¿Qué hay dentro de la mente de los hombres que maltratan a las mujeres?
'Los hombres creen que deberían ser "un hombre", lo que provoca daños': Joanne Nelson y Richard Cupid, terapeuta y moderador, fotografiados en el centro comunitario The Well, en Barrow-in-Furness. Foto: Gary Calton/The Observer

*Andy, de 30 años, pintor y decorador, dice que ha conocido la violencia durante gran parte de su vida. “Quiero tener una relación, pero no sé cómo”, comenta. “Me dijeron que si quieres que otra persona se sienta cómoda en tu compañía, primero tienes que estarlo con la tuya. Es difícil, pero lo estoy intentando”.

Ha entrado y salido de la cárcel desde que era un adolescente. En una ocasión, fue encarcelado cuando encontró a su entonces novia con otro hombre: “Me enfurecí”. Atacó al hombre y le arrancó la oreja de una mordida. Dice que ella intervino: “La agarré por el cuello y la empujé para quitármela de encima. Se golpeó la cabeza”.

Hace seis meses, Andy negó cualquier responsabilidad de haber herido a su exnovia. Ahora, dice que se equivocó y que no debió hacerlo. La negación, la minimización y la culpabilización de la víctima llevan más de 40 años siendo la respuesta estándar del agresor masculino sobre la violencia hacia la mujer.

En otra ocasión, Andy regresó a la cárcel porque engañó a otra novia, ella se enfrentó a él y, según Andy, lo atacó. No se presentaron cargos, pero tuvo que regresar a la cárcel. “Era mi estilo de vida caótico. Siempre bebiendo, siempre peleando”, dice.

Cumplió otros tres años de prisión y adquirió una adicción a las drogas, pero ahora está limpio.

Andy acaba de terminar un innovador programa de 12 semanas para hombres que son considerados un riesgo moderado para las mujeres y que han expresado su voluntad de cambiar. Turning the Spotlight (TTS), dirigido por Cumbria Victim Support, también ofrece ayuda a las familias de los hombres. El curso lo dirigen hábilmente moderadores femeninos y masculinos, Joanne Nelson y Richard Cupid, un terapeuta que anteriormente trabajó como ingeniero en los astilleros de Barrow-in-Furness. “Los hombres creen que deberían ser ‘un hombre’, lo que los perjudica y les impide ser ellos mismos“, explica Cupid.

Al final del programa se evalúa a los participantes en cuanto a la apropiación y comprensión de su comportamiento y el motivo por el que es necesario ese cambio. “El curso ha sido muy importante para mí”, dice Andy. Por primera vez, este mes cumplió su licencia en la comunidad sin tener que regresar a la cárcel.

“Las mujeres soportan tanta presión”, señala Laraine Carr, coordinadora de TTS. “Se les dice que se vayan. Si no lo hacen, se arriesgan a que sus hijos sean puestos en custodia. Si una pareja quiere que la relación funcione, y muchas lo desean, tenemos que hacerlo posible si podemos, de una forma segura”.

Los datos elaborados por Femicide Census, fundado por Karen Ingala Smith y Clarrie O’Callaghan, que cubren el período 2009-2018, descubrieron que al menos mil 419 hombres mataron a mil 425 mujeres en el Reino Unido en el período 2009-2018. Se tenía conocimiento de que casi la mitad de los agresores tenían antecedentes de violencia contra las mujeres.

Ryan Ingham, de 27 años, mató a Caroline Finegan, de 29 años, en 2014, con “un golpe devastador”. Tenía 23 condenas previas, muchas de ellas por violencia doméstica. Veintinueve agresores habían cometido asesinatos con anterioridad. Gary Arthur Allen, de 47 años, mató a dos mujeres con 21 años de diferencia, en 1997 y 2018. Allen primero estranguló e infligió 33 heridas a Samantha Class, de 29 años, incluso le pasó su carro por encima. En 2018, Alena Grlakova, de 38 años, también sufrió múltiples lesiones. “El placer de hacer daño se acumula desde la etapa de planificación”, dijo a un oficial de libertad condicional. “Las prostitutas son objetivos fáciles”.

“Con demasiada frecuencia evaluamos a las víctimas, pero no a los agresores”, señala la activista Ingala Smith. “Factores como los problemas de salud mental, la adicción, la pérdida de estatus o el desempleo podrían ser puntos potenciales de intervención si la prevención tuviera importancia. Sabemos por las pruebas que no es así”.

“El feminicidio no solo es el homicidio de mujeres por parte de hombres”, añade O’Callaghan. “Se trata de cómo y por qué las mujeres son asesinadas y maltratadas y cómo esto difiere de las circunstancias en las que los hombres son asesinados”.

Frank Mullane, fundador de la organización benéfica Advocacy After Fatal Domestic Abuse (AAFDA), que apoya a las familias, ha garantizado la calidad de más de 900 revisiones de homicidios domésticos (DHR) para el Ministerio del Interior. Las DHR analizan el papel de los servicios tras una muerte. “Cuando el presunto o el condenado tiene problemas de salud mental y/o de adicción, las intervenciones son demasiado escasas”, señala. “Si no actuamos con suficiente antelación, la cinta transportadora de hombres que abusan y matan seguirá avanzando”.

Wayne Couzens, el asesino de Sarah Everard, desveló la magnitud de la misoginia y los abusos, en gran medida impunes, que existen en el seno de la policía, la cual no es la única institución en la que operan los agresores. “Cuando se trata de denuncias de hombres que matan, abusan y controlan a las mujeres, prevalece la voz pasiva. Las mujeres son agredidas, las mujeres son amenazadas. El agresor desaparece”, explica. Davina James-Hanman, especialista desde hace más de 30 años en la reducción de la violencia machista contra las mujeres.

“Cuando la víctima-sobreviviente es la única visible, es ella quien es juzgada, culpada, responsabilizada. Tenemos que cambiar el enfoque para que, en lugar de preguntar ‘¿Por qué no se va ella?’, preguntemos ‘¿Por qué no se detiene él?’”.

En Inglaterra y Gales, tres de cada cuatro delitos de violencia doméstica denunciados a la policía se quedaron sin respuesta. En cinco años, el número de condenas ha disminuido un 35% y las condenas por control coercitivo y violación son mínimas. Aproximadamente 400 mil agresores al año causan niveles de daño medio y alto, pero menos del 1% recibieron una intervención especializada que podría detener la masacre. Los agresores tienen pasaporte para cometer delitos.

En la actualidad, un sinfín de cuerpos especiales, investigaciones, iniciativas, estrategias y pequeños fondos no coordinados fluyen del gobierno para hacer frente a la violencia machista contra las mujeres y las niñas. Este mes se publicará la primera estrategia del gobierno contra la violencia doméstica, que también incluye un “pilar para los agresores”.

En el presupuesto, el canciller, Rishi Sunak, asignó 185 millones de libras para abordar la violencia doméstica y la violación, descrita como “una gota en el océano”. Jo Todd, directora ejecutiva fundadora de Respect, una organización benéfica que ha trabajado con agresores durante 25 años, afirma: “La violencia contra las mujeres y las niñas representa un costo de 66 mil millones de libras al año. Un problema de 66 mil millones de libras necesita una solución de 66,000 millones”.

No se trata únicamente de una cuestión de financiación y recursos, ya que la policía, los albergues y las organizaciones benéficas luchan contra los fuertes recortes, sino también de pasar de una gestión de riesgos defectuosa de las víctimas y los agresores a una inversión seria en prevención.

La estrategia de violencia grave del gobierno no define la violencia doméstica y sexual como una violencia grave, a pesar de que representa el 40% de la labor policial. El proyecto de ley sobre la policía, la delincuencia, las sentencias y los tribunales contiene una nueva obligación de prevención de la violencia grave que exigirá que una serie de organismos públicos como la policía, los servicios de salud, la vivienda, la educación y la libertad condicional trabajen juntos en un marco de salud pública para prevenir la violencia grave.

No se incluyó la violencia contra las mujeres y las niñas. En la Cámara de los Lores, la diputada conservadora Gabrielle Bertin y sus colegas de otros partidos lograron incluirla en una enmienda para el proyecto de ley. Los activistas esperan que, para diciembre, el gobierno haya realizado lo que Nicole Jacobs, la primera comisionada para la violencia doméstica de Inglaterra y Gales, denomina “un cambio histórico”.

En la actualidad, la ministra de Interior, Priti Patel, prefiere que las áreas locales tomen sus propias decisiones sobre las estrategias de prevención. Solo la mitad de las 18 unidades de reducción de la violencia creadas como precursoras de la nueva obligación incluyen el abuso y la violencia domésticos en su estrategia.

Zoe Billingham fue la inspectora principal de la respuesta de la policía contra la violencia doméstica durante 12 años en la Inspección de Servicios de Policía y Bomberos y Rescate de Su Majestad, hasta que su mandato llegó a su fin en septiembre. Ahora es libre de manifestar su opinión como activista. “Ya sea en Cumbria o en Camden, no existe ninguna excusa para una variación tan extraordinaria en la respuesta policial a la violencia doméstica en todo el país. Tenemos que acabar con la lotería de códigos postales que cuesta la vida de las mujeres”, señala.

El informe final de Billingham sobre la respuesta policial a la violencia contra las mujeres y las niñas, publicado en septiembre, elogió algunas mejoras e innovaciones, pero indicó que la policía necesitaba “un enfoque más claro, una mejor financiación, una persecución implacable de los autores y un sentido de que se trata de prioridades policiales nacionales urgentes”.

Para el informe, se pidió a un pequeño número de fuerzas que identificaran a sus cinco perpetradores de mayor riesgo. Treinta y cuatro del total de 40 hombres identificados como reincidentes de violencia contra mujeres y niñas no estaban siendo rastreados por la policía.

Catorce habían cometido ofensas contra tres o más mujeres, algunos contra hasta nueve; más de la mitad llevaba más de cinco años cometiendo ofensas.

“¿Por qué no se han enfocado todas las fuerzas en lo que su inteligencia les está diciendo y han detenido a estos delincuentes de alto riesgo?”, pregunta Billingham. “Si esto fuera crimen organizado, verías tácticas encubiertas fuertemente enfocadas para detener al delincuente. No observamos que se empleen ese tipo de tácticas para la violencia contra las mujeres y las niñas.

¿Es necesario preguntar por qué?”

En el informe se pidió la obligación legal de todos los organismos de prevenir esta violencia, incluyendo las escuelas, la salud, la vivienda y la asistencia social. “Ese es el gran premio”. dice Billingham. “¿Qué podría ser mejor que eso? Necesitamos una estrategia global y un conjunto de normas mínimas. Lo que se mide se hace”.

Crucialmente, el informe recomendó que la violencia contra las mujeres y las niñas sea incluida en el requisito policial estratégico que dicta las principales prioridades para las 43 fuerzas policiales de Inglaterra y Gales, junto con la lucha contra el terrorismo, la delincuencia organizada grave y la explotación sexual infantil.

“Esto indica a los jefes de policía y a los comisarios de policía y delincuencia la prioridad del gobierno. El amplio abanico de delitos que afectan de forma desproporcionada a las mujeres no recibe, para nada, la máxima prioridad”, señala Billingham. “Si se desaprovecha esta oportunidad, todos perdemos“.

En una húmeda tarde de martes en un centro comunitario en Barrow-in-Furness, Cumbria, cinco hombres, entre ellos Andy, discuten los temas que han tratado durante las sesiones anteriores de dos horas de Turning the Spotlight. Entre ellos, “la caja de la masculinidad”, los aspectos negativos y positivos de cómo se enseña a los niños a ser hombres; la rueda del poder, ideada en los años 80, que ilustra las herramientas que utilizan los hombres, como el aislamiento, la intimidación, el maltrato físico y las amenazas, para controlar a las mujeres; las banderas rojas que desencadenan los conflictos; y, mediante un juego de roles, cómo podría ser una relación sana e igualitaria.

Nelson también dirige They Matter, un programa piloto de 27 semanas de duración de Cumbria Victim Support para hombres de alto riesgo, principalmente obligados a asistir por la policía y otros organismos.

“Muchos de los hombres que vemos pasan de 0 a 100 como un Ferrari”, explica Nelson. “Ayudamos a unir los puntos entre el pensamiento, los sentimientos y la conducta. Se trata de sentirse cómodo con lo incómodo. De ahí surge la ira. Muchos hombres están a la defensiva, en modo de ataque. Dicen que se debe a cómo los ve la gente, pero con frecuencia se trata de cómo se ven a sí mismos“.

Andy ahora asiste al programa They Matter que dura seis meses. “Fui testigo de la violencia doméstica desde muy joven”, cuenta. De niño, su madre lo dejó con su padre, llevándose a la hermana de Andy. Su violento padre fue encarcelado más tarde por abusar sexualmente de su hija.

Mi padre me enseñó que las emociones son un signo de debilidad“, dice. “No me enseñaron valores hacia las mujeres. Cuando tenía cinco años, mi padre me enseñó las cinco ‘Fs’ – ‘Find ‘em, feel ‘em, finger ‘em, fuck ‘em and forget ‘em (‘Encuéntralas, siéntelas, tócalas, cógelas y olvídalas’)”. Solía acostarme con mujeres para no tener que estar solo. Ahora, quiero tener hijos algún día y una relación estable”.

“Solo tengo una idea de todo esto. Me queda mucho por aprender”, comenta.

Respect, la organización benéfica SafeLives y la organización sin fines de lucro Social Finance, en 2016 crearon Drive Partnership, un programa piloto de tres años para los agresores de alto riesgo y alto daño que no están dispuestos a cambiar. Drive trabajó con la policía y una serie de agencias para interrumpir las oportunidades de abuso y control de los agresores.

“Los hombres que han experimentado un trauma infantil y que quieren cambiar, podemos ayudar”, comenta Todd. “Aquellos que calculan, se calman, se controlan y se complacen en ello, requieren una respuesta diferente”.

Una evaluación sobre el impacto en 506 agresores y sobre si mantuvieron el cambio durante 12 meses mostró reducciones significativas en la violencia física y sexual y el comportamiento celoso y controlador.

En otro estudio realizado por la Universidad de Northumbria, se descubrió que una intervención provocó una reducción del 65% en los delitos domésticos y violentos y un retorno social que “ahorró” 14 libras por cada libra invertida. Pero los programas son escasos y la pregunta sin respuesta es “¿el cambio dura?”

En Inglaterra y Gales, solo una de cada cinco mujeres denuncia el abuso de su pareja y una de cada seis denuncia las agresiones sexuales a la policía. La campaña Don’t Be That Guy de la Policía de Escocia destaca el derecho sexual masculino casual y enfatiza que es responsabilidad de todos denunciar y actuar para poner fin a la violencia de los hombres contra las mujeres. Pero esto seguirá siendo insuficiente.

“Solo nos encontramos en los bordes de la comprensión”, comenta Jo Todd de Respect. “La sociedad y cada institución en ella tiene que cambiar, de lo contrario la diferencia quedará limitada en el tiempo y será poca. Todavía tenemos que ver que las personas que están en el poder realmente están dispuestos a combatir la misoginia”.

Los hombres que dañan y matan deben ser responsabilizados y ser asistidos para cambiar de una manera que no ponga a las mujeres en riesgo”, agrega Ingala Smith.

“No resulta útil escuchar que los agresores tuvieron una crianza difícil, si no podemos explicar por qué las mujeres que también sufrieron daños en su infancia no cometieron abusos en la misma escala. Y posteriormente tenemos que actuar con base en lo que hemos aprendido”.

*Se cambiaron algunos nombres.

Objetivos de la campaña End Femicide de Observer

Nombrarlo El gobierno reconocerá formalmente el feminicidio –el asesinato de mujeres por parte de hombres.
Conocerlo Datos sobre el asesinato de mujeres que se recopilarán en un repositorio central accesible; los comisionados de violencia doméstica y víctimas tendrán el poder y los recursos para garantizar que se implementen las recomendaciones para combatir el feminicidio.
Detenerlo Se establecerá una ambiciosa estrategia multipartidista de largo plazo para abordar el feminicidio y todas las formas de violencia de los hombres contra las mujeres y las niñas.


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