Familias homoparentales y lesbomaternales: un derecho a un alto costo
Jessica y Celene lograron registrar a su hija con el nombre de ambas. Foto: Alexa Herrera / La-Lista

Cuatro años tuvieron que pasar para que Ivana, una pequeñita que estudia la primaria, tuviera los dos apellidos de sus madres. Cuando nació, un juez del Registro Civil de la Ciudad de México se negó a reconocer que sus mamás eran Jessica Arciniega y Celene Avilés. “Tiene que venir el papá”, decía el juzgador, incrédulo de que dos mujeres fueran a criar a una niña.

Jessica y Celene ahora cuentan ese suceso entre risas, pero en su momento representó un gran problema. “Como caricatura entramos al Registro Civil y nos atendió un viejito con lentes y sus tirantes. Desde que lo vi supe que no lo íbamos a lograr. No tengo nada en contra de él por su edad, pero era obvio que iba a ser un primer freno”, relata Celene.

Ambas buscaron ser madres desde el 2010. Jessica lo intentó primero con una inseminación artificial, pero no funcionó. Luego se sometió a dos fecundaciones in vitro que tampoco dieron resultados. La desesperación en ella crecía porque en ese entonces ya casi tenía 35 años y, conforme su edad avanzaba, crecía la posibilidad de tener un embarazo de alto riesgo.

En el último intento una doctora privada les ayudó a gestar en 2014 con un método conocido como Recepción de Óvulos de la Pareja (Ropa). Como Jessica no pudo quedar embarazada con los métodos previos, Celene autorizó que sus óvulos fueran fecundados para después entregarlos a su pareja. Una fórmula con la que las dos madres participan en el embarazo.

Habían sido cuatro años de intentos que acarrearon problemas en su relación y también implicaron un gran gasto. En total calculan que habrán invertido unos 250 mil pesos entre estudios, medicamentos y los procedimientos para intentar un embarazo.

Llegó un momento en que sus ahorros no fueron suficientes, sus amigos y amigas les prestaron dinero y al final, tuvieron que recurrir a un préstamo bancario. Jessica y Celene ya estaban metidas de lleno en el proceso de embarazo y no querían dejarlo a medias por cuestiones económicas.

Ambas son una muestra de que aunque en México las parejas del mismo sexo tienen derecho a formar una familia, esta garantía aún no es de fácil acceso. Al gasto de miles de pesos le siguió la imposibilidad de registrar a su hija con sus apellidos.

Luego de que un juez rechazó emitir el acta de nacimiento de Ivana, Jessica se presentó como madre soltera para obtener el documento oficial de su hija. Registrar un hijo o una hija con un solo apellido podría ser una salida fácil para las parejas del mismo sexo. Pero quienes conocen de cerca este tema consideran que esa decisión conlleva riesgos a futuro.

“¿Qué hubiera pasado si yo hubiera fallecido en los primeros años de Ivana? Mi mamá se la hubiera quedado y no hubiera permitido a Celene ejercer su maternidad”, piensa Jessica.

Un escenario donde ella muriera es el caso más extremo, hay otras circunstancias más simples que se complicaban porque Ivana no tenía sus dos apellidos: en el primer año que estuvo en la guardería Jessica no pudo estar presente en el festival porque el acta de nacimiento de la pequeña decía que era hija de una madre soltera y solo le dieron un boleto para el evento.

Así fue durante los primeros cuatro años de vida de lvana, hasta que la Red de Madres Lesbianas, un colectivo de mujeres, les dio acompañamiento para solicitar al Registro Civil de la Ciudad de México una nueva acta de la menor con sus dos apellidos: Arciniega Avilés.

“Somos de las pocas familias que en su acta de nacimiento dice ‘apellido materno’ y ‘apellido materno’”, dice con orgullo Jessica, después de recorrer un largo camino lleno de obstáculos.

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Ivana Arciniega Avilés, hija de dos mujeres. Foto: Alexa Herrera / La-Lista

Obstáculos legales para las familias LGBT

El derecho de las personas del mismo sexo a formar una familia existe por el impulso de la sociedad civil y por sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

En 2010, al analizar algunos artículos del Código Civil de la Ciudad de México, la Suprema Corte determinó que en nuestro país las personas del mismo sexo tienen derecho a casarse y adoptar hijos para formar una familia.

Una victoria jurídica para las 5 millones de personas que forman parte de la comunidad LGBT en México, según la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Desde el 2010 y hasta la fecha, por lo menos 2 mil 511 parejas del mismo sexo han logrado registrar el nacimiento de su hija o hijo en 17 estados de la República, de acuerdo con datos oficiales obtenidos por La-Lista mediante solicitudes de información.

La Ciudad de México, donde el matrimonio igualitario fue aprobado por primera vez y entró en vigor en 2010, es donde más familias homoparentales y lesbomaternales hay. En la capital del país mil 995 parejas han registrado a sus hijos e hijas, el 79% de los casos a nivel nacional.

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Pero puede que esa cifra no sea la más precisa. Debido a la discriminación que sufre la comunidad LGBT, las familias homoparentales, compuestas por hombres, y las familias lesbomaternales, formadas por mujeres, no siempre registran a sus hijos e hijas con sus dos apellidos. Esto provoca que haya una cifra negra de la que Jessica y Celene formaron parte cuando, en los primeros cuatro años de Ivana, un juez no les dio el reconocimiento de madres. 

“Son muchos los factores en nuestro país que llevan a que haya muchas infancias con parentalidades LGBTTTI+, pero que únicamente tienen los apellidos de una de ellas”, dice Ana de Alejandro, directora del colectivo Red de Madres Lesbianas.

La activista nombra tres de esos factores: el desconocimiento de sus derechos por parte de las madres y los padres; las dudas de las familias de dar dos apellidos a un menor por miedo a que sufran discriminación en un futuro, y por la información equivocada que los registros civiles dan a las parejas del mismo sexo.

“No tienes idea de lo frecuente que es, he visto muchos casos de parejas que van al registro civil para ponerle ambos apellidos a sus hijos o hijas y les dicen: ‘No, primero tiene que ser registrado por la mamá soltera y después la otra persona debe pedir el reconocimiento de su maternidad”, señala de Alejandro. “Como eso ya es un trámite extra, a mucha gente le da flojera y mejor lo deja así”.

Según los datos obtenidos mediante solicitudes de información, hay parejas del mismo sexo que recurren a juicios de amparo para que los jueces del registro civil acepten registrar a sus hijos e hijas con ambos apellidos.

El gobierno de Morelos, por ejemplo, reporta que solo una familia de mujeres ha logrado obtener un acta de nacimiento para su hijo. Esto ocurrió en el año 2021 y fue producto de un juicio de amparo. Hay otros ocho casos en Sonora que siguieron la misma vía.

Pagarle a un abogado para realizar amparo de este tipo podría implicar un gasto de entre 15 mil y 25 mil pesos. Y la cantidad puede aumentar hasta 50 mil pesos en caso de que la pareja tenga que llegar a un juicio para lograr el reconocimiento, asegura María Romero, abogada experta en temas LGBT en el estado de Nuevo.

“Sigue habiendo retos por la negligencia o a veces ignorancia de las autoridades. En Nuevo León o en cualquier parte de México si te niegan el registro a tus hijos o hijas siendo una familia diversa es discriminación y la discriminación es un delito penal”, expresa Romero.

La litigante explica que las familias diversas fueron reconocidas por la Suprema Corte en 2015, mediante la jurisprudencia 43/2015, con la que invalidó cualquier ley donde se considerara que el matrimonio solo es entre hombres y mujeres.

Con esto, según la experta, quedó definido que las familias heterosexuales y de la diversidad sexual tienen los mismos derechos, incluyendo tener hijos e hijas sin trabas legales. 

“La Suprema Corte vino a darle un coscorrón a los estados y a decirles que cualquier caso de matrimonio o concubinato, registro o adopción, deben de entenderse las mismas reglas que si fuera una pareja heterosexual”, menciona Romo.

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Foto: Alexa Herrera / La-Lista

Adopciones lentas

Ricardo Vega y Omar Caballero siempre quisieron ser padres. Ricardo dice que se planteó esa idea desde que salió de la universidad y Omar desde más joven, en su adolescencia.

Actualmente tienen cuatro años de noviazgo y su sueño de ser papás se les cumplió en 2020, cuando nació Nicolás. Lo tuvieron gracias a una amiga en común que accedió a subrogar su vientre: permitió que sus óvulos fueran inseminados, luego cargó al niño por siete meses y medio para finalmente entregarlo a Ricardo y Omar.

Antes de acudir a su amiga, Ricardo y Omar se informaron sobre los procesos de adopción en el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF). Alguna vez fueron a pedir informes, pero les advirtieron que el proceso tardaría entre cinco o seis años. 

Esa opción quedó descartada de inmediato. Lo siguiente era buscar a alguna prima o amiga que quisiera “prestar” su vientre. Encontrar a la persona indicada no fue sencillo. Algunas les decían que tal vez en un año lo podrían hacer, otras que después de tener a su propio hijo.

“Era un tema en el que no todos estaban de acuerdo por la homofobia que existe, a algunos de nuestros familiares no les ‘checa”’ ver a dos hombres juntos y menos con un hijo”, cuenta Omar.

Un día una de sus amigas accedió a ayudarles. “Esta chica nos dijo: ‘Sí, adelante, a mí me gustaría ser mamá, pero no tener un hijo, vivir la experiencia de un embarazo, pero no tenerlo porque no me siento capaz de ser una buena mamá’”, recuerda Ricardo.

Luego de buscar por meses, por fin consiguieron a la persona gestante de Nicolás. A partir de ahí vinieron las complicaciones: su niño nació prematuro, de siete meses y medio, y su amiga en común tuvo complicaciones en el embarazo.

Con las complicaciones los gastos empezaron. Ricardo y Omar se hicieron cargo de toda la atención de su amiga. El embarazo lo costearon con su clínica de Psicoterapia que tienen en Ecatepec, Estado de México, y tuvieron que recurrir a préstamos bancarios.

Fueron siete meses de mucho nerviosismo, recuerdan ambos, pero al final Nicolás nació pesando 2 kilos 300 gramos y pesó 49 centímetros.

Por ahora Ricardo y Omar forman parte de esa cifra no vista de familias homoparentales no reconocidas en México. Para evitar trámites burocráticos decidieron que Nicolás tuviera el apellido de Ricardo y el de su madre biológica, con quien acordaron no tener más convivencia para evitar que desarrollara un vínculo afectivo con el pequeño Nicolás de dos años.

Por todas estas complicaciones Ricardo y Omar piden a las autoridades que faciliten la formación de las familias homoparentales y lesbomaternales. Que los procesos de adopción en el DIF sean más simples. Que haya más información sobre el derecho de la comunidad LGBT a formar familias diversas. Incluso que las autoridades del sector salud diseñen un programa para que parejas del mismo sexo puedan ser padres y madres.

“Lo que pedimos es que formar una familia sea más sencillo, que sea tan fácil como lo es para cualquier persona que quiera tener un hijo o una hija”, pide Ricardo.

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Omar y Ricardo junto a su hijo. Foto: Alexa Herrera / La-Lista