‘En la pandemia noté que vivía en una burbuja’: Jonatan, el mexicano que recorrerá el mundo caminando
El viaje de Jonatan durará 7 años. Foto: Cortesía.

Es “la decisión más egoísta que he tomado, pero la mejor que he hecho”, dice Jonatan Montoya sobre el viaje que emprendió para convertirse en el primer mexicano en dar la vuelta al mundo caminando y visitar las 7 maravillas a lo largo de 7 años. 

Solo, sin compañía, ni patrocinadores, salió el pasado 7 de julio de Teotihuacán rumbo a Chichén Itzá, llevando consigo únicamente una mochila con un sleeping bag, dos pares de calcetines, playeras, boxers, un vaso de titanio, botas de senderismo, un pasamontañas y su celular, en donde visualiza los kilómetros que debe caminar ese día para llegar a su próximo destino y decidir dónde pasará cada noche.

De ahí se dirigirá a Perú para visitar Machu Picchu, después a Brasil para conocer el Cristo Redentor, seguido de Italia por el Coliseo Romano, y así hasta que termine el recorrido que le tomará 7 años y por el que dejó su rutina de instructor de yoga con una vida “muy hecha y hogareña”.

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La idea llegó la madrugada del 15 de septiembre de 2020, cuando el insomnio de cuarentena lo hizo evaluar su vida después de haber escuchado la experiencia de viaje de un amigo cercano. No perdió el tiempo. Esa misma noche asimiló el viaje que haría y tardó un mes más en construir la idea completa y comenzar a prepararse para un viaje que menos de 20 personas han hecho en el mundo. 

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“Me di cuenta durante el confinamiento por la pandemia que vivía en una burbuja”, explica Jonatan en entrevista para La-Lista. Insiste en que aun sin poder salir, el confinamiento apenas cambió algunas variables a su rutina diaria, por lo que el encierro obligado se convirtió en un impulso para recorrer el mundo. 

Después de unos meses, ya tenía una campaña para recaudar fondos para su seguro de viajero, había investigado sobre la otra decena de personas que han hecho un viaje similar en el mundo y se lo había comunicado a su familia y pareja, con quien vivía y quien formaba ya parte de su rutina diaria. 

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Entonces, empezaron las despedidas. De poquito a poquito. Las “pequeñas” despedidas que hacía en cada café, cada desayuno, comida y plática durante sus últimos meses en la Ciudad de México fueron la parte más difícil, mucho más que el entrenamiento físico que llevó a cabo todos los días con caminatas de hasta 17 kilómetros para prepararse para un viaje del que sus pies serían protagonistas.

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“Soy una persona desapegada, pero cuando te estás dando cuenta que vas a renunciar a tu vida para cambiarlo por el camino, por la aventura, te vas despidiendo, y al final el último día o los últimos fueron más emotivos”, dice. 

En su recorrido de apenas unos días ya ha tenido experiencias que recuerda con nerviosismo. Caminó, sin saberlo, junto a un gasoducto utilizado por huachicoleros, y llegó a un pueblo en el que no se sintió del todo recibido. “Me desorienté, se me desconectó el mapa, no funcionaba el internet, entonces apreté el paso y hasta las ampollas se me olvidaron”, recuerda. Pero a pesar de eso y de ser consciente de la inseguridad en el país, nunca ha sentido miedo, asegura. 

“No tengo nada que esconder, no traigo cosas de valor y al final estoy también listo para desprenderme de las cosas, lo único que no puedo reemplazar es mi integridad física y mi integridad mental, si me tengo que desprender de algo para seguir caminando, lo haré”, dice en llamada telefónica desde Puebla, mientras descansa para seguir su recorrido. 

¿Sus hoteles? Una casa de campaña y los hogares de las familias que deciden “adoptarlo” por una noche para mostrarle sus costumbres. Explica, además, que las redes sociales se han vuelto parte fundamental de su viaje, pues es ahí donde hace contacto con sus próximos huéspedes y donde comparte su recorrido. 

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Contando millas contra el sida

Cada hora de caminata se detiene, se revisa los zapatos, pone cinta en las ampollas nuevas y sigue su camino para sumar millas que eventualmente se convertirán en fondos monetarios donados a la lucha contra el sida, la enfermedad que se ha cobrado casi 33 millones de vidas, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Lo hace a través de Charity Miles, una aplicación que convierte las millas recorridas por una persona en donaciones monetarias de patrocinadores para distintas causas y organizaciones benéficas. 

Jonatan apoyará 7 causas, una por cada año caminado. Hasta ahora, lleva recorridos más de 200 kilómetros a pie, algo así como 124.2 millas. 

“Parte de mi chamba es utilizar la aplicación para que más gente la utilice, compartir mis millas, seguir hablando de la lucha contra el sida, tener información, darle visibilidad con mi caminata e ir arrastrando las organizaciones, no voy a dejar de hablar de esto en el año dos, el año dos hablaré de dos cosas, el año tres de tres cosas, y así como se vayan sumando a lo largo de estos 7 años”, indica. 

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Ahora, sus días son muy diferentes a la rutina que llevaba en confinamiento. A las 9 de la mañana inicia su caminata, ha tenido que hacerse amigo de la casa de campaña, genera contenido para compartir en sus redes, busca su siguiente destino, come en mercados, conoce otras costumbres y personas. Y camina, camina y camina.

Le da curiosidad cómo será todo dentro de 7 años, cuando termine su recorrido. “Espero regresar más sabio, con más ganas de vivir y con más información para seguir recaudando fondos para causas nobles”, sostiene. 

Para cuando concluya el recorrido, estará bordeando los 40 años. Por eso hoy, a sus 32 años, Jonatan hace énfasis en lo relativo del tiempo: “Nunca es tarde para responder tu propio llamado a la aventura”.

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