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Cuba

Manuel Molano

Somos una región de caudillos. Nos encantan los relatos de hombres fuertes que se llamaron “libertadores” en su momento de gloria militar. Rascándole, encontramos todo tipo de pecados en sus historias de vida.

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Foto de las protestas en la Embajada de Cuba en México
Foto: Alexa Herrera/La-Lista

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Es conocida la frase de Churchill sobre el socialismo. No ser su entusiasta a los 20 años nos haría desalmados. Seguir siéndolo en la edad madura, nos haría estúpidos, según el gran primer ministro inglés. Confieso, en algún momento de juventud, mi vida se inspiraba en canciones de Pablo Milanés y Silvio Rodríguez. No entendía las referencias históricas a muchos de los versos que cantaban, Playa Girón, Primero de enero, entre otros. Pero sí, sonaba emocionante oír sobre un país que no quería que le dictaran la agenda. 

Tenía más de 20 años cuando descubrí que el romanticismo de la revolución cubana no es más que un cuento de hadas fantástico, diseñado para encubrir una tiranía. Un señor en Coyoacán, seguramente mayor que yo, cantaba algo que sonaba a Silvio, pero que era suyo. Le perdí la pista. “Angola/mi madre en realidad se quedo sola/buscándome en un mapa rotulado en portugués/por tus calles oscuras y sonoras”. Era muy claro, desde la aventura fallida de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia, a finales de los 60, que la idea de Cuba era exportar su revolución al mundo. 

La Cuba revolucionaria se volvió un Estado parasitario. Le sacaron todo lo que pudieron al Moscú que era capital de la URSS. Cuando no pudieron hacer más ahí, le sacaron todo lo que pudieron a quien se dejara, pero principalmente a su gente. Un amigo cercano a la comunidad cubana de Miami me confesó un día: “Fidel es un gran negocio. Te sales de Cuba con destino a Estados Unidos, te tiras en la playa un año y un día, e inmediatamente ya tienes green card. Con ella, puedes trabajar y mandarle 100 dólares mensuales a tu abuelita en La Habana, y con ese dinero, ella va a hacer milagros”. 

Lee también: ‘Libertad’, el grito de cientos que cubanos que protestan frente a la Casa Blanca

Otro amigo que estuvo en los círculos de seguridad nacional mexicana me contó que en algún momento los cubanos infiltraron exitosamente la embajada de Estados Unidos en la Ciudad de México. El encargado de asuntos cubanos, nada menos, reportaba a La Habana. La tiranía militar de Fidel Castro no pudo organizar la cosecha de caña de azúcar y su molienda, ni los cabarets y otros negocios urbanos del país, pero sí logró organizar un servicio de inteligencia respetado por las agencias de espionaje mejor organizadas del mundo. 

Venezuela fue otra de las víctimas del saqueo. Hugo Chávez, emocionado por la historia de Fidel Castro, le entregó las llaves del país más rico de la región, al cual redujeron a una piltrafa en menos de dos décadas. 

Somos una región de caudillos. Nos encantan los relatos de hombres fuertes que se llamaron “libertadores” en su momento de gloria militar. Rascándole, encontramos todo tipo de pecados en sus historias de vida. En el caso de Fidel Castro y su grupo, no solamente esclavizaron y encarcelaron a su pueblo. Exacerbaron la miseria que ya estaban en la Cuba de Batista, pero que no era la generalidad del pueblo cubano. Le lavaron el cerebro a la mayoría de los habitantes, y a la disidencia la exiliaron o asesinaron. 

Debemos dejar de glorificar a los caudillos. Demos lugar a las instituciones y a la democracia. Cuba es un país donde no se construyeron ni instituciones ni democracia; donde se suprimieron los mercados aún en su expresión más simple. Por eso hoy el Patria o Muerte” da lugar al “Patria y Vida”. Ojalá esta vez sí se liberen.

@mjmolano

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