No todas las camas son iguales
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No todas las camas son iguales
Foto: STEPHANIE LECOCQ/EFE.

Desde el inicio de la pandemia de Covid-19, la estrategia que planteó la subsecretaría de Salud fue la de garantizar camas. “En en ningún momento se superó la capacidad del sistema de atención y esto se demostró en que hubo camas, no solo la cama física, sino el ventilador, las bombas de infusión, el equipo médico, las enfermeras, los enfermeros, los médicos, los inhaloterapeutas, el personal de laboratorio. Siempre estuvieron disponibles para atender a todas las personas que siempre lo han necesitado”, dijo Hugo López-Gatell, responsable de la estrategia en el país, en septiembre pasado. 

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No se quería llegar a la situación de ‘decidir quién se salva y quién no’ que había sido motivo de polémicas en Europa. Pero la meta no incluía la epopeya de conseguir una cama para sus padres (como lo relataron en carne propia nuestra reportera Montserrat Peralta y la colega de Canal Once, Saraí Campech en este sitio). 

Tampoco hace referencia que, hasta en las camas, hay niveles. 

Tener una cama en un hospital privado -con los costos que puede representar de hasta 650 mil pesos por paciente internado– o en el Instituto Nacional de Nutrición,  en el Hospital General Naval o en el Insabi es un factor determinante en la oportunidad de vivir o no. Sí, así de duro, así de real, así de binario. 

Estos días gracias a las investigaciones de Georgina Jiménez de Data Cívica y la de Mario Sánchez Talanquer del Observatorio para la Contención de COVID-19 en América Latina (con sede en Miami) pude ver que estamos muy lejos de los estándares internacionales en cuanto a atención de pacientes hospitalizados (10% de mortalidad en el mismo rango de edades en Estados Unidos, versus 52% en el IMSS, por ejemplo). Pero no solo eso, sino que llevamos 11 meses en la pandemia y los porcentajes de recuperación han mejorado en otros sistemas de salud tanto pública como privada, pero en el IMSS y en el ISSSTE no. 

Se lo pregunté directamente a Zoé Robledo en una entrevista este viernes: no negó las cifras pero sí enumeró la batería de razones que lo llevaron a este doloroso podio. Si bien es cierto que hubo mucha corrupción y mucho descuido en los ingresos y en el manejo financiero de la mayor institución de salud pública, también es cierto que ‘si puedes ver un error, puedes solucionarlo” (decía un gurú del periodismo de Time, Richard Stolley). 

Si tenemos un panorama de lo que ‘le duele’ al IMSS (austericidio presupuestal, falta de plazas para médicos especialistas, de acceso directo a la compra de insumos y medicinas, una hemorragia de 30 mil mdp al año que le generan las empresas de outsourcing que no pagan sus cuotas), y porque no, también las comorbilidades de los pacientes (obesidad, diabetes e hipertensión) ¿Por qué no se actúa en consecuencia? ¿Por qué no hay una partida extraordinaria desde la SHCP para hacer una intervención ahora y darle otro norte a la brújula de la vida y la muerte en la pandemia?

“Así como se empeña el gobierno en rescatar a toda costa y precio a Pemex, debería hacer lo mismo con el IMSS. En vez de la refinería de Dos Bocas, debería invertirse en un Centro Médico Siglo XXII, en un modelo de hospital moderno y que quede como estandarte de la manera en que México puso sus recursos donde se necesitaban durante la mayor pandemia del siglo”, me dijo un ex empleado del IMSS, quien recordaba los años dorados cuando hasta aviones propios tenía el Instituto y lanchas para procesos de vacunación en ríos en zonas alejadas. 

Apuntalar al IMSS no es menor: 1 de cada 2 personas con Covid-19 son o fueron atendidas en algunas de las cientos de dependencias del Seguro. 

La tendencia de la pandemia no debería medirse en camas, como lo vemos diario en el informe del dúo López-Gatell / Alomía. 

Porque no todas las camas son iguales, así como no todos los pacientes son iguales. 

¿Qué tienen los otros hospitales públicos como el Hospital General Naval de Alta Especialidad de la Secretaría de Marina o el Instituto Nacional de Nutrición? Organización, especialistas en temas vinculados al daño que hace el virus en el cuerpo y personal capacitado para operar los ventiladores (no es cualquier dispositivo médico que el que acaba de entrar pueda operar). Hoy un paciente intubado en el IMSS tiene 12% de posibilidades de sobrevivir, pero cuatro veces más si este procedimiento ocurre en un hospital privado.

Mi última pregunta a aquel ex empleado del IMSS fue tal vez naif “si hay hospitales del sistema público donde sí hay un manejo menos letal de los pacientes, ¿por qué no replicar el modelo en el resto de los hospitales del gobierno, incluido el IMSS?” “Por que la desorganización también es hacia afuera y no hay tal cosa como un plan nacional común a todos en esta pandemia y que rescate lo mejor de cada eslabón en la cadena”. 

Ahora, cuando escucho a José Luis Alomía, director de Epidemiología decir que a este domingo 24 de enero hay 60% de camas generales ocupadas y 53% de camas con ventilador, se me hace un nudo en la garganta porque entiendo más que nunca que una de esas camas puede ser en realidad una condena.