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Xavier Tello
Diagnóstico Reservado

El inicio en 2021: cansados, sin recursos y aún en pandemia

Xavier Tello

Desde el inicio de la administración actual, se trabajó en desmantelar el sistema de salud, argumentando corrupción (nunca probada) y desarticulando metodologías que ya funcionaban.

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Foto: EFE

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2020 fue un año que seguramente queremos olvidar. El planeta completo experimentó uno de los mayores golpes sanitarios de la historia con casi 83 millones de contagios y cerca de 1.9 millones de muertes.

Aunque devastador, el impacto de la pandemia fue variado e hizo notar grandes diferencias entre los países del mundo que, curiosamente, no estuvieron ligadas a la capacidad económica de cada nación y Estados Unidos, la mayor economía del mundo, lidera en número de contagios y muertes. En contraste, aquellos países que se destacaron por una cultura de respeto comunitario, soporte científico, una excelente planeación o el liderazgo de verdaderos estadistas, padecieron menores consecuencias negativas.

En México, lamentablemente, no tuvimos ninguno de estos atributos.

Lo he dicho y escrito en diferentes foros, la pandemia golpeó a México en su peor momento. Con un sistema de salud y que si bien, era perfectible, lograba subsanar de manera bastante aceptable los requerimientos sanitarios y como muestra de ello, están los indicadores de disminución de morbi-mortalidad materno infantil, enfermedades prevenibles por vacunación y hasta diagnóstico temprano de cáncer. El Seguro Popular había logrado que una gran parte de la población sin cobertura institucional lograra acceso y protección para gastos catastróficos en salud.

Desde el inicio de la administración actual, se trabajó en desmantelar el sistema, argumentando corrupción (nunca probada) y desarticulando metodologías que ya funcionaban como el sistema de compras y abasto de medicamentos. Paradójicamente, es un gobierno de izquierda quien se ha negado a duplicar, triplicar o simplemente establecer un plan incremental de presupuesto en la salud; por el contrario, el presupuesto disminuyó en términos reales y sobre eso se aplicaron recortes como los que sufrieron los Institutos Nacionales de Salud desde finales del 2019.

Hace un año exactamente, de un plumazo y por una decisión meramente ideológica, desapareció el Seguro Popular y en su lugar apareció un INSABI sin objetivos, reglas de operación y básicamente carente de un liderazgo con un mínimo conocimiento de la salud. Dos meses después, la pandemia golpeó al planeta y a México no le fue bien.

Al momento de escribir este artículo nos encontramos seguramente en la fase más crítica que hemos vivido de este evento y lo peor está por venir. Hospitales saturados, médicos y personal de enfermería cansados, fastidiados y que encabezan las listas de mortalidad entre profesionales de la salud en el mundo. Cuarteles que se han tenido que habilitar como hospitales, los cuales carecen de instalaciones avanzadas de aire u oxígeno para el adecuado funcionamiento de los ventiladores. Una enorme falta de personal con suficiente entrenamiento para atender pacientes críticos y un desabasto de medicamentos necesarios para tratarlos.

La vacunación comenzó hace unos días de manera tórpida y al finalizar el año solamente se habían aplicado poco más de la mitad de las dosis recibidas.

Durante 2021 enfrentaremos grandes retos en materia de salud. Primero, continuaremos viviendo en una pandemia, la cual no comenzará a ceder hasta que la mayoría, algo así como el 70% de la población, se haya vacunado de forma adecuada. Vivir en una pandemia tiene un costo y éste no fue contemplado en el Presupuesto de Egresos de la Federación para este año.

Un número desconocido de pacientes que se han recuperado de Covid-19 presentan secuelas; desde problemas respiratorios residuales, hasta complicaciones en la coagulación o trastornos neuropsiquiátricos. A decir de las mismas autoridades de Salud, el número de pacientes que han sido dados de alta se desconoce y por ello es que sólo a un número mínimo se le ha dado seguimiento. Tampoco se conoce el número exacto de pacientes asintomáticos o con síntomas leves que nunca acudieron a atención médica. En resumen, se desconoce cuántos pacientes tendrán alguna secuela o de qué tipo. Sin embargo, estos pacientes existen y habrá muchísimos más. El impacto de estas nuevas enfermedades no está considerado tampoco en el presupuesto ni se tiene presente dentro de la operatividad del sistema de salud.

El tener secuestradas durante casi un año en las unidades de salud más importantes, como en el caso de la reconversión hospitalaria, ya tenido consecuencias. La semana pasada, el doctor Julio Frenk publicada en el diario Reforma, una narrativa sobre el impacto indirecto del Covid-19: se calcula que, durante el año 2020, la mortalidad materna se incrementó en más del 30% debido al abandono, la falta de seguimiento y la disminución de acceso de las mujeres a servicios de salud, ya que estos se encontraban tomados para la atención de la epidemia.

La suma del costo de las enfermedades “normales”, las complicaciones de las que difirieron o abandonaron sus tratamientos, la pandemia y sus secuelas, serán una carga adicional que aún no ha sido cuantificada y que se sumará al de una población que evidentemente creció durante el año 2020.

El panorama no pinta bien. El presupuesto para la salud se incrementó aparentemente en un 14%, pero en realidad, el total de sus recursos ya incluía $33,000 millones de pesos que habían sido tomados del Fondo de Salud para el Bienestar (gastos catastróficos) y convertidos en gasto corriente, por lo que en realidad el presupuesto disminuyó.

Este año que comienza, enfrentaremos una colección de enfermedades, con un sistema de salud lastimado, con recursos humanos visiblemente cansados y con muy pocos incentivos. La única forma en la que podremos salir adelante es si el gobierno recapacita en sus prioridades y entiende que estamos viviendo una situación extraordinaria, que requiere de una estrategia, planeación y una inversión extraordinaria, pero, sobre todo, necesita de un liderazgo que logre entender las necesidades del personal de salud, niños y mujeres con cáncer, padres de familia, pacientes con enfermedades devastadoras y que sea capaz de asignar el nivel de gasto que corresponde.

Si queremos realmente llegar a tener un sistema de salud “como el de los países nórdicos”, es hora de comenzar a pensar como los países nórdicos: poniendo la ciencia, la salud y el bienestar de los pacientes, por delante de la política y de la ideología.

*El autor es Médico Cirujano y Analista en Políticas de Salud / @StratCons

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autores que La-Lista no necesariamente comparte.

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