Víctor Olivares

Domingo 15 de marzo de 2026

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Víctor Olivares

Graduado de Periodismo por el Tec de Monterrey y Máster en Psicoanálisis y Teoría de la Cultura por la Complutense de Madrid. Cuenta con más de una década de experiencia en medios nacionales e internacionales, reportero del conflicto Rusia-Ucrania en Europa, donde reside desde hace un lustro.

IG: @vicoliv X: @Victorleaks

El Nobel ha sido entregado a figuras cuya sola mención devuelve gravedad al reconocimiento: Nelson Mandela, Martin Luther King Jr., Aung San Suu Kyi.
La muerte de Renée Nicole Macklin Good, asesinada por un agente de ICE en Minnesota, no es un hecho aislado ni un “incidente desafortunado”.
El Concurso Internacional de Piano Chopin revela cada cinco años no sólo a nuevos virtuosos, sino la profunda conexión de Polonia con su memoria, su identidad y su manera de escuchar el mundo.
Durante décadas, Goodall nombró a los chimpancés, convivió con ellos, los reconoció como interlocutores.
La elección polaca no es un asunto doméstico. Tiene implicaciones estructurales para el futuro de la UE, para el equilibrio en el flanco oriental de la OTAN, y para el bloque occidental en su conjunto. También define el tipo de frontera simbólica que Europa desea erigir frente al autoritarismo en expansión.
El Cuauhtémoc no es solo un barco. Es una reliquia flotante rodeada de símbolos que todavía podían inspirar respeto y orgullo: la Marina, los cadetes y su mística, su formación, la relativa distancia del lodo partidista y la politiquería de una institución basada en el honor y la disciplina.
Las cifras son desgarradoras: más de 10 millones de ucranianos han sido desplazados, obligados a abandonar sus hogares, sus raíces y, en muchos casos, a sus familias.
La secuela del hombre declarado culpable de 34 cargos por el soborno a una actriz porno podría asemejarse a un “cambio climático” irreversible en la sociedad.
En tiempos de saturación informativa, la desconexión digital es vital para la salud mental. Tomemos en serio la necesidad de pausar para poder reevaluar nuestros intereses.
Prisca Awiti y Alan Cleland, con sus enormes características atléticas y mentales, y sus respectivas diferencias en sus historias personales, logran converger en algo clave en unos Juegos Olímpicos: la pasión y el orgullo por la bandera que representan.
La contundencia y precisión con la que esta elección fue ejecutada deberá quedar en los libros de historia, sociología y estadística como referencia obligada para quien busque explicar, en algunos años, por qué ese ‘Méjico’ es lo que sea que vaya a ser en un futuro no tan lejano.