¿Por qué nos besamos?
La evolución explica en buena medida el por qué los humanos nos besamos. Foto: Pexels / Matheus Souza

Uno de los gestos más asociados al romance o al cariño es el beso. Besamos a nuestros seres amados, a los hijos, incluso a amistades cercanas, pero ¿por qué hacemos eso?

De acuerdo con estudios realizados por el científico Emmer Maguire, el componente esencial de un beso no es necesariamente algo romántico, sino una simple necesidad evolutiva de nuestra especie.

“Aproximadamente, el 90% de las culturas besa, haciendo de este acto algo básico en el instinto humano. Sé lo que estás pensando, ¿qué hay del otro 10%? Si besar es un acto natural, todas las culturas lo harían. Mientras esta minoría no “besa” como nosotros, debido a supersticiones o creencias culturales, ellos de cualquier forma tienen acciones sinónimas del beso, como rozar sus narices”, señala.

De hecho, muchas investigaciones científicas señalan que el origen del beso tuvo un origen absolutamente alejado de un significado romántico. Se dice que, en un principio, los primeros homínidos regurgitaban su comida a los más pequeños, traspasando el alimento boca a boca.

“La transferencia de alimentos premasticados, cuando un individuo mastica la comida y alimenta a otro individuo, usualmente boca a boca, es descrita ampliamente entre distintas culturas. Este comportamiento juega un papel importante en la estrategia humana de alimentación complementaria, lo que involucra suplir la leche materna en la dieta de los niños”, destaca la investigadora Iulia Badescu.

La pregunta es aún más interesante: ¿cómo se convirtió el beso de una forma de alimentación en el sinónimo universal del romance? De nuevo, la ciencia y el comportamiento humano tienen algo más qué decir.

“Tenemos un grupo de genes llamados MHC (complejos de mayor histocompatibilidad, por sus siglas en inglés), los cuales forman parte de nuestro sistema inmune. En un famoso experimento, las mujeres prefirieron mayoritariamente el olor de las playeras vestidas por hombres con diferentes genes MHC que ellas.

“Esto es porque cuando dos personas con genes MHC diferentes se encuentran, el bebé que ellos producirían tendría una selección de componentes de cada uno de sus sistemas inmunes. Un sistema inmune más diverso tiene una mayor habilidad para pelear contra las enfermedades”, agrega Maguire.

Aunque la respuesta no es nada sexy, la realidad es que esta suma de cultura con practicidad evolutiva mostraría una respuesta real acerca de por qué nos besamos. Pero aún hay más respuestas.

“Durante un beso, la sensibilidad de los labios aumenta y causa que nuestro cerebro cree un coctel químico que nos da un subidón natural. Este coctel está hecho con tres químicos, todos diseñados para hacernos sentir mejor y querer más: dopamina, oxitocina y serotonina.

“La combinación de estos tres químicos iluminan los centros de placer de nuestro cerebro. La dopamina liberada durante un beso puede estimular la misma área del cerebro activada por la heroína y la cocaína, por lo que experimentamos sentimientos de euforia y adicción”, añade el investigador británico.

Contra lo que se pudiera pensar, esa sensación solo la pueden sentir los hombres a través de un beso, mientras que las mujeres también pueden sentirla cuando amamantan a sus bebés. Y aún más: entre más saliva hay en un beso, más intercambio de genes existe, por lo que hay más posibilidad de un encuentro sexual en la pareja.