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Contextos

La generación de cristal es más fuerte; la de cemento más frágil

Arturo Ordaz

Algo más difícil que aprender, es desaprender. Eso está enseñando la generación más joven a las de mayor edad.

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Foto: Gaelle Marcel/Unsplash.com

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Los cambios siempre son difíciles. Durante los últimos dos años me di cuenta que muchas de las actitudes cotidianas que hice durante más de dos décadas no eran las correctas. La generación de “cristal”, la más joven, ha sido muy criticada porque todo le molesta. En cambio, la de “cemento” pide mayor resistencia y que las cosas se mantengan en su lugar.

Las principales quejas de los más jóvenes están las acciones relacionadas con la violencia de género, el racismo, la desigualdad y cualquier otro tema que no sea políticamente correcto. Uno de los mejores ejemplos, el cual causó mucha polémica, fue la petición para desaparecer al personaje Pepe Le Pew, un zorro animado que representaba el hostigamiento y el acoso.

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La violencia contra las mujeres es sistemática y normalizada. Está en cómo miramos, hablamos y nos expresamos. Estas conductas están tan arraigadas que no nos damos cuenta cuando las ejecutamos. Parte de ello alertó la ONU mujeres en su momento.

Desde pequeños nos enseñaron una dinámica para relacionarnos con los demás. Las mujeres no deben aceptar una cita a la primera, “hay que darse a desear”. En el caso de los hombres, si una chica no te hace caso, insiste: “el que quiere azul celeste, que le cueste”. O cosas peores como “el hombre llega, hasta donde la mujer lo permite”.

Pepe Le Pew no era el causante del acoso, tampoco era una “fábrica de hostigadores”. Esta caricatura era la representación de un contexto, la imagen de lo que se vive día con día. La música, los programas de televisión y muchos de los contenidos son producto de nuestra realidad, coincide Ana Georgina Aldaba Guzmán, socióloga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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Tal vez este zorrillo era una figura significativa para muchos adultos que vieron caricaturas de niños. Les recuerda tal vez una época muy preciada de su vida. Eliminar esta imagen es atentar contra un pasado colectivo -y a la vez individual-. Yo también crecí viendo a este personaje, y a muchos más. Sin embargo, estoy dispuesto a dejarlo atrás para seguir adelante.

Algo más difícil que aprender, es desaprender. Impacta y transgrede que una persona de menos de 20 años le diga a un adulto que la manera en que ha vivido sus cinco décadas (o más) no es la única forma en que se puede vivir la vida. ¿Por qué voy a cambiar, si a mí me ha funcionado ser así toda mi existencia?

La fragilidad la veo cuando tienes un único pilar y te aferras a que es la única manera en que puedes estar de pie: lo defiendes a capa y espada porque es lo que conoces y te da seguridad. La fortaleza está en la adaptabilidad, en la evolución. “Lo único constante es el cambio”.

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