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Los miembros de la industria cinematográfica en México asumen que los medios de comunicación estamos para convencer a la sociedad de andar correteando sus películas.
Hay quienes establecen que una mujer sin autoridad moral y un presunto traficante de influencias son los impolutos defensores de una reforma judicial nociva para México.
Consignas como “con genocidio no hay orgullo” estuvieron y presentes en movilizaciones LGBT+, porque nadie es libre hasta que todes lo seamos.
Aquí la hipotética carta de renuncia de quien de manera anticipada abrazó la derrota por encima de la institución y el interés nacional.
Ahora señora Sheinbaum usted siente en carne propia la doctrina del más fuerte. Le pasó por encima al Poder Judicial y bajo el mismo criterio arbitrario ahora padece su karma con Donald Trump.
¿Qué hay de malo en tener placeres culpables? Todos tenemos una, o varias películas así, que son de nuestras favoritas.
Siempre me ha gustado pensar que el contenido no se pervierte. El mensaje se puede adaptar a diversos formatos, pero nunca pervertirse. No podemos soltar medias verdades por miedo a la irrelevancia.
Restan algunos nombramientos, pero el mensaje está dado: perfiles técnicos, especialistas en su ramo y concordantes con su nuevo puesto. Profesionales en el ámbito público y con experiencia política para afrontar los retos que van a heredar.
Todos tenemos una tendencia a abrazar el escapismo, y en lo que se refiere al cine que nos llega de Hollywood, mientras más fantasioso, mejor.
En el pueblo donde nació el cártel fundado por José Antonio Yépez Ortiz, El Marro, los vecinos pegan volantes con los rostros de sus desaparecidos para pedir la intervención divina y criminal.
La paradoja de los valores de un cierto tipo de ciudadano es que su persecución a rajatabla acaba aplastando los derechos de quienes no caben ahí.
Es aparente que el crecimiento económico de las autocracias sin contrapesos es inferior al de las democracias con restricciones.
El oficialismo alista la destrucción del Poder Judicial con miras a edificar un legado que de poco servirá cuando afronte un vacío de legitimidad.
El plan digital promete conectar a los mexicanos en la misma normalidad tecnológica en un futuro cercano.