Pensamientos implantados

Viernes 4 de abril de 2025

Carlos Celis
Carlos Celis

Como crítico de cine y música tiene más de 30 años en medios. Ha colaborado en Cine Premiere, Rolling Stone, Rock 101, Chilango, Time Out, Quién, Dónde Ir, El Heraldo de México, Reforma y Televisa. Titular del programa Lo Más por Imagen Radio. X: @carloscelis_

Pensamientos implantados

La red social de X acaba de cumplir su aniversario número 19. Cuando las redes sociales empezaron prometieron un espacio alterno para interactuar con otras personas.

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Serie: Black Mirror

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Foto: Netflix.

Algo sucede últimamente en las redes sociales, que se están comportando aún más extraño de lo que de por sí ya lo hacían. ¿Lo han notado? Para mí es muy evidente, yo incluso diría que hasta descarado.

Dependiendo de los contenidos con los que interactúas, aunque no sigas a esos perfiles, el algoritmo empezará a mandarte el tipo de cosas que le interesan a los creadores de esos contenidos. Y si el algoritmo detecta que otras personas que también interactúan con esos contenidos tienen intereses parecidos a los tuyos (aunque no sea el caso), también empezará a mandarte los contenidos que esos completos desconocidos buscan.

Es decir, que si tú y otras personas le dan click a un tema de wellness o pasan demasiado tiempo viendo un anuncio de ropa deportiva, tus redes podrían empezar a llenarse de publicidad de un suero antienvejecimiento o de fragancias naturales para el ambiente, solamente porque hay otras personas “como tú" a las que esos productos les interesan.

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Hasta ahí es más o menos entendible, pero no justificable ¿Qué pasa entonces cuando de pronto te empiezan a aparecer videos con imágenes distorsionadas creadas con inteligencia artificial? Como cuando en una época hubo cierta gente a la que le dio por ver videos de granos reventados y pus.

No son violentos, no son pornográficos, pero sí son perturbadores y tú no quieres verlos. ¿Por qué tendrías que ver algo que otras personas (con serios problemas emocionales) disfrutan, sólo porque también te gusta el helado de chocolate y el algoritmo asume que ellos son como tú?

La red social de X (antes Twitter) acaba de cumplir su aniversario número 19. Cuando redes sociales como ésta y Facebook empezaron, eran una continuación del experimento conocido como internet que nos prometió un mundo virtual, un espacio alterno donde podríamos interactuar con otras personas de manera similar a como lo hacíamos en la vida real, pero no con las mismas reglas.

Hoy en internet el algoritmo es rey, y desde que esa palabra se instaló coloquialmente en nuestras conversaciones, aunque no la entendamos del todo, nada ha vuelto a ser igual. Estamos atravesando una época en la que ya normalizamos que el señor algoritmo decida todo por nosotros. Antes, dependiendo de los perfiles y las personas que uno elegía seguir, aún podíamos hacer nuestros propios hallazgos y descubrir un mundo de nuevas posibilidades y nuevas ideas. Ahora, a todos nos aparece prácticamente lo mismo.

Es como lo predecía algún episodio de la serie Black Mirror. Hoy, como periodista y comunicador, ya no me puedo confiar de haber hecho un descubrimiento en redes sociales porque es muy probable que cientos de miles, o millones, de personas estén viendo lo mismo que yo. Vamos, que ya no puedo estar seguro de ser yo quien genera una conversación.

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Este es un fenómeno que sucede a todos los niveles pero que se ha vuelto muy obvio en lo que antes conocíamos como “film twitter”, ese espacio de discusión en redes sociales donde ahora ya ninguna conversación sobre cine se siente auténtica ni original, sino sembrada. Literalmente, es como tener pensamientos implantados.

El algoritmo es un ente metiche, imprudente e indiscreto. Sabe demasiado sobre nosotros y no tiene reparo en gritarlo a los cuatro vientos cuando uno menos lo espera. Es el clásico fulano que te hace quedar mal contando alguna intimidad tuya, dándole tu teléfono o tu dirección a un desconocido o recordándote algo que querías olvidar, y siempre con el pretexto de ayudarte, de ser ese amigo que piensa en ti.

Muchos le creen y confían en él porque siempre tiene la solución a cualquier problema, un buen consejo o una gran recomendación. Sabe cómo llegar a la fiesta, qué canción está de moda, qué nuevo restaurante es el mejor y cuál es la película y la serie de la que todos están hablando. Y lo mejor: siempre está disponible, no como algunas personas...

Todos conocemos a alguien así, que influye demasiado en nosotros, que se hace necesario pero se convierte en un problema cuando también quiere decirnos cómo pensar. Todos tuvimos ese amigo -o amiga- que de pronto se volvió muy controlador y que quería meterse en nuestra mente para saber qué estábamos pensando y decirnos qué sí y qué no.

Este es un tipo de control mental muy reconocible y cotidiano, que no tiene que ver con teorías de conspiración ni paranoias. Como sucede en una pirámide social dentro de una escuela: la chica popular que impone su personalidad, el jefe de grupo que impone sus ideas, el novio o la novia que imponen su voluntad.

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Tal como esas personas, el algoritmo también quiere imponerse. Quiere dictar lo que está de moda, influir en nuestros gustos, adueñarse de las conversaciones y hacernos creer que todas esas cosas se nos ocurrieron a nosotros y que la decisión sigue siendo nuestra, cuando claramente no lo es.

BREVES

El 10 de abril Netflix lanza la séptima temporada de la serie de ciencia ficción, Black Mirror. Son seis nuevos episodios de miedo y paranoia con actores como Cristin Milioti, Michaela Cole, Issa Rae, Paul Giamatti, Ema Corrin y Awkwafina.

En cines el estreno de The Last Showgirl (La última gran actuación), la muy comentada película que el año pasado insertó a Pamela Anderson en la temporada de premios. Es una película pequeña e independiente, pero tiene sus atractivos y Anderson está muy bien.

*Para más información sobre las películas y series comentadas cada semana, visita mi perfil en Letterboxd.

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