Bartlett y el fraude de 1988
Medios Políticos

Es un periodista especializado en el análisis de medios y elecciones. Tiene posgrado en Derecho y TIC, obtuvo el premio alemán de periodismo Walter Reuter en 2007, fue conductor en IMER y durante 12 años asesor electoral en el IFE e INE, editor, articulista y comentarista invitado en diversos diarios, revistas y espacios informativos. Twitter: @lmcarriedo

Bartlett y el fraude de 1988
Foto: Twitter @ManuelBartlett

En 1988, el gobierno de Miguel de la Madrid ordenó desplegar una maniobra fraudulenta para garantizar que se diera por hecho el triunfo del candidato de su partido, Carlos Salinas de Gortari, como presidente de México.

La confesión fue del propio De la Madrid, llegó 16 años más tarde, en 2004, cuando publicó Cambio de Rumbo, memorias de su mandado que le ayudó a escribir Alejandra Lajous en una edición del Fondo de Cultura Económica.

El expresidente contó que sintió como balde de agua fría saber que los resultados preliminares de la elección favorecían a Cuauhtémoc Cárdenas, quien competía por el opositor Frente Democrático Nacional. Esas eran las cifras que arrojaba el famoso sistema de información de la Secretaría de Gobernación, a cargo de Manuel Bartlett, quien era secretario de esa dependencia y al mismo tiempo el titular de la Comisión Federal Electoral que organizó la contienda. Juez y parte.

Al cierre de la jornada de votación el 6 de julio de 1988, Bartlett dijo ante todos los representantes partidistas en la Comisión: “Hemos tenido dificultades en la recepción de la información”. 

No se conocerían resultados definitivos hasta el tercer día (como ocurre todavía hoy), pero como la tendencia el día de los comicios era en favor de Cárdenas, acorde al propio De la Madrid, Bartlett tiró y maquilló deliberadamente el flujo de datos para atajar que se generara percepción de un inminente triunfo opositor.

Al presentar sus memorias, el expresidente le declaró al diario El País: “Inicialmente fue una estrategia deliberada de la Comisión Federal Electoral, pues los primeros resultados, los de la Ciudad de México, eran claramente contrarios al PRI. Organizamos cócteles informativos ponderados a fin de dar a conocer información que se acercara más a nuestra expectativa en el ámbito nacional”.

Esa operación de engaño, de fraude, habría sido posible solo con la complicidad de Manuel Bartlett, quien abrió la puerta para que se diera por ganador a Salinas, escamoteando la tendencia en favor de Cárdenas, aunque no existieran cifras que confirmaran el supuesto triunfo.

Además de manipular los datos que sí existían, ocultándolos “deliberadamente”, el presidente ordenó que se anunciara el triunfo de Salinas, que se diera por hecho aunque no hubiera cifras, salvo las que en ese momento eran en favor de Cárdenas. Jorge de la Vega, presidente del PRI, salió a dar esa mentira mientras Bartlett contenía el sistema de información real y dejaba correr la idea de triunfo exactamente en sentido contrario a la información disponible que conocía.  

La victoria de Salinas no la determinaron los votos, se decretó por decisión del presidente, quien pidió inventar el triunfo salinista sin importar que se al final se confirmara o no. Escribió en Cambio de Rumbo: “La falla estuvo en que se declaró el triunfo del PRI sin ninguna base en cifras”. 

El expresidente trató de justificarse diciendo que, de todas formas, aunque se había consumado ese fraude anticipado, al contarse todos los votos se dieron cuenta que Salinas sí ganaba con “estrecho margen”. Oficialmente no se dio estrecho, se dijo que fue por millones de votos.

A Cárdenas, del Frente Democrático Nacional, y a Manuel Clouthier, por el Partido Acción Nacional, las polémicas cifras oficiales días más tarde les dieron 5.9 y 3.2 millones de votos, frente a 9.6 millones de Salinas. Un comportamiento atípico, atendiendo la versión que todo el domingo las cifras de ese 6 de julio favorecían a Cárdenas. 

De la Madrid reconoció así que no importaba quién ganara realmente, él podía ordenar que se diera por hecho el triunfo de su candidato y así ocurrió. Ordenó decretar el triunfo de Salinas con cifras falsas sabiendo que en el momento de ese engaño, de ese fraude, las cifras que sí existían daban ventaja a Cárdenas. Su historia es que le atinó al ganador y que por eso no es fraude, aunque sabiendo que nadie le quitaría a su gobierno la sobra de esa distorsión ilegítima, optó por dar línea para que el resto de votos de otras elecciones que se disputaban limitaran recuentos sin importar que hubiera ahí “algunos fraudes” extra. Escribió: La línea que he dado a la comisión es que limite los recuentos de votos al mínimo posible. No sé si existan elementos suficientes para comprobar algunos fraudes, pero ya no quiero sorpresas. Además, a estas alturas, nada de lo que hagamos nos quitará el sambenito del fraude, por lo que el recuento de votos no nos ofrece ningún beneficio.

Durante décadas, Bartlett ha negado que “la caída del sistema” sea un fraude, pero el 26 de octubre pasado, molesto con legisladores que le recordaban su biografía, dijo: “Miren, la caída del sistema fue un amasiato entre el PAN y Salinas de Gortari… ¡Claro! ¡Así fue, un amasiato entre Salinas de Gortari y el PAN!”.