‘Creo que puedo mejorar mucho’: James Corden habla sobre la incompetencia, los nervios y su regreso a la actuación en TV
'No hablemos de mi libro' James Corden. Foto: Amazon Studios/Dignity Productions Ltd

Incluso antes de que James Corden y Jez Butterworth realizaran Mammals, su serie de comedia dramática de suspenso de seis partes, el actor y el dramaturgo ya tenían mucho en común.

Ambos ganaron un premio Tony y el reconocimiento de los premios Olivier (Corden fue nominado y Butterworth ganó) por su triunfal transición de Londres a Broadway: Corden, por la comedia física One Man, Two Guvnors; Butterworth, por el thriller de tintes místicos The Ferryman. Cada uno de ellos tiene un pie en Hollywood, Corden fue nominado al Globo de Oro por The Prom, en el que su papel de estrella de teatro musical influyó en el debate sobre los actores heterosexuales que interpretan papeles homosexuales, mientras que Butterworth es un guionista cuyos créditos incluyen 007: Spectre y la próxima película de Indiana Jones.

También crecieron a menos de 50 kilómetros de distancia. “El mismo espacio”, dice el dramaturgo, refiriéndose a los pueblos y ciudades que rodean la M25. Sus caminos se cruzaron por primera vez mucho más lejos de casa. “El asunto es el siguiente”, dice Corden, sentado junto a Butterworth en el Ham Yard Hotel en Londres. “Jez es de St. Albans, yo soy de High Wycombe, y nos conocimos en el Met Ball. Lo cual es una frase que no creo que nadie haya dicho antes”. Fue James Corden quien rompió el hielo aquella noche en Nueva York. “Jerusalem tuvo un profundo impacto en mi vida”, comenta, refiriéndose a la obra maestra de Butterworth de 2009, reestrenada hace poco para una nueva función en el West End que agotó las entradas, con Mark Rylance como el depravado que se enfrenta al desalojo de su caravana en el bosque. “Solo quería que Jez supiera lo mucho que su obra ha significado para mí”.

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Causando revuelo… Jez Butterworth y James Corden en el set de Mammals. Foto: Craig Sugden

Butterworth tiene sus propios recuerdos de aquella noche. “Tenía muchas ganas de que llegara Cher porque soy un gran admirador de Cher”, admite. “Entonces sucedió esto tan encantador, y apuesto que nada más en el baile del Met esa noche fue tan divertido”. Corden levanta un dedo índice para intervenir. “Podría haber sido la noche en que Taylor Swift conoció a Tom Hiddleston”, comenta. (Lo fue.)

“Es divertido estar en medio de la Met Gala con alguien con quien podrías haberte juntado”, continúa Butterworth. Puede que el actor de 53 años haya olvidado el hecho de que es nueve años mayor que Corden, pero su punto de vista idéntico se mantiene.

“Existe una afinidad natural cuando has estado en lugares similares un viernes por la noche”, coincide James Corden.

Poco se puede revelar aquí sobre la serie que han hecho juntos, tan llena de bromas como lo está de sobresaltos y giros. “Todo en Mammals después de los primeros cinco minutos es un spoiler“, comenta Butterworth. Lo que sí se puede decir, sin embargo, es que Corden interpreta a un chef cuya vida personal se tambalea cuando lanza su primer restaurante. (Desde que se hizo la serie, el actor ha tenido su propio contratiempo público con el restaurantero Keith McNally, que primero lo vetó de su bistró neoyorquino Balthazar por su comportamiento grosero, y luego anuló el veto después de que James Corden se disculpara). Sally Hawkins coprotagoniza el papel de su soñadora y distraída hermana. La serie refleja la opinión de Butterworth de que las relaciones “son muy divertidas. Las personas se encuentran ocupando sin cesar estas posiciones que son completamente insostenibles en cuanto las observas con detenimiento. Nuestros propios errores son simplemente errores, pero cuando los comete otra persona y tú eres la víctima, es bíblico”.

La música es de Graham Coxon, de Blur, y la banda sonora está llena de canciones. En un episodio, Corden golpea una lápida. Aparecen fugazmente algunas ballenas. Y también Gales, por así decirlo, en forma de Tom Jones. Contrariamente al título de una de las canciones más conocidas de Jones, todo es muy inusual. Al igual que el hecho de ver a James Corden ofreciendo una actuación de impresionante alcance. La mayor parte de Estados Unidos lo conoce únicamente por The Late Late Show, programa que ha presentado desde 2015, y por su fenómeno spin-off Carpool Karaoke. Sin embargo, a pesar del éxito de Gavin and Stacey, que coescribió y protagonizó, el público británico sigue considerando a Corden principalmente como una celebridad revoltosa. Incluso escribió en su autobiografía de 2011, May I Have Your Attention Please?, que no se consideraba a sí mismo como actor. “No hablemos de mi libro”, se encoge ahora. (Asegura que lo redactó arduamente en una semana).

Butterworth no tiene nada que ver con esto. “James no existe en ningún otro contexto para mí que no sea el de la actuación. Pasamos ocho meses rodando Mammals y podría haber utilizado cada fragmento de cualquier toma. Todo lo que hizo es muy real”. Escribir para la voz de James Corden fue “como rodar cuesta abajo. Del mismo modo que lo fue con Mark en Jerusalem. Es un dueto con esa persona. Estaba terminado antes de que me diera cuenta, y esa es la señal de que estás haciendo las cosas bien”.

Originalmente, Mammals no estaba hecha para Corden –el guion del primer episodio llevaba años guardado en un cajón–, pero su encuentro en el Met Ball motivó a Butterworth a completarlo. ¿Por qué la larga preparación?

“Espero todo el tiempo para ver si las cosas son buenas o no. Es un truco muy sencillo, para no mirar al pasado sobre cosas que hiciste hace tres años y pensar: ‘Ojalá no hubiera hecho eso, carajo'”. Corden, cuyo historial de trabajos precipitados confesados incluye el programa de sketches Horne & Corden y la película Lesbian Vampire Killers (ambas con Mathew Horne), asiente enérgicamente.

Un flashback en Mammals muestra a su personaje como un gruñón en apuros en la cocina de otro chef, soñando con dirigir su propio negocio. Le pregunto a James Corden qué recuerda de sí mismo como forastero del mundo del espectáculo, en la época anterior a su éxito. “Lo que me ha enseñado ser presentador de un programa de entrevistas durante siete años y medio es que nadie cree estar dentro del medio”, responde. “Todas las personas se sienten en cierto grado como un forastero que observa el interior. Hemos hecho pasar a todos por las puertas de ese programa y yo diría que ese es el único punto en común. Incluso la frase ‘lo logramos’, no sé qué significa eso. Creo que es imposible lograrlo”.

Lo que hace a continuación es inteligente, revelador y vagamente desconcertante, por no mencionar que indica cómo llegó a donde ahora se encuentra: desvía el foco de atención de sí mismo en un acto clásico de adulación en un programa de entrevistas. “Tú”, dice, señalándome a mí. “Probablemente, en la escuela tenías la impresión de que podías escribir: ‘No sé qué es esto, pero siento que hay algo aquí que puedo hacer…’ Y ahora eres un apreciado escritor en una de las posiblemente mejores fuentes de noticias del mundo, y no creo ni por un segundo que te hayas levantado esta mañana y hayas dicho: “¡Lo conseguí, chicos! ¡Oh, sí! Vamos al Ham Yard, ¡Atentos!”.

Está chocando las palmas de sus manos y grita a todo pulmón. Es todo un espectáculo. Después cambia a un registro más apacible: “Simplemente no es así. Y sin embargo, habrá contemporáneos tuyos que dirán: ‘Bueno, mira a Ryan, debe tenerlo todo, ¡debe ser feliz! Sinceramente, no creo que eso exista”.

Es un buen punto. “Con lo que sí me identifico es cuando mi personaje dice que quiere tener su propio restaurante y alguien le pregunta si es lo suficientemente bueno. Y él responde: ‘No. Pero lo seré’. Entonces explica todo lo que ha hecho para llegar hasta donde está. Eso lo entiendo. Esa idea de pensar: ‘Me encantaría hacer esto, y creo que puedo mejorar mucho’. Espero que nunca deje de mejorar. Espero que sea un largo camino constante hacia adelante, y que yo siga avanzando”.

Sin embargo, su permanencia en The Late Late Show no continuará. Su actual temporada, que termina la próxima primavera, será la última. “Lo único que sabía cuando acepté el trabajo era que no iba a estar sentado ahí 20 años después diciendo: ‘Quédense, ya volveremos’. Si soy sincero, pensé que sería cancelado a los seis meses. Mi esposa y yo alquilamos muebles. Recuerdo que le dije: ‘Cancelarán el programa’. Y sabía que lo último con lo que querríamos lidiar era: ‘¿Cómo nos deshacemos de este sillón?'”.

Nueve Emmys después (más un décimo en 2017 por ser anfitrión de los premios Tony) y finalmente lo dejará. En el horizonte se encuentra la posibilidad de darle otra oportunidad a One Man, Two Guvnors. “Todavía no me he propuesto hacerlo”, dice. “Pero no sería capaz de hacerlo físicamente en 10 años. Lo único que pretendo es: ¿será divertido?”. Butterworth se inclina: “Al fin y al cabo, se llama obra de teatro”, dice.

Incluso las experiencias agradables no siempre funcionan. James Corden se divirtió mucho haciendo Cats, solo para que se convirtiera en la película más calumniada desde, bueno, Lesbian Vampire Killers. Él mismo se sumó al acto, confesando que no había visto la película pero que había “escuchado que es terrible”, y posteriormente se burló de ella apareciendo como un felino esponjoso en los Oscar de 2020. Como regalo de despedida, le entrego una crítica elogiosa de cuatro estrellas de la película, escrita por Nigel Andrews, venerable excrítico de cine del periódico Financial Times, en la que se describe la actuación de Corden como un “tour de force”. Lo lee con incredulidad. “Oh, Dios mío. Detente. ¡Detente! ¡’Tour de force’! Voy a atesorar esto. Voy a enmarcarlo y ponerlo en mi baño”.

Butterworth se une al júbilo mientras recojo mis cosas para irme. Entonces James Corden deja de reírse y me mira, con sus ojos azules brillando. “¿Qué te pareció nuestro espectáculo, Ryan?”, me pregunta. “¿Te gustó?” Su voz es suave y atenta, y su rostro levantado es el de Oliver Twist. Me toma desprevenido; supuse que solo con mis preguntas había transmitido entusiasmo, pero al parecer no fue así. Así que balbuceo algo sobre lo mucho que me gustaron los cambios de tono y la actuación fulminante de James Corden –lo cual es cierto– y finalmente parece sentirse aliviado. Puede que los gatos sean distantes, pero las superestrellas a veces necesitan que les acaricien la barriga.