Tercamente cumpleañero
La terca memoria

Politólogo de formación y periodista por vocación. Ha trabajado como reportero y editor en Reforma, Soccermanía, Televisa Deportes, AS México y La Opinión (LA). Fanático de la novela negra, AC/DC y la bicicleta, asesina gerundios y continúa en la búsqueda de la milanesa perfecta. Twitter: @RS_Vargas

Tercamente cumpleañero

Como no podía ser de otra forma, desde hace algunos años me he quejado reiteradamente de los recuerdos que día a día me aparecen en Facebook. Pero, sin quererlo, ese reclamo se convirtió en el germen de La Terca Memoria, que comencé a publicar hace ya un año, el 16 de enero de 2022, en La-Lista. Unos días antes, recibí la invitación de mi colega Nadia Sanders, a quien estaré eternamente agradecido por la oportunidad.

La Terca Memoria ha cambiado por completo la dinámica de mis domingos, ya que a partir de su publicación y distribución por WhatsApp y desde mis redes sociales, he establecido un diálogo enriquecedor con familiares, amigos, vecinos, colegas y ex compañeros de escuela, desde la primaria hasta el ITAM y uno que otro diplomado.

Los temas abordados en la columna son muchos y muy variados, pero son recurrentes mis recuerdos de literatura, música y futbol. Han sido muy celebradas mis columnas “necrológicas”, donde he homenajeado a amigos y maestros como Jorge Witker, Javier Sahagún y el Che Ventura, pero también a mi papá y a mi tía Victoria. “Esos textos te salen muy bonitos”, me ha dicho Clo en más de una ocasión. Algunas personas me han comentado que mis recuerdos les han sacado alguna lagrimita.

Me gusta leer los comentarios de la gente que se da un tiempo para echarle ojo a la columna, pues me enriquecen mucho con sus recuerdos. También me hacen notar algún “dedazo” o inconsistencia. El más duro de mis críticos es Martín Holguín, a quien tantos años en el oficio le dan la licencia para hacerlo. Pero cualquiera de ustedes está invitado a hacerlo y no se lo tomaré a mal, porque es difícil, muy complicado, editarse a sí mismo. Por eso a veces recurro al oficio de Miguel Padilla, gran amigo y mi primer editor en la redacción de Reforma hace ya un cuarto de siglo.

Tantas veces me he preguntado por qué escribo, que ya no recuerdo si es una necedad o una necesidad. Redactar notas, entrevistas y reportajes de deportes se volvió mi forma de vida desde septiembre de 1996, cuando comencé a trabajar en el Reforma, pero publicar una columna personal todos los domingos desde hace 52 semanas se ha convertido en un desafío para mi parte creativa y un escape necesario en mi tarea diaria de redactar notas periodísticas.

La primera vez que incursioné en el género de opinión fue en los primeros años de este siglo, cuando un amigo al que conocí por internet, Ed Chrnko Salas, me invitó a escribir una columna llamada “Tiempo de reposición” para el diario texano La Frontera. Noticias del Valle. Durante mi corta estancia en la redacción en México del diario español AS, ocasionalmente escribía alguna opinión para el sitio web, además de una colaboración llamada “Desde el otro lado del charco”, que hacíamos los jefes de redacción de AS en Ciudad de México, Chile y Colombia. También he sido columnista invitado en el diario argentino Olé y en varias publicaciones de la Conmebol, como su libro del 50 aniversario de la Copa Libertadores y algunos especiales de la Copa América.

Columnas inolvidables

Soy lector de periódicos desde los ocho o nueve años, cuando mi papá llevaba a casa el Esto, el Ovaciones o compraba El Heraldo de México los sábados. También leía el UnoMásUno, que mis primos dejaban en casa de mi abuela paterna. A lo largo de más de 40 años he leído infinidad de columnas, pero las que recuerdo con más gusto son “La Gaceta del Ángel”, de don Germán Dehesa, en Reforma; “Por mi madre, bohemios”, de Carlos Monsiváis, en La Jornada; “Matarili, por Lirilón”, de Mario Munguía, en Ovaciones, y la divertidísima “Chisme grueso”, de Héctor Pérez Verduzco, en la 2da de Ovaciones. Durante mis años de estudiante de ciencia política, esperaba ansioso la colaboración de José Woldenberg todos los sábados en La Jornada, y me emocionaba cuando mis profesores del ITAM como Alonso Lujambio y Pepe Fernández Santillán publicaban en algún diario de circulación nacional. Ahora no me pierdo cada viernes “Las encuestas”, del doctor Alejandro Moreno, en El Financiero y también la columna de algunas destacadas colegas, como Viri Ríos o el “Nudo gordiano”, de Yuriria Sierra, en Excélsior. Por cierto, al primer alumno de mi generación que le publicaron un artículo de opinión fue a Alonso Ruiz, en Revista de Revistas, de Excélsior. Celebramos tal acontecimiento con unas cervezas en el Bar Milán.

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Ya como periodista deportivo, mis buenos oficios para redactar y editar hicieron que muy pronto mis jefes me encargaran la revisión de los textos de los colaboradores de Reforma, Soccermanía, Televisa Deportes y Récord, así es que por mis manos pasaron las columnas de personajes como José Ramón Fernández, Francisco Javier González y Jorge Valdano, a los que no se les tenía que cambiar ni una coma. De los otros, los que mandaban de último minuto o con algunas copas encima, ya hablaré en otra ocasión. Por cierto, en Soccermanía a veces redactaba, junto con Miguel Padilla, la primera columna de trascendidos que hubo en la prensa deportiva de la Ciudad de México, “Balones y sandías”, firmada por Elde Negro. En mi breve y desafortunado paso por Récord, durante algunos meses me convertí en “El Francotirador”. Y ya que hablamos de “francotiradores”, nunca dejaba de leer las colaboraciones de Wálter Vargas, en Olé, que llevaban ese nombre. En La Nación (Argentina) son imperdibles las colaboraciones de Ezequiel Fernández Moores, verdaderas cátedras de la historia del deporte y, durante varios años fui asiduo lector de las “Historias del Calcio”, de Enric González, en El País.

Hay columnas que, por acercarme a un hecho particular, se volvieron inolvidables. Me pasó con “La banda sonora de tu vida”, del peruano Santiago Roncagliolo, una entrega de su columna “Rayos y centellas” del 20 de abril de 2013, en El País, o “Recordar es volver a vivir”, de Benito Taibo en la sección cultural de El Universal, en 1989, que fue la inspiración para el primer cuento que escribí en mi vida.

Agradezco de corazón a los lectores de La Terca Memoria los minutos que le dedican a leer mis textos, porque como columnista, mi aspiración es sólo esa, que alguien conozca lo que escribo. Lo expresa mejor Paco Ignacio Taibo II en una parte de “Escribimos”, con la que cierro esta colaboración: 

“Escribimos desde la sensación mutante de que nada de lo que se pone en el papel ha de alterar la historia, ni siquiera la historia personal, y sin embargo desde la clara percepción de que en medio de la selva urbana de antenas de televisión alguien nos escucha y todo está cambiando. Escribimos porque creemos en el poder de la palabra, en su insinuante capacidad transformadora… No pedimos más de lo que ya tenemos: la posibilidad de que nos lean”.