Ni buenos periodistas, ni buenas personas
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Ni buenos periodistas, ni buenas personas
Foto: rawpixel.com/Freepik.com

Aquí tenemos dos libros sobre una materia que no abunda. Dos miradas sobre el periodismo español más reciente. Uno es una autocrítica, que suena a auto justificación y el otro una crítica rigurosa y ponderada sobre un periodista canalla que durante años vivió del chantaje hasta que, solo y atormentado, se quitó la vida tras matar a su última compañera.

Dos dramas que ponen al descubierto las vergüenzas y trapos sucios de la que un idealista Albert Camus definió como “la profesión mas bella el mundo”.

El Director (2019), escrito por David Jiménez, es un descargo de conciencia de un buen periodista que acabó siendo un mal director, y que saltó por los aires a los pocos meses de ser nombrado director del diario El Mundo de Madrid.

David había sido durante muchos años un magnífico corresponsal en el extranjero del diario madrileño fundado por Pedro J. Ramírez; fue becario de la Fundación Nieman en la Universidad de Harvard y fue nombrado director de un periódico en plena crisis de credibilidad, pérdidas millonarias, una redacción en declive y un CEO que pensaba más en los poderes fácticos que en las necesidades de lectores y audiencias.

Ahora es columnista de The New York Times en español y aunque su prestigio ha quedado muy dañado, sobrevive en una profesión que, en general, ha callado ante lo que muchos de sus colegas consideran que fue un simple ajuste de cuentas.

El cóctel era explosivo. A David Jiménez hay que reconocerle el coraje de destapar la caja de los truenos y poner nombres y apellidos (y piadosos apodos en muchos casos) para contar la historia de su propio fracaso, aunque salió con una indemnización millonaria tras el despido de muchos periodistas.

Yo creo que no lo es, pero un libro así, bien escrito y donde sin contar todo lo que sabe, denuncia el estado de gran parte de la prensa madrileña, tendrá muchos y poderosos detractores.

El Hijo del Chófer (2020), escrito por Jordi Amat, es otro libro que “inquieta, emociona y hace pensar”.

Es una biografía escrita con maestría como si fuera una novela de no ficción. El autor lleva años publicando interesantes biografías sobre personajes de la política y cultura catalana, libros muy documentados que parecen escritos más por un periodista que por un historiador.

Jordi Amat es ahora un prolífico columnista del diario La Vanguardia de Barcelona y El Hijo del Chófer es la primera biografía sobre Alfons Quintá (1943-2016), un periodista maldito que no conoció personalmente, pero que retrata con exquisita delicadeza, sí, pero también sin ahorrar los episodios más escabrosos de un maníaco-depresivo que durante muchos (demasiados) años fue uno de los periodistas más temidos, poderosos y manipuladores de Catalunya.

En su último libro, aquí reseñado (Un glosario sobre el ‘buen hacer’ periodístico), Alan Rusbridger dedica unas notas a lo que llama “dog eat dog”, expresión que quiere ser lo opuesto del “perro nunca come perro”, y que forma parte del código mafioso de algunas profesiones. Un pacto de no agresión entre competidores: “Yo no te critico, y tú tampoco me criticas”.

Rusbridger dice que, desgraciadamente, con honorables excepciones, este tipo de omertá sigue vigente en el periodismo británico. Cita el caso de las querellas sobre escuchas telefónicas ilegales que han costado más de mil millones de dólares a los editores del Mirror y News UK, pero que han tapado la boca a muchos críticos y competidores.

Alan Rusbridger destaca que sólo el semanario satírico Private Eye publica The Street of Shame una sección donde fuentes anónimas de la profesión informan escándalos que otros medios no se atreven a denunciar. Y eso explicaría que los grandes medios no tengan media critics”.

La lectura de El Director y de El Hijo del Chófer demuestra que la falta de autocrítica y transparencia es uno de los mayores enemigos de la libertad de prensa. En cualquier país, y me imagino que también en México.

Ryszard Kapuscinski (1932-2007) decía que no se puede ser un buen periodista sin ser una buena persona.  Y aunque no tendríamos que escandalizarnos de la existencia de “manzanas podridas”, sí, por lo menos, estamos obligados a denunciar esas conductas y aplicar sobre nuestra profesión las mismas dosis de crítica que volcamos sobre otras profesiones. O seremos cómplices y culpables de quienes nos acusan, con razón, de “intocables” parciales y tendenciosos.

Por eso creo que estos dos libros debieran de ser de lectura obligada para periodistas y, sobre todo, para estudiantes de periodismo, que son y deben ser mucho mejores que nosotros.

*Juan Antonio Giner, socio fundador del Innovation Media Consulting Group (Londres, GB) es coautor de “Historias de Innovation” (Amazon, 2020) .