¿Qué tienen en común muchos terroristas? Abusan de las mujeres
Columnista invitado

Es autora de Home Grown: How Domestic Violence Turns Men Into Terrorists y copresidenta de la Junta de Violencia contra las Mujeres y las Niñas del Alcalde de Londres.

¿Qué tienen en común muchos terroristas? Abusan de las mujeres
Flores en una entrada de Fryent Country Park, al norte de Londres, donde Nicole Smallman y Bibaa Henry fueron asesinadas. Foto: Dominic Lipinski/PA

Hace cinco años, comencé a observar que los perpetradores de algunos de los peores ataques terroristas tenían algo en común. Una gran parte de ellos compartía un historial de agresiones contra sus esposas, novias y otras parientes mujeres, en ocasiones incluyendo a toda una serie de víctimas, mucho antes de atacar a completos desconocidos.

En el verano de 2016, por ejemplo, cuando solo dos atentados terroristas en Florida y el sur de Francia dejaron 135 muertos y cientos de heridos, ambos perpetradores afirmaron ser islamistas. Pero lo que me sorprendió fue el hecho de que cada uno de ellos tenía un horrible historial de violencia doméstica.

Un año más tarde se produjeron cuatro atentados fatales en Reino Unido y los seis perpetradores resultaron haber abusado de mujeres o, en un caso, haber presenciado cómo su padre maltrataba a su madre y a su hermana. Hubo sorprendentes similitudes entre las historias de Darren Osborne, el extremista de derecha que atropelló con una furgoneta a los creyentes que salían de una mezquita en el norte de Londres, y Khalid Masood, el islamista que cometió un atentado en el puente de Westminster. Ambos hombres tenían antecedentes penales por delitos de violencia, y ambos habían maltratado a las mujeres.

Pensé que estos casos desafiaban el conocimiento convencional sobre el terrorismo, el cual sostiene que todo se relaciona con la ideología. Muchos atentados terroristas mortales parecían en realidad ser un aumento de la violencia que se había producido, a veces durante años, contra los miembros de la familia del perpetrador. Estaba convencida de que la policía y el MI5 debían cambiar su forma de evaluar el riesgo que suponían los sospechosos, considerando los antecedentes de violencia doméstica como una bandera roja muy importante.

Lee también: La violencia sexual a lo largo de un oleoducto sigue la ruta que marcan las advertencias de mujeres indígenas

Sin embargo, cuando se lo planteé a las autoridades, me topé con el escepticismo y la incredulidad. Así que decidí escribir un libro, utilizando fuentes publicadas para reconstruir un trágico catálogo de hombres que habían humillado, golpeado y agredido sexualmente a mujeres mucho antes de que se convirtieran en famosos terroristas. Se publicó en 2019 y esta vez las personalidades más importantes de la policía antiterrorista y el Ministerio del Interior escucharon.

Encargaron una investigación pionera utilizando datos de poco más de 3 mil referencias al programa Prevención en Inglaterra y Gales en el 2019: adultos y niños que habían provocado la preocupación de profesores, trabajadores sociales y familiares por una posible vulnerabilidad a la radicalización (V2R). Los resultados de lo que se llamó Proyecto Starlight aún no se han publicado, pero me han dado acceso a ellos… y son impresionantes.

Casi el 40% de los adultos referidos tenían un historial de violencia doméstica, ya fuera como perpetradores, testigos o víctimas, o una combinación de los tres. Es probable que se trate de una subestimación, dado que la violencia doméstica es uno de los delitos menos denunciados, pero proporciona por primera vez una idea sobre su prevalencia. La cifra comparable para los niños es del 30%, otra probable subestimación porque los menores de 16 años no fueron interrogados rutinariamente sobre el abuso doméstico en su hogar.

Entre la muestra se encontraron muchos más hombres que mujeres, y la investigación puso de manifiesto otra diferencia significativa entre los sexos: los hombres referidos eran más propensos a ser los perpetradores de la violencia doméstica, mientras que las mujeres tenían más probabilidades de ser víctimas. Pero lo que resulta realmente impactante es el alcance y la gravedad de la violencia descubierta en las historias familiares. “Los incidentes registrados iban desde niños que presenciaban violencia doméstica en sus hogares hasta personas condenadas por el intento de asesinato de su pareja“.

Lee también: Violencia doméstica y padres sin educación socioemocional afectan la educación en México

Como esperaba, el vínculo es visible en todas las ideologías, desde los islamistas y los extremistas de derecha hasta la quinta parte de la muestra en la que no se identificó ninguna ideología. Esto confirma mi teoría de que el terrorismo está relacionado con la violencia masculina tanto como con la ideología, lo que sugiere que los jóvenes enojados se sienten atraídos por las ideas extremistas que parecen “justificar” sus quejas. El camino de víctima a perpetrador no es inevitable, pero es bien conocido, y la investigación revela que casi el 16% de los adultos referidos por V2R habían sido víctimas de violencia doméstica, casi tres veces más que la cifra nacional estimada.

Tomemos como ejemplo el trágico caso de los hermanos Deghayes de Brighton. Tras soportar años de violencia a manos de su padre, Amer Deghayes, de 18 años, huyó a Siria, donde se unió a una organización terrorista, el Frente Al Nusra, en 2013. Dos hermanos menores lo siguieron y fueron asesinados a los pocos meses de su llegada. Otro hermano, que se había quedado en Brighton, fue condenado por delitos relacionados con las drogas y apuñalado hasta la muerte en 2019. El precio de la violencia en el hogar es inaceptablemente alto.

Otra razón por la que las organizaciones extremistas atraen a los hombres agraviados es, me temo, su misoginia. Cuando los investigadores del Proyecto Starlight buscaron una relación entre los referidos por V2R y los delitos de odio, no la encontraron, pero sí encontraron una con el odio a las mujeres. De hecho, los denominados incels, jóvenes resentidos que culpan a las mujeres de su incapacidad para conseguir sexo, han llevado a cabo ataques mortales en Estados Unidos y Canadá.

Un reciente y espantoso caso sugiere que los policías antiterroristas deben estar atentos a la posibilidad de que la misoginia extrema sea en sí misma una forma de radicalización. El mes pasado, un joven de 19 años fue condenado por los asesinatos de dos hermanas, Bibaa Henry y Nicole Smallman, en el norte de Londres. En su juicio, salió a la luz que Danyal Hussein había sido remitido a prevención en 2017 después de haber utilizado las computadoras de la escuela para acceder a material de la extrema derecha.

Lee también: Epidemia de violencia contra las mujeres en curso en Inglaterra y Gales, informe

Compareció ante el órgano estatutario que evalúa el riesgo que suponen los individuos, pero fue liberado unos meses después sin mayores preocupaciones relacionadas con el extremismo o el terrorismo. Sin embargo, Hussein redactó más tarde un “contrato” con un “demonio” en el que prometió matar a seis mujeres, y únicamente mujeres, en seis meses a cambio de ganar la lotería. Se negó a darles a los detectives sus contraseñas, por lo que es imposible confirmar la sospecha de que pudo haber accedido a sitios incel en el internet. Pero en una nota que hace eco de su obsesión incel con el no sentirse suficientemente atractivo para las mujeres, se comprometió a “ofrecer algo de sangre” a cambio de que una chica se enamorara de él.

Todo esto exige una revolución en la forma en que concebimos el terrorismo, la violencia doméstica y la misoginia. El informe del Proyecto Starlight incluye, acertadamente, una serie de recomendaciones, en las que se pide una mayor concienciación sobre el vínculo entre el extremismo violento y los antecedentes de violencia doméstica. “Todos los policías encargados de la lucha antiterrorista deberían considerar la posibilidad de comprobar los posibles vínculos relacionados con un incidente de violencia doméstica“, dice el informe.

Pero puede que esto no sea sencillo cuando son tan pocos los incidentes que terminan en condenas. Un informe reciente reveló que tres cuartas partes de los casos de violencia doméstica denunciados a la policía en Inglaterra se cerraron sin que el perpetrador fuera acusado. Algunas organizaciones han aportado innovaciones que son bien recibidas: Croydon, en el sur de Londres, por ejemplo, cuenta con un trabajador social especializado que participa en los paneles, lo que ha conllevado a que se descubra la violencia doméstica que no se había detectado anteriormente en el historial de referencias por V2R.

No se puede seguir tolerando la condición de cenicienta de los delitos contra las mujeres. La conexión entre la violencia privada y la pública ahora es muy clara, y el precio de seguir ignorándola es demasiado alto.