Ómicron se propaga a un ritmo alarmante, y no existen pruebas sólidas de que sea ‘más leve’
'Las epidemias de virus de rápida propagación no son amables con los sistemas de salud sobrecargados'. Una fila para recibir vacunas de refuerzo en Belsize Park, Londres. Foto: Guy Bell/Rex/Shutterstock

Una vez más vemos surgir una nueva variante del virus Covid-19, y las autoridades de salud observan con cautela los datos procedentes de todo el mundo. En el caso de la variante ómicron, una pregunta clave es si los contagios son tan graves como los que causan las variantes anteriores. Muchas personas especulan que podría ser intrínsecamente más leve, en particular después de que varios informes preliminares de Sudáfrica parecían sugerir un menor número de hospitalizaciones y síntomas menos graves.

En mi opinión, este dictamen es prematuro. Sobre todo en una situación que cambia con tanta rapidez.

Calcular con precisión la gravedad de una nueva infección es una pesadilla. Particularmente en una etapa tan temprana. Sin embargo, existen algunas cosas que debemos considerar cuando evaluamos las cifras que nos llegan.

Al analizar la gravedad de los contagios en Sudáfrica, resulta importante recordar las diferencias entre las poblaciones. Sudáfrica tiene una población más joven en general, y el Covid-19 en los grupos de edad más jóvenes ha sido constantemente más leve que en los de mayor edad.

También existe la cuestión del tiempo, y de cuánto tardan las personas en enfermarse y de enfermarse tanto como para requerir atención médica, y para que se reporten esas cifras.

Todavía nos encontramos en las primeras semanas de esta nueva ola.

Del mismo modo, prevemos que las infecciones en una población altamente vacunada como la del Reino Unido sean más leves en general, porque se espera que la inmunización proteja contra una enfermedad grave. Sin embargo, esto no reconforta a aquellos que no se han vacunado por diversas razones, o que no han sido capaces de generar una fuerte respuesta inmune después de la vacunación. El aumento de la variante ómicron eleva la probabilidad de que estas personas se vean expuestas.

De hecho, debido a que parece que la variante ómicron se propaga con mayor rapidez que las variantes anteriores, debemos ser cautelosos incluso si las infecciones de irrupción solo son ocasionalmente graves, puesto que se producirán muchas infecciones de irrupción. El número final de resultados graves está determinado por el número de oportunidades que el virus tiene para causarlos, lo cual constituye el resultado de la infecciosidad. Esta es una de las razones por las que la variante Alfa causó tantos estragos el pasado invierno.

No es posible comparar simplemente la variante ómicron con la variante Delta sumando el número de casos y de hospitalizaciones de cada una de ellas en un corto período de tiempo. El número de casos de la variante ómicron aumenta rápidamente -mucho más rápido- que el de la variante Delta, y la gente tarda en enfermarse gravemente. Para evaluar con precisión la gravedad, tendremos que comparar el número de casos que terminan en hospitalización o en fallecimiento. Con frecuencia se evalúa la mortalidad como el fallecimiento dentro de los 28 días posteriores al diagnóstico, y hace menos de 28 días se le informó a la OMS sobre la variante ómicron. No nos podemos permitir el lujo de esperar para saber exactamente su grado de amenaza.

Existe la creencia extendida de que las enfermedades infecciosas evolucionan para volverse menos virulentas, por lo que muchas personas tienen la esperanza de que la variante ómicron sea menos grave para todos, independientemente de la edad o el estado de vacunación. Esto es falso. Los virus no se seleccionan necesariamente para volverse más leves o más graves. Si la virulencia (la gravedad de la enfermedad) no tiene relación con la transmisión (el factor que hace que un virus triunfe o no), no existe una relación real entre ambas en la mayoría de las situaciones reales. La gran mayoría de los contagios de Covid-19 se producen antes de que las personas se enfermen gravemente, por lo que el virus ya se habrá desplazado.

Debemos recordar que la variante Delta en realidad era más virulenta que la variante Alfa, la cual a su vez era más virulenta que el virus original. Recuerden que el problema con el Covid-19 nunca ha sido su virulencia. Es el número de personas contagiadas.

Todos quieren creer que la variante ómicron es más leve. A mí también me gustaría que fuera más leve, pero tengo mucho cuidado de no permitir que lo que yo quiero tiña la forma en que interpreto los datos.

El ritmo de crecimiento de la variante ómicron es tal que, incluso si es más leve en la mayoría de los casos, los casos se pueden multiplicar rápidamente y amenazar al Servicio Nacional de Salud. El Reino Unido tiene un sistema de salud que ya se enfrenta a décadas de falta de inversión y que se tambaleó al borde del abismo después de meses con la variante Delta. La gente parece olvidar que ya han muerto casi 20 personas a causa del Covid-19 en el Reino Unido desde el “día de la libertad” en julio. Se ha podido controlar en mayor medida al virus, sin embargo, ese desgaste no ha sido gratuito.

En unas semanas tendremos el cálculo más definitivo de su gravedad, cuando la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (que ha realizado un fenomenal trabajo en términos de análisis en un tiempo de entrega vertiginoso) informe sobre la comparación de los resultados de los contagios de las variantes Delta y ómicron durante el mismo periodo de tiempo. Hasta entonces, los datos sudafricanos deberían comenzar a ofrecer información sobre los resultados a largo plazo. Los primeros datos sugieren que las hospitalizaciones en Guateng alcanzaron un nivel más bajo que en las olas anteriores. Sin embargo, esta es la primera ola que ocurre en presencia de la inmunidad de la infección anterior, lo que dificulta la interpretación de los datos.

Las epidemias de virus de rápida propagación no son amables con los sistemas de salud sobrecargados, en particular los que ya llevan casi dos años luchando contra la carga de una pandemia. Los refuerzos ayudarán, pero la variante ómicron infectará a muchas personas que están recibiendo dosis de refuerzo, antes de que las dosis hayan tenido tiempo de actuar para preparar al sistema inmunológico. Por este motivo Jeremy Farrar, del Wellcome Trust, tuvo razón, incluso antes de la variante ómicron, al proponer “vacunas extras” en lugar de confiar únicamente en las dosis para preservar la atención médica.

Incluso si, y se trata de un enorme “si”, la variante ómicron es más leve que la variante Delta, eso no constituye una razón para relajarnos. Solo sus propiedades de propagación hacen que esto se trate de una situación seria. La diferencia entre una caricia y una cachetada radica en gran medida en el ritmo con el que se da.

El Dr. William Hanage es profesor de evolución y epidemiología de las enfermedades infecciosas en Harvard y codirector del Center for Communicable Disease Dynamics.