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Ramses Pech
Energía sin política

La guerra energética, una batalla por los modelos de inversión

Ramses Pech

Los modelos de inversión en el sector energético no están peleados con la transición a energías limpias, pero sí carecen de certezas y claridad para algunas naciones.

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Los datos de la Agencia Internacional de Energía mostraron que para diciembre de 2020 las emisiones de carbono eran un 2% más altas que en el mismo mes del año anterior. Fotografía: Jeff Zehnder / Alamy

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Así como la humanidad ha creado la Guerra Fría, ha controlado los precios del crudo y ha cambiado los entornos que habitamos, así ha decidido cómo será el 2050. Todo, basado en una nueva diplomacia ambiental que cambiará la forma en que los países invierten en energía. 

Esta nueva guerra durará más de cinco décadas y estará fincada en dos bandos

En los países que pretenden eliminar la utilización de hidrocarburos en el 2050, y los que continuarán invirtiendo en esta industria ante la falta de certidumbre del cómo lograr lo primero.

El nuevo modelo de inversión inició con la Cumbre de Líderes sobre el Clima, realizada por Estados Unidos en el mes de abril que reunía a diferentes líderes mundiales, y con el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF, por sus siglas en inglés) realizado por Rusia, celebrado esta semana.

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En ambos eventos, las naciones participantes dejaron claro que continuarán usando hidrocarburos como parte fundamental de la generación de energía y esperan un cambio inicial para producir electricidad a partir de 2035; este camino incluye la captura de calor, gases de efecto invernadero en procesos industriales, químicos o energéticos, cuyo objetivo es la disminución del impacto ambiental.

Que nos quede claro: los hidrocarburos continuarán siendo las energías primarias para su transformación en portadores de energía como los combustibles, y la materia prima para generar la electricidad. No necesitamos cambiar de dónde obtenemos la energía, sino cómo la consumimos.

En el mundo, el crudo (hidrocarburo líquido) va a las refinerías para ser un combustible procesado, y es el más popular a mediano y a largo plazo; la nueva apuesta es que las tecnologías del gas natural (hidrocarburo gaseoso) se conviertan en la base de la nueva industria energética para realizar la transición.

Hoy no existe una comprensión uniforme de cómo llevar a cabo tecnológicamente la transición energética porque cada país tiene diferentes necesidades.

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El mundo no dejará de invertir en el sector de hidrocarburos aunque sea una propuesta de la Agencia Internacional de Energía (EIA, por sus siglas en inglés): casi desaparecer esta industria y la del carbón para alcanzar la meta de cero emisiones de gases de efecto invernadero; plan que tampoco  está claro para el mundo en términos de logística. La propuesta se enfoca a la forma de generar la electricidad, y no a la de los combustibles en el transporte porque falta certeza y claridad sobre cómo realizar el cambio de combustión a un funcionamiento  totalmente eléctrico (sin tecnología híbrida).

En el foro SPIEF, el vice primer ministro ruso Alexander Novak y el príncipe Abdulaziz bin Salman rechazaron las peticiones sustituir rápidamente el petróleo y el gas; advirtieron que privar a la industria de inversiones dañaría la economía mundial. El príncipe calificó esta acción como un escenario “la-la-land”, refiriéndose a un a un “estado mental ensoñador y eufórico alejado de las más duras realidades de la vida”.

La Agencia Internacional de Energía, en su reporte de inversiones en 2021, develó que el mundo continuará incrementando las inversiones en dicho sector, enfocándose en la parte eléctrica, que en 2015 tenía 38% del total del mercado de energía a un 45% en 2021. Se espera que en 2050 sea del 60% en promedio, lo que incluirá dineros para la captura de calor y/o disminución de gases de efecto invernadero.

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La meta cero emisiones al 2050 depende de la tecnología que puedan desarrollar las naciones y los recursos que tenga cada economía para realizarlos; entre estos últimos se encuentran: el tipo de almacenamiento, captura y eliminación de dióxido de carbono; y la utilización de hidrógeno. Todos hablamos mucho de esto, pero, lamentablemente, hasta el momento son pocas las tecnologías que se pueden comercializar en los sectores industrial, comercial y de transporte.

La realidad es que las prioridades esenciales de cada nación para el futuro serán la seguridad de las personas y la seguridad energética, pero ambas dependerán de los recursos financieros que tenga cada una de ellas y de las políticas públicas que permitan poder tener una relación entre la inversión pública y privada.

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