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Familia

10-M / La historia de Carolina Ramírez: La maternidad es ambivalente y se transforma todos los días

“Es la cosa más cruel que puedas vivir no por la maternidad en sí, sino por lo que la gente cree que tiene que ser. Criar un ser humano es el reto más grande”.

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Carolina Ramírez tiene 29 años y es mamá de dos niños: Joel, de nueve años, y Gael, de ocho años. La noticia del primer embarazo llegó en un momento difícil de su adolescencia y debido a las presiones de parte de su familia tuvo que casarse. Pasó por violencia familiar y obstétrica, pero gracias a su red salió adelante.

La-Lista platicó con ella para conocer su historia y los retos que enfrentó durante el embarazo, el postparto, el nacimiento de su segundo hijo y la separación de su pareja. Esta es su historia.

La-Lista: ¿Qué pasaba en tu vida cuando te enteraste que estabas embarazada?

Carolina Ramírez: Tenía 19 años cuando me embaracé y venía de una situación difícil porque después de estar oprimida en casa, al llegar a la preparatoria, me volví fiestera e incluso llegué a consumir drogas. Por un tema de salud dejé la escuela y poco tiempo después comencé a trabajar. Mi primer empleo fue como cajera en un supermercado y ahí conocí al papá de mis hijos.

Todo fue muy rápido y mi vida no tenía rumbo. No sabía qué iba a ser cuando fuera grande, sin darme cuenta que en ese momento ya me había vuelto grande. Me enteré que iba a ser mamá cuando ya tenía como cuatro meses. No tuve tiempo de pensarlo ni sabía que podía tomar una decisión.

En ese momento, ¿cuáles fueron tus sentimientos y pensamientos?

Los primeros sentimientos fueron miedo y pánico porque mi vida era un desastre y era una responsabilidad tan grande. Otro (miedo) era enfrentar a mi familia que, pese a apoyarme mucho, siempre han sido muy duros debido a la carga religiosa que existe. Pensé que esto le daría un rumbo a mi vida, eso me dio alivio.

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Sin embargo, cuando les dije su reacción era de obviar que eso me pasaría por la vida que llevaba. Mi mamá puso cara de decepción porque me dejó ver que esperaba algo más de mí. Lloró, se enojó y decía que qué íbamos a hacer porque siempre se anexó a la ecuación. 

El embarazo fue muy tranquilo y bonito porque sería el primer nieto, bisnieto, sobrino. Aunque la relación con el papá fue extraña porque no nos conocíamos mucho, mi mamá fue muy determinante de que me tenía que casar porque si no mi hijo sería un bastardo. Me casé en una boda que no deseaba.

¿Cómo viviste el postparto?

El postparto fue muy complicado. Viví violencia obstétrica, algo de lo que fui consciente hasta hace unos años. Me atendí en un hospital del gobierno y fue la experiencia más horrible que he vivido; durante meses y años tuve pesadillas.

Hubo técnicas mal empleadas, me lastimaron, me juzgaron e insultaron por ser madre joven, tuve un desgarre que no controlaron y que se me infectó. Comencé con fiebre, me sentía mal y no podía hacer nada. El papá de mi hijo cambió, decía que era una huevona. 

Mi familia me veía mal pero decían que era normal porque era el primer bebé. Hasta que me llevaron al médico donde me inyectaron suero con antibiótico y le dijeron a mi mamá que si no me atendía probablemente hubiera muerto. Estuve internada 15 días. Diario lloraba porque extrañaba a mi bebé, pero a la vez me daba miedo volver a mi casa, un lugar que ya no era seguro por los problemas que había. 

Mi salud mejoró y agarré el ritmo con el bebé, sin embargo, el papá de mi hijo había decidido que ya era tiempo de tener sexo porque tenía esposa, yo le decía que no porque estaba muy adolorida y tenía una herida en mis genitales y hasta evacuar era incómodo. Él decidió no respetar mi decisión, algo que ya venía acompañado con una serie de insultos.

¿Cómo llega la noticia del segundo bebé?

Lo anterior representó un conflicto enorme porque él era mi esposo. Cuando no llegó la regla en automático supe que estaba embarazada. Me hice la prueba para confirmar. No quería tenerlo porque no podía con un bebé de tres meses de edad, no era capaz. Fueron meses de mucha angustia. No podía, no quería. Ese embarazo no lo anuncié, solo les dije a mis papás. Traté de ocultarme porque no quería que nadie viera que la ‘había vuelto a cagar’.

Los primeros meses fueron muy tristes. Una noche tuve un sueño en el que perdía al bebé y cuando desperté mi ropa interior estaba llena de sangre. Fui al baño y decía: bueno, pues ya. Mi pareja no me ayudó. Me acerqué a mi papá para que me llevara con una doctora, que me dijo que tenía amenaza de aborto porque se me estaba desprendiendo la placenta, por lo que era probable que el embarazo no se lograra.

Fue un momento triste porque era algo que había pensado, pero en el fondo no podía permitirlo. Mientras caminaba empecé a hablar con Gael, le ofrecí disculpas por mis pensamientos y que si él debía estar ahí, me esforzaría. Más que hablar con él era hablar conmigo como una forma de tranquilizarme y decirme que todo iba a estar bien. Fue un embarazo muy triste, lloré todos los días porque no sabía qué hacer. 

Mi pareja me manipulaba porque yo no tenía dinero. La relación comenzaba a deteriorarse y aparecieron las infidelidades. Su opresión era tan fuerte que de verdad creía que no podía hacer las cosas sola o que podía salir adelante por mi cuenta. Ahí me di cuenta de la dualidad de la maternidad: por un lado deseaba que pasara y por otro pensaba que si no pasaba era mejor.

¿Cómo viene la separación?

Descubrieron al papá de mis hijos robando a la empresa donde trabajaba y lo corrieron. Los papeles se invirtieron y él los cuidaba y yo trabajaba. Pero después de un largo proceso de violencia nos separamos. Empecé a trabajar en tiendas de ropa o supermercados. Fue difícil porque quería estar con mis hijos y no me gustaba verlos de una casa a otra, pero también debía proveer para comer.

Pese a todo los saqué adelante y me siento muy orgullosa. Es muy duro criar y mantener, pero la tribu me sostuvo.

¿Qué ha sido lo más difícil de la maternidad?

Cuando te conviertes en madre pierdes tu identidad. Dejas de ser Caro para ‘ser la mamá de’, pero sigues siendo una persona con sueños y deseos. Pero te hacen sentir que ser mamá es como si fuera un castigo, especialmente cuando eres madre soltera. Hay veces que solo quieres tirar la toalla, pero solo es el cansancio.

Yo me he defendido: sí soy mamá, pero también soy una persona que quiere enamorarse, en algún momento pensé que nadie me querría con mis hijos. Dejé de verlo como un defecto para darme la oportunidad y entendí que no es un defecto. Me siento afortunada porque hoy mi vida es diferente, conocí a una persona maravillosa que me ha ayudado a hacer equipo y ser familia. 

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Muchas personas me dijeron que agradeciera lo que viví y siempre pienso que no, no estoy feliz porque me pasó todo eso. Lo que sí sé es que esta Carolina se construyó y salió adelante gracias a su red.

¿Qué es lo que te ha enseñado la maternidad?

La maternidad te hace descubrir cosas nuevas todos los días. Se transforma todo el tiempo. Es la cosa más cruel que puedas vivir no por la maternidad en sí, sino por lo que la gente cree que tiene que ser. Criar un ser humano es el reto más grande. Se transforma todos los días y está lejos de ser perfecta, pero te hace feliz. Es muy ambivalente.

Mi lección ha sido ser realista y poner los pies sobre la tierra, reconocer el contexto en el que vivo. Enseñarles a mis hijos a ser felices, a disfrutar la vida y que sepan que es bueno fracasar.

La maternidad es activa y tú junto con otra mamá decidieron abrir un espacio de queja colectiva entre madres, cuéntanos sobre ese proyecto.

Con el paso de los años comencé a conectar con otras mujeres con las que he podido compartir diversos sentimientos. Sacando Penas es un proyecto que surgió porque me di cuenta que todas nos enfrentamos a los mismos sentimientos aunque en contextos diferentes. Tratamos que sea un desahogo de todo lo que vivimos, desmitificar la maternidad y quejarnos de todo. Un espacio seguro para ser escuchadas.

Con los años de experiencia, ¿qué piensas cuando ves a tus hijos?

Cuando los veo me siento muy dichosa de tenerlos. Ver cosas que logran me hacen sentir feliz. El amor sobrepasa todo. Me siento orgullosa de mí misma.

Si pudieras regresar el tiempo, ¿qué le dirías a la Caro del pasado?

A Caro del pasado le diría que ahorrara dinero, que va a ser feliz, que el camino será duro, que se va a despertar de la pesadilla y ese va a ser el mejor momento de su vida.

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