejemplo de tres generaciones fundidas en un mismo propósito. 

Los mayores recordaron el país donde las mujeres no tenían derecho al voto, otros hicieron presente la época de un sistema de siete décadas y la alternancia con que abrió el siglo XXI en un cambio pacífico procesado a través de las instituciones electorales. Los más jóvenes que apenas votarán para elegir presidente o no lo han hecho en más de tres ocasiones tampoco están dispuestos a ceder su derecho a elegir libremente con la certeza de que su decisión será bien contabilizada y respetada.

Fue una mañana histórica que no logró ser empañada por sus detractores, además la expresión contundente rebasó a los partidos políticos. Desde la ignominia se descalificó el perfíl de los marchantes para convertirse justamente en la encarnación de todos los adjetivos con que se insultó a sus participantes. Los copartícipes de la tentativa de homicidio contra la democracia recibieron una contundente bofetada de civilidad. 

Los malos perdedores nos gobiernan, pero será en razón de la protección al INE que en el futuro tengan que doblarse ante la hora de su declive, aterrizaje natural en los ciclos en la política. En democracia no hay etiquetas, el voto libre frustra a quienes se dedican a profundizar las diferencias para predicar el odio. Es evidente que el sufragio bien contado y defendido institucionalmente nos ha hecho un mejor país. 

Por eso, la defensa al INE motivó a más de medio millón de personas a expresarse contra el intento de acotarlo con un parche a la Constitución, disfrazado de reforma.

El refrescante ventarrón social en las principales plazas públicas del país tuvo repercusiones importantes. El mensaje a los partidos de oposición es enérgico para advertirles sobre la trascendencia del mandato social que los llevó a ocupar curules y escaños en el Congreso de la Unión.

La confianza en el PRI de Alejandro Moreno es inexistente, por su naturaleza personal y por los legisladores que se han atrevido a ser bisagra para vender la dignidad que les quedaba a cambio de las migajas en el banquete de soberbia morenista. Ha llegado su hora final, la decisión que tomarán podría darle todavía dignidad a su epitafio, después de la marcha tendrán que calcular detenidamente el oxígeno que les queda.

El plan B de un cambio legislativo sin reforma constitucional colapsaría en la Suprema Corte, si se pretenden mantener los cambios al sistema electoral a través de normas secundarias. La sola propuesta de la elección de consejeros y magistrados del Tribunal Electoral a través del voto popular y la reducción en el número de legisladores del Congreso sin ser reforma sería inconstitucional. Muerta de origen para efectos prácticos.

Tras la explosión social ciudadana, se ha marcado un hasta aquí a la intolerancia abusiva de los malos perdedores que encabeza el Presidente de la República. Solo un INE resguardado por la civilidad preservará elecciones limpias, creíbles y objetivas para evitar el acecho de la potencial dictadura que hizo evidente su intención. 

EDICTOS

Es de llamar la atención que las dos principales cadenas televisivas que cuentan con sistemas permanentes de noticias omitieron darle relevancia en sus respectivas transmisiones dominicales en vivo a la marcha en Paseo de la Reforma. Despliegue de unidades de control remoto, reporteros y camarógrafos cuyo trabajo se centró en acompañar, pero no reportar a los auditorios de Televisa y Milenio TV la trascendencia histórica de tal demostración social. Todo un mensaje que no debe pasar inadvertido para los televidentes que si buscan algo más que entretenimiento, tendrán que analizar nuevas opciones.     

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