Octubre no perdona

Jueves 1 de octubre de 2026

Octubre no perdona

Durante seis meses, el béisbol parece tener todo el tiempo del mundo. 162 partidos permiten perder una serie, equivocarse, tener una mala racha, recuperarse de una lesión, descansar a un jugador.

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Ohtani, que parecía imparable, puede poncharse cuatro veces.

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X: @Dodgers

Si lees este espacio, probablemente eres fanático a más de un deporte. Y estarás de acuerdo en que octubre es el mejor mes del año. Durante seis meses, el béisbol parece tener todo el tiempo del mundo. 162 partidos permiten perder una serie, equivocarse, tener una mala racha, recuperarse de una lesión, descansar a un jugador. El calendario siempre ofrece otra oportunidad.

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Pero entonces llega octubre. Y de pronto cada lanzamiento parece tener memoria. Un pitcher que durante toda la temporada podía equivocarse y esperar cinco días para volver a intentarlo ahora sabe que quizá no habrá mañana. Un bateador puede haber tenido una temporada extraordinaria y, sin embargo, marcharse a casa después de una noche en la que la pelota simplemente decidió no caer de su lado. Eso es lo fascinante de los playoffs.

El beisbol, que durante meses nos enseña a tener paciencia, de pronto nos obliga a perderla. La temporada regular es una conversación larga. Octubre es una frase corta. Todo lo que ocurrió antes parece reducirse a esos nueve innings. Las estadísticas siguen ahí, los récords siguen ahí, las victorias también, pero ya no alcanzan para proteger a nadie. El mejor equipo de abril puede perder en octubre. Ohtani, que parecía imparable, puede poncharse cuatro veces. El héroe de ayer puede cometer hoy el error que cambie una serie.

El beisbol tiene esa crueldad. Y quizá por eso nos gusta tanto. Porque nos recuerda que prepararse durante meses no garantiza que el momento decisivo salga como uno imaginó. Pasamos buena parte de la vida creyendo que el esfuerzo debería conducir necesariamente al resultado. Estudiamos para aprobar, trabajamos para avanzar, entrenamos para mejorar. Construimos una especie de contrato secreto con el mundo: si hago todo bien, las cosas deberían salir bien.

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No solo el beisbol, pero el deporte se encarga de romper ese contrato. Puedes hacer todo bien y perder. Puedes hacer casi todo mal y ganar. Puedes ser el mejor durante 162 partidos y descubrir que una pelota que salió de tu bate apenas unos centímetros menos de lo necesario era la diferencia entre continuar y despedirte.

Por eso octubre tiene algo de justicia y algo de injusticia. Y quizá ninguna de las dos cosas importe demasiado. Porque los playoffs no preguntan quién merece ganar. Preguntan quién consigue hacerlo. En eso también hay una lección. El béisbol simplemente nos lo muestra con una pelota blanca, un bate y un hombre parado a sesenta pies del lugar donde puede comenzar la tragedia.

Eso es octubre.

La temporada larga se termina y comienza otra clase de beisbol. Uno en el que el pasado pesa, pero ya no protege. Uno en el que un error puede durar para siempre y una jugada puede convertir a un desconocido en leyenda. En “Mr October”.

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Octubre no perdona. Y cuando llega octubre, ya no hay tiempo para esconderse detrás del calendario. Solo queda lanzar. Solo queda batear. Y esperar que esta vez la pelota caiga de nuestro lado.

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